ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Carilda Oliver Labra, gloria de las letras hispanas. Foto: Juvenal Balán

¿Con qué palabras podremos escribir a Carilda? ¿Qué imagen tendríamos que construir, que no le quede chiquita, o estrecha o inconsistente a la mujer – poesía – ciudad – eros – belleza – leyenda – eternidad, para que se ajuste a sus dimensiones?

Carilda ha partido de la Calzada de Tirry, de Matanzas, de la patria que, en su decir, es tanto que no puede resumir la poesía, para existir en ese otro espacio hasta donde no puede llegar la muerte. La encomienda es, por tanto, su vida y su obra. Ellas pintan el retrato que nadie sabrá esbozar porque sus trazos de versos y talantes se adelantan, a cualquier propósito, desde siempre.

Renuentes a verla despojada de su eterna juventud, Carilda se nos niega al silencio. No hay forma de pensarla en el abatimiento, la congoja, la inutilidad de los años blanquecidos, aunque como ser amantísimo que fue, haya conocido el desengaño y la pena, aunque sus 96 años le encanecieran la edad real, no la que se siente. Su voz se nos ofrece a las mujeres como la tabla de salvación, si leemos su poesía; como aquella que ojalá hubiéramos sido, cuando nos sentimos pequeñas; como la respuesta irreverente y necesaria que habríamos querido dar cuando no supimos qué decir.

La abogada, la poetisa, la joven hermosa y valiente que fue más ella que otra cosa de las tantas que fue, la apasionada e impulsiva joven, autora de uno de los poemas más tremendos con que se honra la lengua española (Me desordeno, amor, me desordeno), una de las más descollantes figuras del neorromanticismo cubano, desvelador de gazmoñerías y puritanismos, tuvo también una postura justa ante los sucesos que vivió su país, y como tal se pronunció.  

Sin pensarlo dos veces escribe y después recita en público un poema en defensa de Alicia, cuando el gobierno batistiano desagravió al Ballet de Cuba retirándole la subvención; o encomia al asalto del Cuartel Goicuría; o le hace llegar a la Sierra Maestra, a quien lo ha inspirado, su hermoso Canto a Fidel.

«Me parece imposible que haya muerto, siempre pensé, y quise, morir primero que él», dijo en una entrevista al saber la noticia nefasta del deceso del Comandante: «No podemos despedirnos,
el adiós es una palabra que se ocupa del pasado, tal vez lo menos tangible se constituya en lo imperecedero, lo casi fugaz, eso que llamamos poesía, lo que apenas hemos sentido y evapora su presencia dejando un raro aroma y una levedad tremenda. A esto nos atrevemos, a tocarlo en el poema, en el poema que nunca es él, y sin embargo, no hay otro modo de tenerlo».

Razón no le faltó a la autora de Al sur de mi garganta y Se me ha perdido un hombre cuando refiriéndose a Fidel expresó la imposibilidad de la partida cuando se trata de algunos seres. Morir como tal es inevitable. Pero hay modos, como el que hallaron ellos, de pactar con ciertas «aguas cósmicas», capaces de presencias inextinguibles.

Busco una enfermedad que no me acabe
sino el dolor constante de la vida:
algo para fingir que estoy dormida
detrás de este temblor de escarcha grave.
Busco un agua cósmica que lave
la lágrima terrible que me oxida;
busco el morir distinto, y voy herida
por la pena vulgar que nadie sabe.
Y así me marcho, sonriendo a todos,
luminosa de gracia y desventura,
con el secreto horror hasta los codos;
callándome en el verso y en la prosa,
para que escriban en mi tierra dura:
esta mujer ha muerto de dichosa.

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Marlene Oquendo Vilches dijo:

11

30 de agosto de 2018

16:31:19


A Carilda, siempre la recordaré con mucho amor, unas veces con añoranza, otras con gran respeto por su basta obra y por sobre todo, la recordaré por ser una cubana que nos engrandeció el alma con su poesía. Ojalá su obra se torne estudio obligado para todas las generaciones de cubanos. Hasta siempre, llegue a sus familiares y amigos, mis más sincesos sentimientos.

Conchita dijo:

12

30 de agosto de 2018

22:18:31


Muy triste noticia, pero hasta en su muerte el genio de la poesía de Carilda nos convence de que murió dichosa. Con ella se nos va la más grande poetisa cubana del presente, y una de las figuras cimeras de las letras latinoamericanas e hispánicas. Además, cubana y fidelista fiel, siempre comprometida con su Patria y con su tiempo. Carilda merece que se le haga un monumento en su querida Matanzas. LLamo a la sensibilidad de nuestro gran escultor y amigo José Villa Soberón para que cuanto antes ponga manos a la obra.

Yola dijo:

13

31 de agosto de 2018

07:33:32


Decir Carilda es como decir Matanzas , sin ella la ciudad no fuera tan bonita

Yola dijo:

14

31 de agosto de 2018

07:38:41


Matanzas le debe tanto a Carilda nadie como ella supo admirad y exaltar todo lo bello de esta provincia

ROBERTO AMALFI dijo:

15

31 de agosto de 2018

08:27:53


sigo pensando que esta viva Las letras cubanas pierden un pilar insustituible. Carilda nunca será olvidada