ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

«Avanzar y crecer hacia la luz», con esa hermosa metáfora, comparaba la bailarina, coreógrafa y maestra norteamericana, Martha Graham –en su autobiografía–, un pequeño árbol, que florecía y buscaba el cielo frente a la puerta de su estudio, con el bailarín. Ambos, decía, «llevaban las cicatrices de su viaje».

La más reciente temporada estival de Acosta Danza, en el GTH Alicia Alonso, trajo a colación esta frase. Cuatro piezas, de diferentes estilos, coloreadas con distintos tonos coreográficos inundaron el paisaje del alma humana que refleja la esencia de la danza.

El estreno mundial del joven bailarín/coreógrafo Raúl Reinoso –que viene a «regar» con su talento una zona bastante árida, hoy, en el acontecer creativo nuestro–, atrapó al auditorio con sus «redes» artísticas, animadas con un pulso vital que permeó Satori de un hálito de magia singular, al contar, en danza, el eterno viaje espiritual por los adentros del ser humano… El título, tomado como préstamo de una palabra japonesa, que en el budismo zen se acerca al despertar del espíritu, habla del alma (del danzante y también del coreógrafo), amén de todo aquello que la anima interiormente: visiones, sonidos, imágenes que revolotean por su ser. Esas que dejó escapar en estos minutos que se transformaron, para todos, en una suerte de travesía cercana al sueño donde pudieron medir, cual termómetro, la presión anímica, sobre todo aquellos que supieron descifrarla.

Diez bailarines (hombres y mujeres  compartieron una gigante falda), protagonista de la historia que se transforma en sutil escenografía metamorfoseada, por el espacio, como ambiente, ¿cielo?, ¿tierra?, ¿mar?, ¿aire?…, dejándonos por momentos ver, solamente, las luces del alma y los sentimientos que brotan desde allí.

Excelente luminosidad –con los  diseños, o más bien, conceptos de iluminación, de Fabiana Piccioli– que enfocan lo interno y deambulan por la escena de la mano del movimiento en una carrera hacia el centro de nosotros mismos… La partitura musical de Pepe Gavilondo termina de matizar, positivamente, la pieza. Crea espacios, abre puertas a la imaginación/sentimientos con sus notas electrónicas y acústicas folclóricas,  que despiertan la espiritualidad, y da pie a una dramaturgia que avanza siempre y no decae en ningún momento. Reinoso, cual artífice del fuego, deja fluir conceptos, hilvanando aquí poéticas diferentes, donde se reúnen lo clásico y lo contemporáneo, que viste Acosta Danza desde sus inicios. En esta obra sigue los pasos de Anadromous y Nosotros, puertos que lo llevaron a Satori, donde vuelca su manera particular de enfrentar el movimiento, esbozando un saber plantear ideas, con la formulación de las dinámicas y los fraseos pertinentes. El resto son los excelentes bailarines de la agrupación, que poco a poco se van cohesionando como un todo, armando con sus cuerpos Satori, que deviene un gráfico anímico del alma.

OTROS PASOS

Delinearon la temporada de verano otras piezas ya conocidas de la agrupación: End of time, de Ben Stevenson. Este intenso pas de deux, estrenado en el Concurso Internacional de Tokio (1984), donde alcanzó la medalla de oro, por coreografía, habla de la vida y el optimismo, desde una dimensión apocalíptica. Atractivo/lírico trabajo donde desataron espontaneidad y poesía inusitada, con destreza y pasión en su interpretación Enrique Corrales y Deborah Sánchez. Se sumó Impronta, de la española María Rovira, un solo que conquista al auditorio con la fuerza de un baile, donde emergió de nuevo la precisa composición musical de Gavilondo, que convoca la exaltación de los sentidos y el cuerpo con sus gestos, y donde realizaron una destacada actuación, cada una en su día: Zeleidy Crespo y Gabriela Lugo. Mientras que el punto final lo aportó una pieza que recuerda la primera función de Acosta Danza, en La Habana (2016): De punta a cabo, esta vez una versión sobre la original de Alexis Fernández (Maca)  que resulta una fusión de música que va desde lo tradicional hasta lo actual (Kumar, Kike Wolf –a partir de La Bella Cubana, de White– y Omar Sosa), y de realidades que se mezclan en la cotidianeidad cubana. En esta ocasión se sumaron imágenes en video de X Alfonso, del malecón habanero, que enriquecen la puesta, aquí más cohesionada y sintetizada. Divertimento que resulta un espejo donde se reflejan los estilos y posibilidades expresivas que conforman la savia nutricia de Acosta Danza, como lo real maravilloso de esta tierra caribeña.

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