ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Las participantes en uno de los cursos de capacitación del proyecto Carsueños presentan sus trabajos finales. Foto: Miguel Febles Hernández

CAMAGÜEY.–El tiempo apenas les alcanza para llevar a vías de hecho tantas ideas y «locuras» surgidas en medio de las habituales tertulias creativas, en las que se «cocina» todo tipo de planes y propuestas que siempre logran materializar gracias a la perseverancia, el talento colectivo y el amor por lo que hacen.

Esa ha sido la línea de principios seguida desde su surgimiento en el 2003 por los integrantes del proyecto comunitario Carsueños, en el cual, al decir de Carmen Soto González, su fundadora y gestora principal, cada día suceden cosas hermosas e interesantes en bien del enriquecimiento espiritual de las personas.

«Han transcurrido 15 años y nos sentimos muy felices, porque constituimos ya una gran familia de 137 miembros, entre adultos, jóvenes, adolescentes y niños, unidos todos por el arte de hacer muñecos y muñecas para alegrarles la vida a los demás», comenta.

Merecedora en el 2014 del premio nacional de Cultura Comunitaria, Carmen tuvo sus inicios como artesana en Sierra de Cubitas durante los años más difíciles del periodo especial, cuando convirtió su casa en un taller de creación, apoyada por el movimiento argentino de solidaridad con Cuba «Chau bloqueo».

«La necesidad de sentirnos útiles, recuerda, nos llevó en aquel entonces a elaborar ropas para los círculos infantiles, libretas, mochilas para los escolares hechas con abrigos viejos… Aquella experiencia nos enseñó que hay que andar por la vida con el corazón en la mano, haciendo cosas bonitas y buenas, pensando siempre en los demás. Hay que unirse para enfrentar los retos por difíciles que parezcan», refiere Carmen.

Ya en uno de los barrios de la cabecera provincial, conocido como Micro Edén, comenzó para ella una nueva aventura de emprendimientos creativos, no exentos de sinsabores, que le permitieron dar rienda suelta a su pasión por embellecer y transformar, para bien, el entorno social comunitario.

«Luego ambicionamos más, relata Carmen, y extendimos la experiencia a otras comunidades de la provincia y de otros territorios del país. Así, en cada lugar que visitábamos, Santiago de Cuba, Pinar del Río o la Isla de la Juventud, sembramos con nuestros talleres de creación una semillita de Carsueños».

Carmen Soto, con una de las creaciones del proyecto. Foto: Miguel Febles Hernández

SEDE NUEVA, RETOS NUEVOS

Desde la sede actual, ubicada en la zona declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, el proyecto se pone a tono con las nuevas tendencias de la muñequería en el mundo sin descuidar, por supuesto, la elaboración de las muñecas tradicionales.

«Las muñecas que hacemos no tienen nada que envidiarle a otras de otros lugares y ello se debe a la imaginación y la creatividad de nuestras artesanas y artesanos, quienes a diario demuestran que con pedacitos de tira también se puede hacer arte», explica Carmen con sano orgullo.

Otra demostración de cuánto amor acompaña a cada una de sus puntadas está presente en la iniciativa de Carsueños de confeccionar muñecos terapéuticos, concebidos para niños que padecen enfermedades crónicas y deben permanecer en los hospitales pediátricos durante prolongadas estadías.

«Esos muñecos, afirma Carmen, son especiales, suaves, tiernos, tienen una magia espectacular. Hay que ver cómo los pequeños los abrazan, se deleitan con ellos, cómo se transforman aun en medio de sus dolencias, pues además de entretener, tienen la capacidad de despertar afectos y sensibilidades».   

Tanto como los receptores de sus creaciones, han cambiado también los integrantes del proyecto, muchos de los cuales, a través de la terapia ocupacional, han dejado atrás estados depresivos, la soledad y la tristeza, para sentirse más plenos y realizados en el orden personal, a tal punto de no saber cómo desprenderse de él.

Rafaela Azuaga Artola, una de las gestoras «veteranas», califica a Carsueños como «un proyecto chiquito que hace cosas muy grandes, un trabajo que solo puede hacerse desde el alma y el corazón, al cual se viene a entregarlo todo: amor, pasión, desvelos e interminables horas de labor antes de tener la obra terminada».

Las mismas que dedican ahora para coronar con el éxito un sueño largamente añorado: concluir a María Parchito, la que está llamada a convertirse en la muñeca más grande del mundo y esperan exhibir en febrero del próximo año, durante la celebración del aniversario 505 de la villa principeña.

De concretarse, como todos esperan, constituirá otro aporte de Carsueños al patrimonio cultural de la localidad, reverenciado por un pueblo que reconoce en cada pieza salida de sus manos el fruto de una amorosa dedicación al servicio del bien público, en especial del universo infantil.

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