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El Premio Nacional de Literatura 2018 le fue entregado ayer a Mirta Yáñez. Foto: Juvenal Balán

¿Es solo la admiración por el arte de escribir lo que nos trae aquí hoy?, preguntó a la concurrida sala Nicolás Guillén de la Cabaña la editora y escritora Olga Marta Pérez, a cargo de las palabras de elogio pronunciadas en favor de Mirta Yáñez, a quien se le entregó ayer el Premio Nacional de Literatura 2018.

La respuesta la ofreció un público integrado por personalidades del mundo de la cultura, admiradores, vecinos, colegas y amigos de toda la vida de la agasajada, quienes aplaudieron cada uno de los momentos más emotivos de la ceremonia ofrecida en honor de la especial ocasión.

Mirta Yáñez recibió como obsequio de manos Alpidio Alonso, ministro de Cultura, y Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro, una obra del artista de la plástica José Luis Fariñas. En la mesa la acompañaban además Nereida López Labrada, secretaria general del sindicato de los trabajadores de la cultura, y Nancy Morejón, presidenta del jurado que avaló el premio.

Olga Marta Pérez, en apretado resumen, destacó los méritos de Yáñez, doctora en ciencias literarias y Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua, para quien «la escritura ha sido más que una vocación, (…) una manera de vivir, un elemento esencial de su humanidad» y además «la vía para sus explosiones de rebeldía y para revelar a los otros su personal y única percepción de la realidad».

De la autora, recordó Olga Marta que ha sido distinguida en cinco ocasiones con el Premio de la Crítica y apuntó que su obra tiene «una trascendencia alcanzada por su profunda cubanidad, hallada en el manejo del lenguaje, en el humor fino y cáustico y en el diseño y conflictos de sus personajes», por solo citar algunos elementos.

«Recibir el Premio Nacional de Literatura me ha redondeado los afanes de mi vida literaria. No solo lo agradezco enormemente, sino que estoy conmovida por tantas muestras de afecto», expresó Yáñez en su discurso de recepción del premio, y aprovechó la oportunidad para rendir sincero homenaje a aquellos ganadores anteriores de la distinción, convencida de que el ser merecedora del Premio que ellos ostentan «prestigia aún más mi propia condición de premiada y el honor de compartir ese pase de lista».

Entre las otras alusiones hechas por la escritora, en torno a su rumbo definitivo hacia la literatura, a sus maestros memorables, y los escritores insignes que la marcaron, la Yáñez refirió su eterno amor por La Habana, a cuyo próximo aniversario dedicó parte de las emociones vividas ayer en la Cabaña.

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