ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El guitarrista Héctor Quintana y el violinista William Roblejo, en la vanguardia de la nueva hornada del jazz cubano. Foto: Jorge Villa

Algo nuevo y grande sucede con el jazz cubano. A punto de concluir la segunda década de este siglo, la renovación del plantel es un hecho cierto. No hablamos de promesas, sino de realidades. Desde el primer día Jazz Plaza 2019 muestra tales conquistas.

Así sucedió con el trío encabezado por Gastón Joya en la jornada inicial en la sala Covarrubias. El contrabajista de Guanabacoa despliega un vasto espectro interpretativo técnica, intelectual y emocionalmente, que lo sitúa entre los más calificados músicos de su generación. Digo músico, porque Gastón va mucho más allá del territorio del jazz en su desempeño, aunque parta de los presupuestos del género. Su disco Mama Ina, ganador de uno de los Premios Cubadisco 2018, está llamado a ser un referente. Entre los que lo acompañaron en el estudio de grabación figuraban dos jóvenes a los que fichó para el trío que estrenó en Jazz Plaza: el pianista Adrián Esteves y el baterista Marcos Morales.

En esa misma fecha se presentó la Joven Jazz Band creada hace diez años y dirigida por el maestro Joaquín Betancourt, que funciona en la práctica como una academia. Dos premisas se cumplen en esa agrupación: el aprendizaje de la responsabilidad de tocar en un conjunto y la actualización de un formato de larga tradición  no solo en la cuna del jazz, sino entre nosotros.

Recuérdese el legado de Armando Romeu, Bebo Valdés, Leonardo Timor, Armando Oréfiche. (Por cierto, Bobby Carcassés, con el trío de Joya, imantó al auditorio con un Mesié Julián que honró la memoria de Bola de Nieve y a Oréfiche, el autor de la pieza).

Son muchos los que han pasado por los atriles de Joaquín y luego han desarrollado carreras en solitario. Invitados por el maestro estuvieron tres músicos que han confirmado su talento en los últimos años: el guitarrista Héctor Quintana, el violinista William Roblejo y el saxofonista Román Filiú.

Egresado de los conservatorios Manuel Saumell y Amadeo Roldán, Quintana ha ido buscando sus propios acentos en la guitarra, y en esa indagación mucho tuvo que ver su paso por la Joven Jazz Band. Una prueba de ello se tiene en el álbum Dactilar, en el que reunió 11 piezas y contó con dos excelentes pianistas que también representan los aires actuales de la música cubana, sea jazz, canción o creación concertante: Jorge Aragón y Alejandro Falcón.

Roblejo nos recuerda que una vez el jazz cubano tuvo en un violinista a uno de sus cultores más atrevidos: Sopilón. William heredó ese linaje y es hoy por hoy uno de los más imaginativos improvisadores en el género. Basta oír cualquiera de los cortes del álbum Dreaming para convencerse de ello.

Con más veteranía que los antes mencionados, Filiú ganó plena y estable categoría durante el plazo de cerca de tres lustros en que ha llevado a cabo unacarrera internacional fuera de Cuba, pero siempre con la Isla a cuestas en su modo de hacer y sentir. Detrás suyo están los trabajos que realizó con Chucho Valdés en Irakere y  uno de los cuartetos  formados por el gran pianista y compositor. Por delante su labor con el Ensemble Double Up de Henry Threadgill, su liderazgo al frente del grupo Quartería, y la dirección musical de la banda de David Murray.

Filiú también ha colaborado con Dafnis Prieto, percusionista cubano con una  notable pegada en la escena norteamericana. Él se encuentra en La Habana entregándose y gozando el Jazz Plaza 2019 con su big band, en momentos en que espera con ansiedad el resultado de la sexagésimo primera edición de los Grammy, donde el disco Back to the Sunset se halla nominado en la categoría Mejor Álbum de Jazz Latino.

Gastón Joya cautivó al auditorio en la sala Covarrubias. Foto: Jorge Villa


Otro que se ha hecho notar en los muy competitivos circuitos estadounidenses es el saxofonista Yosvany Terry, quien nos representó el año pasado en el festival de arte cubano organizado por el Kennedy Center, de Washington.

Terry viajó a este Jazz Plaza con el pianista francés Baptiste Trotignon. Ambos deben reeditar este viernes a las 9:00 p.m. en el teatro Mella los temas que incluyeron hace dos años en el álbum Ancestral memories. De esa experiencia, la crítica  dijo que tanto los pasajes escritos como los improvisados revelan un infinito universo de posibilidades  registradas con intuición e inteligencia.

Entre los jóvenes jazzistas emergentes que apuntan y dan en la diana, no puede dejar de anotarse el nombre de Albertico Lescay,  mutinstrumentista que por estos días anima la sede santiaguera de Jazz Plaza. Meses atrás, cuando presentó el disco Escape impactó al público por las atmósferas que logra sin alarde alguno, como quien privilegia el hallazgo de imágenes por encima del virtuosismo.

Él se identifica con la corriente llamada nu jazz, aunque insista en ponerle apellido a su estilo, es decir, afro nu jazz. Según el crítico Tony Brewer, esta denominación «es al jazz tradicional lo que el punk o el grunge al rock; la instrumentación va desde lo tradicional a lo experimental, pero las melodías son frescas y los ritmos nuevos y vivos, lo cual hace que el jazz sea nuevamente divertido».

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