ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Internet

Carilda Oliver Labra es como su poesía, y no piense que se trata de una verdad de perogrullo. Esa mujer, voz fundamental de la literatura iberoamericana, se entrega en el diálogo con la pasión, el buen tono y la fina ironía que se descubren en sus versos. Cada palabra, cada giro, cada respuesta, están impregnados de una elegancia singular.

El personaje Carilda, en tête a tête, no defrauda -como algún que otro gran escritor- la imagen que cada cual se hace de ella a través de la lectura de su obra. En verdad, conocer a este mito de la lírica cubana no fue exactamente «un encuentro casual». El honor y la alegría de compartir con ella se lo debo a un amigo y colega, colaborador habitual por demás de este semanario, Fernando Rodríguez Sosa, quien tuvo la gentileza de invitarme a celebrar el segundo aniversario del espacio cultural, que bajo el nombre nunca mejor puesto de Invitación entre Puentes, alienta cada mes en la ciudad de Carilda, es decir, en Matanzas.

El programa de la Gala incluía para esa noche una «invitación al diálogo» entre todos los contertulios -y son realmente numerosos, pues el espacio en el Palacio de Junco concita la atención- con Carilda Oliver Labra y otra poetisa matancera, Digdora Alonso.

Desde su llegada fue literalmente -una tormenta había dejado a oscuras barrios de la ciudad- la luz. Carilda avanzaba lenta y sonrientemente entre los amantes de la buena literatura, el teatro, la música y la conversación. Ella es la amiga de todos, de aquellos que la conocen personalmente o a través de su amplia y divulgada obra. Decir Calzada de Tirry 81 -su dirección y título de uno de sus libros- es un ábrete sésamo en Matanzas.

En su Ultima elegía escribe: Yo podría decir que estoy de primavera/bajo un aire oloroso a luz definitiva.../y ser de flor, de lluvia, de mariposa buena,/semejante a este cielo cuidado por la brisa...  El diálogo con todos fue amenamente guiado por Rodríguez Sosa, quien, se aprecia, tiene una estrecha comunicación con Carilda. Ella le agradeció que «la tertulia se mantenga fiel a sí misma», que haya «mantenido las perspectivas que imaginábamos» -fue su primera invitada en la noche de inauguración- y consideró no sólo que «ha tenido momentos brillantes», sino que era «importante para todos, para Matanzas», llegar a estos 24 meses, «por lo que significa de cultura para la comunidad». 

En 1943 aparece su primer libro Preludio lírico, y desde entonces Carilda Oliver Labra (naturalmente Matanzas, 1924) ha tenido un impacto singular en la lírica nacional, frontera traspasada, desde luego, casi inmediatamente. Numerosos galardones adornan su biografía literaria, un Premio Nacional de Literatura en 1950 (que entonces otorgaba el Ministerio de Educación) por su libro Al sur de mi garganta y el Premio Nacional de Literatura en 1997, por el conjunto de su obra (dígase Canto a la bandera; Memoria de la fiebre; Tú eres mañana; Las sílabas y el tiempo; Desaparece el polvo o Se me ha perdido un hombre).

O ese otro premio de saber que uno de sus versos se repite de memoria por multitudes en su país (Me desordeno, amor, me desordeno/ cuando voy en tu boca demorada...). Hay otros más, como el dejado por la Premio Nobel Gabriela Mistral, quien al conocer en La Habana, en casa de Dulce María Loynaz, a la joven Carilda y leer sus versos, ya apreciara que «su poesía es profunda como el metal». Tal vez un sonrojo para aquellos pobres críticos que sólo ven lo erótico en la poesía de Oliver Labra.   

Así, en Entre Puentes, el diálogo entre la poetisa y el público se abrió con el interés por sus nuevos proyectos de libros, y ella confió tener dos nuevos títulos en prensa. «Le doy preferencia, como es natural, al de mi terruño, un libro por la Editorial Matanzas titulado Prometida del fuego». Lo consideró la primera antología de su poesía amorosa, que se ha publicado diseminadamente, y supone que salga este año. 

El otro motivo editorial le llega de Alemania, donde han preparado «otra antología, pero de distinta temática», que saldrá en edición bilingüe y cuyo título es A las siete en mi pecho, un poco -muchos le dicen- provocativo. La historia de la traducción y la selección del título fueron contadas con gracia inherente por la poetisa.

«Yo quería que el traductor fuera una mujer, porque a mí me parece que los hombres no me entienden». (¡Carilda!), pero no apareció, sino que «me propusieron un hombre, un traductor austríaco que es muy bueno, ha traducido a García Márquez, algunos españoles, a Juan Rulfo, es una autoridad y ya lo terminó». 

El título fue otra cosa -expresa-, pues yo presenté dos o tres, por lo difícil del alemán, y a la editorial no le venía bien ninguno, naturalmente querían uno atractivo y luego de tantas conversaciones telefónicas dije que eligieran un verso mío, y así A las siete en mi pecho (Una mujer escribe este poema/donde puede/a cualquier hora de un día que no importa/...una mujer escribe este poema/cómo hay fantasmas a las siete en mi pecho...).  Mas Carilda no escribe a las siete, lo hace «después de las 12 de la noche, es mi hábito de muchos años. Tiene que ser como un pequeño poema sobre la tierra, de siete versos. Yo iba caminando por la calle y lo pensé, llegué a la casa y lo apunté antes de que se me olvidara. Pocas veces yo escribo de día». 

Le solicitan una ronda de breves preguntas y respuestas, a lo que Carilda, esa grande de la literatura cubana, acepta con conmovedora humildad, y con mucho humorismo.

- ¿Tiene poemas nuevos?

«Afortunadamente siempre hay nuevos poemas, ¿quién huye de la poesía, si es que ha vivido de ella? Es como renunciar a la vida». 

- ¿Cómo se ve a sí misma?

«Nunca he tratado de verme, debe ser una autodefensa. Yo no estoy satisfecha de mí y no es modestia, no es sencillez, uno se ve sus defectos, que no los diré, para los que no han reparado en ellos no los descubran. Me veo como una criatura que trata de sobrevivir cada día dentro de sus circunstancias cotidianas, de la mejor forma posible, tratando de disfrutar todos los momentos, inclusive de los malos hacer creer que son un poco buenos". 

- ¿A qué edad pensó en el amor?

«Desde que nací». 

- ¿Cómo quieren que la recuerden?

«Como una mujer». 

- ¿Muchos amores con personalidades conocidas?

«Desgraciadamente no he tenido amores con ninguna personalidad célebre».

- ¿Qué le produce melancolía?

«Cada vez que veo un hombre hermoso y no puede ser mío». 

Dueña de la palabra, supo captar la atención de un público diverso y provocó, está de más decir, la hilaridad de los presentes en la tertulia, festiva en esa ocasión, y conducir el fin de la noche por un camino feliz. Mas sus confesiones habían despertado la apetencia profesional, y Carilda, toda bondad, aceptó continuar en un breve aparte que le agradecemos. 

- ¿Concibe sus libros como un todo?

«No, yo nunca concibo la poesía en forma de libro. El único que escribí con esa intención fue Se me ha perdido un hombre (1982). Nació a la muerte de mi segundo esposo. Después que pasaron unos meses yo pude escribir, cuando se fue sedimentando ese dolor, no desapareció, pero se volvió verso, entonces empecé a escribir, él era también un artista, un músico, y yo entendí que tenía que usar la rima, el ritmo, porque la idea era lo que me sobraba. Empecé a hacer sonetillos, romancillos, romances reales, sonetos, alejandrinos, odas, elegías, hasta que terminé, como es natural, en verso libre, que era lo más desbordado, ardiente y trágico». 

Escribió, entonces, algunos versos para recordar: Se me ha perdido un hombre./y lo busco por cifras y guitarras,/por hierbas y entrepisos,/en el cielo,/en la tierra,/dentro de mí/....Yo pensando/en dónde está la mitad del cuerpo mío,/en quién va a cantar ahora para quitarme el miedo,/en las veces que no nos besamos/y en las que nos besamos...     

Pero en general -apunta- escribe lo que se le ocurre en el momento, lo va almacenando, y metiendo en su gaveta y después lo organiza de acuerdo con temática, estilo, tiempo, pues el tiempo -advierte- tiene que estar en la poesía.

«Hay poesía sin edad, pero hay que tener cuidado porque no se puede envejecer en la poesía, y como es natural una lleva su generación a cuestas, nadie se puede librar de su generación, ¡Dios nos libre!, pero a los jóvenes hay que escucharlos y aprender mucho de ellos, traen una savia nueva, vienen con nuevos códigos, una frescura nueva». 

Entre tantas preguntas indiscretas que le han hecho, le pedimos permiso para añadir una: ¿qué es un poeta?

«Es como un ser cualquiera, como todos los demás, sólo que tiene el oficio de cantar, se parece a los pájaros, a nuestro sinsonte, al ruiseñor, simplemente canta. Usan la palabra de una forma específica, pero es su herramienta de comunicación, como ustedes los periodistas usan la palabra. Muchas veces en el periodismo se hace poesía. El verdadero periodismo es síntesis, pero también es hondura, y donde hay síntesis y hay la hondura humana, espiritual, hay poesía. Así que un poeta es uno de ustedes que canta».

Estando en Matanzas, volvemos con Carilda sobre el tema. «Yo creo que sí ha influido en mí, como la madre de uno, porque la ciudad de uno, si naciste en ella, y sobre todo si persistes, yo nunca he querido irme de aquí, pues ejerce mucha influencia. Es muy tradicionalista, un poco clásica, también romántica, bucólica, esas cosas que tienen mucha afinidad con la poesía. Matanzas es muy poética».

Y escribió en su Canto: Bendigo aquí/tus malecones mojados,/los árboles desterrados/del Paseo de Martí/los ecos del Yumurí/Y van mis lágrimas van/como perlas con imán/o como espejos cobardes/a vaciar todas las tardes/sus aguas en el San Juan

De los poetas matanceros, un término que Carilda entiende más allá del simple hecho de un nacimiento, cita a Milanés, Plácido y Heredia, quien «dejó su huella y hasta una novia». ¿Serán sus preferidos?

«No, porque uno no puede ser localista en eso, la poesía es todo un concepto. No tengo un solo poeta preferido». Y entonces responde a esa deformación profesional por el dato. «De los universales, Antonio Machado, Federico García Lorca, César Vallejo, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, y no voy a profundizar de los años 50 para acá, que hay muchos buenos». 

- ¿Y de los cubanos, Carilda?

«Nicolás Guillén, con quien tuve una amistad muy fecunda y muy bella, y cuya poesía no está todavía suficientemente conocida, es el Poeta Nacional que habla de lo mulato, del problema racial, pero él tiene una poesía filosófica y amorosa preciosa. Hay un poeta que hoy día no se habla de él por determinadas razones, se exilió, pero estaba viejito, ciego y sordo, y no tuvo fuerzas para oponerse a su mujer, más joven, que quiso irse. Hablo de Agustín Acosta. Pero vamos a seguir con los poetas. Eliseo Diego, uno de mis predilectos, no mi modelo porque somos distantes, está lejos de mi cuerda. Y a José Martí no hay ni que mencionarlo, sobre todo por su capacidad de innovación, ese sentido humano, esa ternura, que casi a veces es femenina, delicada». 

Entre las poetisas cita a Dulce María Loynaz, que «también tuve el honor de que fuese mi amiga», y Fina García Marruz. «Entre las mujeres hay otras, incluso jóvenes, como Nancy Morejón, Reina María Rodríguez, Marilyn Bobes, pero yo lo dejo en Dulce María y Fina, son paradigmáticas en la poesía cubana». 

La acosan sus amigos, otros colegas, el tiempo, es que esto -le decimos- ha sido un ataque inesperado, y Carilda Oliver Labra, ese mito de la literatura iberoamericana, toda delicadeza, responde a corazón abierto: «Bendito ataque».

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arojas dijo:

1

31 de agosto de 2018

11:36:16


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