ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Obra: Tormenta de lava violeta. Foto: YURIS NÓRIDO

Hombres y mujeres tocados por el don artístico encuentran en el baúl de la historia vivida, esos sedimentos que visten de formas, colores, materiales diversos, surgidos de las propias entrañas del planeta que nos cobija, elementos para crear y al mismo tiempo recordar y re-descubrir las huellas dejadas por los seres humanos en el camino, en un lugar determinado por fronteras humanas: las tradiciones.

Adrián Pellegrini del Riego extrae esa memoria fragmentada haciendo arqueología pictórica, mental, histórica, en una civilización cercana y rica en imágenes, para renacerla en su pintura. Bajo el sugestivo título de Leyendas del quinto sol, la exposición –abierta en la galería Palacio de Lombillo (Plaza de la Catedral, La Habana Vieja)-, es una suerte de plataforma donde el joven artista realiza un viaje pictórico por la civilización tolteca, particularmente en las tradiciones mesoamericanas en el centro de México, la ciudad sagrada de Teotihuacán. De ellas escogió la leyenda, según la cual, ya han pasado cuatro soles (eras), y vivimos en la quinta, esa que toma al viento en movimiento: Nahui-Ollin. Los fantásticos códices, descritos cual sabias pitonisas «dibujan» todo lo que está sucediendo en el mundo hoy: tormentas, inundaciones por lluvias torrenciales, terremotos (el cambio climático, en resumen). Y aunque se habla de un final catastrófico, el creador es optimista en su pintura, pues si se interpretan correctamente esos escritos lo que anuncian es un renacimiento de la vida, al decir de su autor.

Entre las trece piezas expuestas (óleos/tela/madera) sobresale Después del quinto sol, que habla, específicamente de una era que comienza… Con originalidad, retrotrae el tema bajo el prisma de su ángulo creativo, que enfoca el expresionismo abstracto con tintes del realismo mágico, y esos elementos del incesante contrapunteo musical que permea siempre sus creaciones en el tiempo. Juega en sus pinturas con nuevas técnicas para acercarse a aquellas culturas. Para hacerlas más táctiles, volumétricas –con más vida- mezcla la cera de abeja y el pan de oro, en la madera de la superficie, dando como resultado unas esculto-pinturas, con muchas texturas, que constituyen reflejos de esas culturas, y regresa a las raíces nuestras, como latinoamericanos en plural.

Autodidacta en estos terrenos del arte, donde ha dejado sus huellas en disímiles exposiciones, y museos en Cuba y otras ciudades del mundo, poeta, ilustrador, y actor de varios proyectos cinematográficos, conoció un día esta cultura, y quedó enamorado a primera vista con la magnificencia de esas imágenes. Comenzó entonces a investigar profundamente sus leyendas que ahora, transformadas en obras de arte, le sirven para desatar la imaginación. Por el místico recorrido aparecen  Lluvia de lava violeta, Guardián del viento, Inundación azul, Nieve sobre el Trópico (caerá nieve en los lugares más insospechados); Palmeras de cenizas, Flor de fuego, y Sol de piedra. Haciendo un bojeo por entre los cuadros de esta pintura figurativa renovadora, en que la línea, la experimentación de texturas y los contrastes enriquecen el detalle, y lo proyectan en función de la eficacia del conjunto, aparece un elemento central que singulariza a estas obras que denotan un espíritu antepasado, una cierta seducción surrealista y el latido de lo real maravilloso nuestro. Y ese elemento es la luz, una luminosidad que no interesa como figuras, acción o paisaje para enaltecer como belleza; sino que llega como patrimonio del artista y su cubanía, que sale a flote por los poros de sus creaciones, en forma de arte que nos transporta en el tiempo.

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