ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El club del danzón que conforman los niños del círculo infantil Botoncitos de Rosa despierta admiración. Foto: Leidys María Labrador Herrera

La cultura, más allá de definiciones antropológicas, es la sedimentación de las más puras esencias de los pueblos. Descansa en ella todo el acervo de la creación, la ideología y los procesos que consolidan, en última instancia, la completa conceptualización de nacionalidad.

Este principio ha tenido siempre para los cubanos un significado que traspasa las fronteras de la transmisión generacional, para adentrarse en el entramado de un sentido de pertenencia innegable  de este pueblo con todo aquello que lo identifica y define.

Sin embargo, no existe la inmunidad ante la guerra cultural que implica, lógicamente, la pérdida de los valores inmateriales de la cubanía. Por ello, la defensa de nuestras raíces no puede quedarse jamás en un segundo plano y para eso resulta imprescindible la aplicación consciente y ordenada de la política cultural, como garantía de salvaguarda y difusión de esas tradiciones más autóctonas.

Interesantes debates acerca de este particular se han suscitado en el ámbito académico y social. Granma se acerca a uno de ellos, la supervivencia de nuestro baile nacional, si es que aún el Danzón puede ser llamado así. Aunque no faltan los esfuerzos a lo largo y ancho del país para devolverle ese lugar, la situación actual del género demuestra que lo más importante no es que existan las voluntades, sino que seamos capaces de unirlas.

Desde la cuna…

Fue en 1979, justo a los cien años de haberse escuchado por primera vez el género musical, cuando ocurrió en territorio matancero la gran tentativa por resucitar el danzón, ya en desventaja en el gusto popular con respecto a otros ritmos, algunos quizá efímeros, pero más seductores a los ojos y oídos de la juventud.

A la distancia de un siglo de Las Alturas de Simpson, el primer danzón tocado en el entonces Liceo de la ciudad, el denominado baile nacional creado por Miguel Faílde era apenas cosa de abuelos.

En homenaje a la fecha, y sobre todo con la aspiración de reavivar el género en el ámbito juvenil, se organizó un gran bailable en el parque René Fraga, en la ciudad de Matanzas, iniciativa en la cual tuvieron protagonismo los creadores José Loyola e Ildefonso Acosta, y que según María Victoria Oliver, investigadora y profesora de la Escuela Profesional de Música, fue la génesis de los eventos Cuba Danzón, un movimiento que no tardó en apostar por cambiar de aires y encontrar, sin estropear la esencia del género, un lenguaje más contemporáneo.

Transcurrido el tiempo, recuerda la investigadora, empiezan a aflorar, en los espacios teóricos del festival, propuestas para favorecer de nuevo la popularidad perdida del danzón. Se fija, en primer lugar, la necesidad de una mayor difusión de este ritmo y la importancia de recontextualizarlo para ganar seguidores entre los más jóvenes.

«Creo que existe un camino, una estrategia, al menos aquí en la provincia, para salvar este acontecimiento mayor de nuestra cultura musical, pero lo más cardinal es mantener lo conseguido», acentúa la profesora María Victoria.

Similar opinión sostiene María Belén Hidalgo Blanco, presidenta provincial del Círculo Amigos del Danzón. Asegura que en Matanzas hay 20 clubes, con presencia en casi todos los municipios, donde se baila algunos fines de semana. Hay muchas personas entusiastas y existen plazas importantes, significa tras añadir que también existen clubes juveniles y de niños en territorios como Colón, Cárdenas y Matanzas.

Manatí, querido Manatí…

Así cantaba Barbarito Diez, la voz de oro del danzón quien, aunque vio la luz en la Atenas de Cuba, vivió gran parte de su vida en el norteño municipio de Las Tunas, con el que le unieron lazos de afecto,  imborrables aun a más de 20 años de su muerte.

En su honor, y con el fin de revitalizar la existencia del género que defendió toda su vida, se organiza desde 1996 el Festival Barbarito Diez. El evento se compone de un baile de honor, actividades dirigidas a la vida y obra del cantautor, un encuentro teórico y presentaciones de talento aficionado y profesional.  Si bien en sus inicios fue conformado solo con el talento y esfuerzo locales, con el paso de los años, creció el apoyo de la Uneac, el Centro Provincial de la Música y de Pablo Diez, hijo de Barbarito, y quien hasta hoy mantiene su orquesta.

Julio Peña Ferrales, director municipal de Cultura, explicó a Granma que «desde el punto de vista social el evento ha tenido una gran acogida dentro del pueblo, por varias razones. Entre ellas, la tradición danzonera de Manatí. Eso hace que cuando la fecha se acerca, de inmediato la gente comience a preguntar por el evento. Se convierte en toda una fiesta».

«Hemos tratado también de que el festival sea el momento culminante de un trabajo sistemático, que durante todo el año este género músico-danzario se mantenga en la programación cultural de la localidad. Yo creo que es el sentimiento de defender algo que sentimos que nos pertenece».

Para Julia Amalia Griffth Bennet, el danzón es una motivación a la que ha dedicado gran parte de su vida. Desde niña veía bailar a su madre en el club Jamaica, pero fue un encuentro inolvidable lo que la ligó para siempre a ese baile.

«Fue una de las últimas veces que Barbarito vino a Manatí. Ya él estaba enfermo en una silla de ruedas, con una pierna amputada y nos confesó, a un grupo de jóvenes que compartíamos con él,  que le dolía el hecho de que en otros lugares del mundo donde él había cantado hubiera una gran cultura de danzón y que aquí en Cuba no sucediera lo mismo, fundamentalmente con los niños y los jóvenes. Eso me llegó tan profundo que yo le dije: no se preocupe, Barbarito, yo soy instructora de arte, y le prometo que me voy a dedicar por entero para que nuestros niños conozcan el danzón, lo bailen y lo amen».

«Rápidamente fui al círculo infantil, al seminternado, y comencé a preparar un grupo de niños, pero cuando finalmente los tuve listos, ya Barbarito había muerto. Él no pudo verlos, pero su primer baile fue el baile de honor que se hiciera un año después de su muerte, en el festival que se convertiría en homenaje a su obra y al género que cultivó. Nosotros hemos seguido trabajando muy fuerte, porque creemos que no debe morir este empeño».

«La Tuto», como todos conocen a esta incansable mujer, ha visto pasar por sus manos generaciones de danzoneros, muchos de ellos salidos del círculo infantil Botoncitos de Rosa, donde otra entusiasta, la educadora Ana María Ricardo Carmenate, mantiene un singular club infantil.

«Surge la idea porque mi niña, que hoy tiene 18 años, comenzó a bailar danzón desde los cuatro, y eso me motivó porque si mi hija pudo hacerlo desde que era tan pequeña, por qué no podían los pequeños que tenemos aquí en el círculo infantil. Además, nuestro municipio tiene una gran tradición de danzón. Por otra parte, el aprendizaje de este baile les da mucha disciplina, contribuye a su desarrollo físico motor. Te puedo decir que cada año participamos en el baile de honor que se realiza en el Festival Barbarito Diez, y las personas disfrutan mucho ver a los niños bailar».

Sin embargo, la realidad tras estos esfuerzos muchas veces no es tan hermosa como el resultado final.

Hacer danzón con el alma

Acierto Juvenil es una de las agrupaciones danzoneras que, desde Matanzas, aún apuesta por el género en su estado más puro, sin embargo, no han sido pocos sus tragos amargos a lo largo del camino, como asegura uno de sus integrantes, Orestes Alfonso Crespo: «El problema mayor es que con frecuencia falla el transporte encargado de trasladar a los músicos. Este año nosotros hemos tenido que suspender ocho programas por ese motivo». Comentó además que el apoyo a la orquesta es casi nulo, pues carecen de vestuario y no tienen cómo reponer los equipos rotos. «Estamos trabajando con instrumentos a «media caña».

Los tropiezos inexplicables como estos, que desmotivan a muchos de los cultores del género, aparecen lamentablemente en cualquier región del país y el Balcón del Oriente no escapa a esa realidad, como afirma Julia Amalia: «A veces duele que cosas tan superficiales como el pago de una cotización, provoque desunión entre los que pertenecemos al movimiento danzonero. Creo también que no existe suficiente difusión del género, y vías para lograr eso hay miles, solo falta la iniciativa».

Para el Director Municipal de Cultura en Manatí, el festival Barbarito Diez pudiera tener un alcance nacional, incluso internacional. «También necesitamos más apoyo, sobre todo logístico, porque lo hacemos con el presupuesto local y temas como el hospedaje, el transporte y la atención a los artistas se dificultan sobremanera. Sinceramente necesitamos que algunos ojos miren hacia acá, porque estamos haciendo un esfuerzo muy grande».

Internacionalizar el Barbarito Diez es una opinión que comparte el investigador, escritor y presidente de la Uneac en Las Tunas, Carlos Tamayo Rodríguez, quien ha dedicado al danzón parte de su obra.

«Considero que la provincia de Las Tunas todavía tiene mucho que hacer por la figura de Barbarito Diez y por el danzón. En este momento se cuestiona que el danzón sea nuestro baile nacional, todos los libros dicen que sí, pasó la prueba del tiempo y está en nuestra identidad patrimonial. Por lo tanto, no se puede dejar al abandono algo que es entrañable para la nación cubana».

«Cuando uno va, digamos a México, y se da cuenta de que existen academias donde la gente paga para aprender a bailar danzón, que las bandas de conciertos dan retretas de danzón y que se disputan al danzón como su baile nacional, uno puede creer que el danzón en Cuba ha muerto. Sin embargo, aunque en su propia época de auge otros géneros como el Mambo o el chachachá, lo fueron desplazando, ninguno de esos géneros ha sido declarado patrimonio de la nación cubana y el danzón sí».

En la juventud, ¿está el futuro del danzón?

Aunque existe la estereotipada opinión de que los jóvenes no se identifican con lo más tradicional de nuestra cultura y carecen de la sensibilidad para apreciarlo, en el caso del danzón sería imperdonable generalizar de esa manera.

Si bien es cierto que la difusión indiscriminada de música popular bailable o de géneros foráneos ha inundado los oídos juveniles, también lo es el hecho de que entre quienes apuestan con fuerza por mantener vivo ese género hay una importante representación de las nuevas generaciones.

Aunque el apellido Failde al final de su nombre declara la relación de Ethiel Fernández con Miguel Failde, el creador del danzón, no han sido los lazos familiares su única motivación para defender este género. Fundar una orquesta destinada a la difusión de ese ritmo pasa también por un alto sentido de pertenencia con la cultura de la que es heredero. El haber emprendido ese camino le permite hablar con propiedad acerca de lo que sucede con el danzón en Cuba hoy.

«Existen proyectos liderados por instructores de arte y promotores comunitarios, pero aún son muy aislados. Eventos históricos como el Cuba Danzón (el decano de los de su tipo en el país) han perdido fuerza y en la propia ciudad (Matanzas), salvo el Palacio del Danzón, son pocos los lugares para bailar todas las semanas». «En torno a la orquesta Failde se han generado iniciativas como el Encuentro Internacional Danzonero.

También en los últimos meses hemos venido consolidando una peña en el Patio de la ahs, es la única presencia regular de la orquesta en la ciudad en un espacio realmente accesible para todos desde el punto de vista económico, pues debe saberse que la orquesta Failde no es programada de forma estable en nuestro municipio desde hace cinco años, por negligencia institucional».

«He dicho muchas veces que no debemos aspirar a que el danzón y sus géneros derivados estén en las listas de éxito de la radio y la televisión, de lo que se trata es de promoverlo, asegurar su presencia en el panorama sonoro de la Cuba de hoy, que jóvenes y ancianos lo conozcan y sientan orgullo de lo que significa. La televisión desempeña un papel fundamental, lo visual en general. El programa Danzón, que salió durante la temporada veraniega en el canal Clave, se ha convertido en el primer espacio en televisión nacional dedicado a este género en los últimos años, y ese es un mérito que aplaudo, pero la pobreza de su factura y guion, más que orgullo y alegría debió traer desilusión a los amantes del género», señala Ethiel Fernández.

«Falta mucho por lograr, sostener una orquesta de jóvenes no es nada fácil, cualquier músico de Matanzas puede hacer más dinero tocando en un hotel en Varadero, pero los que están en La Faílde saben que al dignificar nuestra música, se dignifican a sí mismos y están forjando una carrera».

El esfuerzo que implica llevar adelante una danzonera lo conoce muy bien la tunera Ana Irma Pérez Perelló, directora de Cubaclamé, una orquesta que también va por el camino de este género desde miradas juveniles.

«Apostamos por el danzón porque, como egresados de la educación artística, nos percatamos de que en esa formación se trabaja la música concertante de otras regiones del mundo, pero no se detienen a enseñarnos a interpretar estos géneros. Entonces quisimos hacer esta apuesta por nuestro baile nacional».

«Yo creo que no se hace todo lo que se puede. Nosotros formamos parte también de la ahs y con el apoyo de la organización hemos tratado de proponer otras iniciativas, de hacer cosas novedosas y no hemos tenido el apoyo de las instituciones que pueden contribuir a esos empeños. Se pasa mucho trabajo y no es que no haya apoyo, es que no sale de manera espontánea, hay que ir a tocar puertas cuando estas debieran abrirse solas».

El joven manatiense Alberto Enrique Hernández Griffth tiene una hermosa historia ligada al danzón y muy particulares opiniones acerca de por qué sus coetáneos no se sienten atraídos por este baile patrimonial.

«Yo creo que damos por sentado que a los jóvenes no les gusta algo, pero cómo es posible afirmar eso si no lo conocen, no se les divulga. Yo no amo al danzón porque nací en aquella época, yo soy joven también y lo amo porque lo aprendí desde niño, porque crecí bailándolo y escuchándolo. Pero también pasa otra cosa, muchos de esos jóvenes que empezaron conmigo a bailar siendo niños hoy se han distanciado de este arte, y creo que es también porque no dedicamos al danzón todos los espacios que pudiéramos».

La historia puede cambiar

Mirar con pesimismo el futuro del danzón en Cuba, hacernos a la idea de que ya perdió su categoría de baile nacional y cruzar los brazos ante esa hipótesis sería rendirnos en la batalla por la preservación de nuestra identidad cultural, pues tras el danzón podrían sucumbir el resto de los géneros que hacen tangible la riqueza musical de la que nos preciamos.

Quizá este sea un buen momento para repensar una política que permita devolverle su lugar en el gusto popular, de manera creativa e inteligente, sin atiborrar o difundir por mero compromiso. Se trata de recontextualizarlo, para que el danzón sea un género respetado en este siglo XXI, como lo fue más de cien años atrás.

La orquesta Failde ha representado un importante paso para la difusión del danzón. Foto: Tomada de Internet
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