ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La décima versión de la Ruta de la Rumba comenzó el último fin de semana su itinerario por el barrio de Belén, en La Habana Vieja, uno de los bastiones de ese complejo musical y danzario que tanto tiene que ver con ser y sentir como cubanos.

Como en los viejos tiempos, cuando los trabajadores del puerto y los humildes moradores de la zona, en su mayoría descendientes de antiguos esclavos, hallaban en los toques, cantos y bailes una manera de expresar su condición raigal, los habaneros de hoy, en tiempos como los de ahora,  tenaz resistencia y nuevos avances, se entregaron al goce colectivo en una jornada que no solo celebró los tesoros patrimoniales de la rumba, sino también los puentes que esta ha tendido con otras manifestaciones de la cultura nacional.

El guaguancó sigue siendo del barrio, pero va mucho más allá. El guarapachangueo habla de la novedad de un género para nada congelado en el tiempo, siempre renovado. En los ejecutantes y el público se aprecia, en toda su variedad, el color cubano intuido por Nicolás Guillén; y en su formación, los valores de una sociedad emancipada en plena transformación. En una frase el poeta Miguel Barnet, inspirador de la Ruta, lo resumió: «La rumba somos todos».

Declarada por la Unesco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en esta oportunidad dialogó con otra expresión que ostenta el mismo mérito, el punto cubano, representado por las improvisaciones de Emiliano Sardiñas, las tonadas defendidas por Ana María Chomat y el virtuosismo de Edwin Vichot en el laúd.

De los nexos del repentismo cubano con otras especies poéticas caribeñas, quedó el testimonio del declamador Jorge Gabriel López, llegado de Veracruz para compartir el acontecimiento.

El Proyecto Timbalaye, que coauspicia el evento junto a los consejos nacionales de Patrimonio Cultural y de Casas de Cultura, la Uneac y la AHS, reconoció al actor Roberto Perdomo, quien en su día logró una de las mejores interpretaciones del clásico del teatro insular Réquiem por Yarini, de Carlos Felipe, obra que reflejó la lacerante realidad que en las primeras décadas del pasado siglo imperó en esta zona habanera.

Las direcciones de Cultura de la provincia y el municipio aportaron a la jornada las iniciativas de aficionados adultos y adolescentes que desde el seno de la comunidad ponen su empeño en preservar y promover la rumba y otros bailes y cantos heredados del legado africano.

Iyerosun abrió la ruta con una rigurosa muestra de los tres pilares del género –el yambú, la columbia y el guaguancó–mientras el conjunto Explosión Rumbera le puso alta temperatura a la noche con sus exultantes ejecuciones.

Para Ulises Mora, director del evento, lo sucedido en Belén fue una bienaventurada anticipación de lo que se espera en la Ruta de la Rumba: «La unión de músicos profesionales y portadores naturales de la comunidad, la presencia de públicos de todas las edades, el ambiente de confraternización y la integración de diversas manifestaciones y la alegría sanamente compartida, confirmarán a lo largo del país que la rumba es mucho más que rumba; es parte del alma de la Patria».

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DR.MIGUEL dijo:

1

20 de agosto de 2018

08:12:45


SE ME OCURRIO UNA IDEA,,PORQUE NO HACEN UN LIBRO DE LAS IGLESIAS DE ARGENTINA,CON SU HISTORIA.SI LA PUEDEN MEJORAR MEJORENLA.MIGUEL.