ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
En el homenaje que el Festival dedica a Tomás Gutiérrez Alea (La Habana 1928-1996) se exhibirán sus célebres cintas Memorias del subdesarrollo, Una pelea cubana contra los demonios y Fresa y chocolate. Foto: Tomada de Internet

1993. Titón. Ext.Día. Terraza de la casa. Sillón de mimbre.  Iván (Nápoles) me ha dado un pequeño dispositivo para que yo arranque o pare la cámara, él estará todo el tiempo mirando por el visor de la bl 35 durante los diez minutos que dura cada rollo, entonces hay que esperar. Sabemos que es importante y difícil lograr y mantener un clima de tranquilidad y confianza sin que Titón se dé cuenta (si eso era posible) cuándo lo filmaba y cuándo no. Esta era la secuencia más comprometida: «toma única». Antes habíamos registrado casi todo el rodaje de Fresa y chocolate, Titón luchaba contra un destino-desenlace cercano. Juan Carlos Tabío lo acompaña y dirige muchos días de rodaje. Veinticinco años después vuelvo a la transcripción de la entrevista y no a la imagen. Selecciono y monto algunos tramos sincrónicos y en off de lo grabado con la conciencia de que hago un nuevo documental. Cambio el eje central, ahora no es la película que se rueda en Centro Habana. En este acercamiento es solo Tomás Gutiérrez Alea. Cuento con lo que la distancia y el tiempo me ha dejado y, además, puedo imaginar que este Epílogo con Alfredo Guevara –que anticipa, anuncia el futuro que vivimos después con el filme– cierra aquel proyecto que llamé Silencio… se filma Fresa y chocolate.
–El arte es ¿disfrute, polémica, necesidad?
–Creo que el ejercicio del arte en esta sociedad, como en cualquiera, llena una necesidad del hombre de darse gusto, de disfrutar de la vida. El arte no es más que eso: una manera de tratar de disfrutar la vida, de comprenderla mejor, tratando de sacar lo más positivo. Creo que hasta ahí vale la respuesta. Ahora en una sociedad como la nuestra, que está atravesando un periodo muy crítico, de transformación violenta, el arte –como todas las cosas– sufre esa situación y tiene que hacerse eco de alguna manera de esa situación.
«El cine no puede evitar nutrirse directamente de aspectos de la realidad y conformar con ellos una obra, que por fuerza tiene que tener una significación y una incidencia en la realidad misma.
«La única manera de desarrollarse o que se desarrolle una sociedad es teniendo conciencia crítica de sus problemas para tratar de superarlos. Cuando se cae en una especie de juego de tratar de ocultar los aspectos negativos, los aspectos no bellos, menos bellos, los aspectos feos de la sociedad y tratar de ocultarlos, entonces se perpetúan. Y eso es lo peor que nos podría pasar».
–La crítica y la ausencia de crítica… ¿Cómo repercuten en ti y en el cineasta?
–Creo que cuando uno adopta esta actitud y uno está consciente de la necesidad de la crítica, a su vez tiene que estar consciente de que a veces es objeto o puede ser criticado. Yo critico pero sé, debo  saber,  que también voy a recibir  una respuesta. Hay un enfrentamiento, una lucha o un diálogo en el mejor de los casos y eso es lo más sano que puede ocurrir. No ha sido fácil, porque creo que no mucha gente lo comprende así, se atrinchera, se cierra, gente que utiliza el poder para tratar de cortar el ejercicio de la crítica y entonces es una lucha que no es fácil.
–A lo largo de tu carrera has vivido momentos muy polémicos con tu obra y también defendiendo la de otros cineastas.
–Cuando ejercemos la crítica mucha gente salta y dice: sí, pero si tú criticas nuestra realidad le estás dando armas al enemigo, yo francamente no creo en eso, creo que hay muchas maneras de hacer críticas. Cuando nosotros criticamos nuestra realidad la criticamos justamente para todo lo contrario…
«Siempre te asocian con posturas críticas… Siempre he tenido una actitud crítica. La he mantenido. Creo que es lo más productivo que he podido hacer en mi vida (…). Alguien me dijo (y estoy plenamente de acuerdo) que el guion del socialismo era excelente, pero que la puesta en escena dejaba mucho que desear y, por lo tanto, debe ser objeto de crítica. Es la mejor manera de contribuir a su mejoramiento».
–De Memorias del subdesarrollo a Fresa y chocolate… ¿Cómo ves la Revolución Cubana?
–Lo primero, yo no tengo nada que ver con (el personaje de) Sergio… hay una diferencia esencial: Sergio es un espectador pasivo de la realidad, yo no. He participado siempre, desde antes de la Revolución, y a lo largo de estos años he participado activamente. Ha sido para mí un privilegio extraordinario haber vivido toda esta etapa de la historia de mi país, que ha sido  dura, pero al mismo tiempo ha servido para rescatar la dignidad del ser humano, lo cual te llena de alegría.
Durante los años 60 y algo  más, Cuba se convirtió en una especie de inspiración para muchos pueblos de América Latina… del Tercer Mundo, incluso para minorías discriminadas dentro de los propios Estados Unidos, y eso nos llenaba de orgullo porque pensaba en aquel momento y lo sigo pensando ahora, que la Revolución demostró que éramos capaces, que podíamos prosperar y desarrollarnos sin necesidad de depender o estar sometidos a otro país, es decir, que podíamos alcanzar una relativa independencia económica.
«Como dice Sergio al final de Memorias… cuando está frente a la posibilidad de un final apocalíptico durante la Crisis de Octubre: “Es una dignidad muy cara”. Yo pienso que sí, que es una dignidad muy cara, que hay que pagar un alto precio, pero lo importante es que estábamos dispuestos a pagarlo y estamos dispuestos a pagarlo en la medida de que hay una posibilidad de alcanzar esa independencia y esa dignidad, dignamente. Ese era nuestro sentir hace 25 años cuando hicimos Memorias… y sigue siendo ahora, pero han cambiado muchas cosas.  Se impone el cese del bloqueo de Estados Unidos hacia Cuba, que es una agresión inhumana. Estoy seguro de que una vez eliminado el bloqueo, todo sería, no más fácil, pero implicaría otros cambios dentro del país. Esta es la diferencia que hay entre aquel momento y este».
–¿Cómo será esta película?
–La primera palabra que me viene a la mente es que debe ser una película conmovedora, que a través del sentimiento, de la emoción, toque determinados problemas y a partir de ahí incentivar y estimular una reflexión en el espectador sobre los problemas que afrontan los personajes.
Epílogo. (Voz en off  de Alfredo Guevara que lee).
La Habana, 10 de enero de 1994 Comandante Raúl Castro
Querido Raúl:
Te hago llegar con cierto retraso y gran interés en que leas los párrafos de la carta que le envié a Fidel el 23 de noviembre, a siete días de la inauguración del xv Festival. En ellos resumía la estrategia que me proponía seguir para el estreno y lanzamiento del filme Fresa y chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea, inspirado en el cuento de Senel Paz.
«Para la inauguración tengo previsto el estreno mundial del filme Fresa y chocolate (…) magníficamente realizado, una joya, y afirmo sin ninguna duda sin haber visto la versión final (…). Me explico. Soy un profesional y un técnico, no solo el dirigente del Icaic; vi el filme en corte sin música y sin algunos de los sonidos ambiente, corrección de luces, etc. Pero vi ya la armazón fundamental del filme y pude de este modo aprobarlo y seleccionarlo. No hay problemas políticos, o mejor, se abordan temas políticos a granel, pero se resuelven en la conducta, las palabras, las acciones y la evolución de los protagonistas. (…) Por eso te aseguro que es una joya y algo más que no es una frase publicitaria; Fidel, con este filme asumido, y sin nada que decir, cerramos internacionalmente ese horrible momento que algunos llaman capítulo y que prefiero llamar «inciso», que fue la umap.
Es un tema árido pero abordado como había que abordarlo y tga lo logró. Tal vez sea el legado de alguien que siempre fue uno de los nuestros, pero que no siempre supo comprender o ver lejos; y que, pese a todo, y esa es la grandeza de la Revolución, se revela impregnado de sus verdades hasta el tuétano. Esa es también su grandeza porque como Midas, cuando la Revolución toca un alma, esta ya no será nunca la misma, un cierto resplandor áureo las hace distinta».

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