ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Carilda cumplió este martes 88 años de edad. La Premio Nacional de Literatura se mostró optimista e hizo gala de felicidad. En su célebre casa de Tirry 81 atendió llamadas de todas partes y recibió múltiples muestras de cariño.

Foto: Juvenal Balán

«Me han dicho cosas muy agradables. Una amiga llegó a confesarme que para los japoneses, no sé por qué extraña razón, los 88 años en la vida de un ser humano son capitales, que tienen su magia. Una prueba de más para sentirme afortunada».

Mientras desgrana recuerdos no abandona su fino sentido del humor y llega a contar hasta con picardía algún que otro suceso. Disfruta cada minuto de su vida con el mismo fervor de su juventud, cuando solía desandar las principales calles de la ciudad y cautivar con su poesía y aquellos ojos verde-azules que eran toda una bendición. La misma Carilda de siempre: tierna, inteligente y con toda la lucidez del mundo.

Carilda Oliver Labra es una de las más espléndidas voces de la poesía cubana y no se molesta en averiguar las razones de su larga existencia. No le preocupa ni le da pánico la edad. Expresa que le basta con disfrutar de la vida, de su tranquila ciudad, y del privilegio de ser cubana y de vivir en su Patria.

A su gusto, el mejor de sus libros es Al sur de mi garganta, del cual en este 2010 se conmemora los 60 años de que obtuviera el Premio Nacional de Poesía. También son de su preferencia, por motivos diversos, Calzada de Tirry 81, Desaparece el polvo y Se me ha perdido un hombre.

Le pregunté por Canto a Fidel, una de sus obras más conocidas, y dijo que esa era su trinchera, la pluma.

- ¿Aquellos versos de abierto espíritu insurrecto pudieron costarle la prisión e incluso la muerte?

«No sé a ciencia cierta si fui valiente o no. Las cosas del corazón son sencillamente así, son impulsos que uno no se detiene a analizar. Nunca tuve intención de que perdurara, ya digo como lo hice, de esa forma casi inocente, con un propósito por supuesto, con firmeza, con energía, pero no pude prever que iban a pasar tantos años de lucha, de desasosiego y de la fuerza increíble que han debido tener, tanto Fidel como nuestro pueblo, para preservar esta magna obra».

- Al subir a la Sierra Maestra, el poema se convirtió en un canto guerrillero, resumió Fidel en su visita a Matanzas en el aniversario 40 del Canto... ¿Qué recuerdos atesoras de aquel encuentro?

«Fue una larga y amena conversación, interrumpida alguna que otra vez por la inolvidable presencia del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, quien nos honró con su compañía. Fidel tenía sobre sus hombros el peso de largos años de lucha, pero se veía cargado de ilusiones, de metas por cumplir. Eso fue lo que más me impactó.

- ¿Qué agregarías hoy al Canto... ?

«Nada. La obra de la Revolución está hecha: adosar palabras a la misma sería como trazar en la base de una pirámide los planos de su construcción. Aquel joven audaz, inteligente, tempestuoso, radioactivo, de pie sobre la Patria, escapó de mi humilde poema y ya nadie acertará a escribir la epopeya justa que demanda su grandeza».

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