ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El cierre de temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional en la sala Covarrubias tuvo ribetes históricos para la música cubana al auspiciar dos estrenos, uno mundial, la Sinfonía No. 1 La palma real, de Yalil Guerra, y la primera audición en la Isla de Intrata, de Aurelio de la Vega.
Para Guerra (La Habana, 1973), actualmente becario de la Universidad de California (ucla) donde prepara el Doctorado en Música, era absolutamente imprescindible, por su inspiración martiana, que la obra tuviera su premier en Cuba.
Concebida a la manera de un poema sinfónico, aunque ateniéndose a la  estructura convencional del género en cuatro movimientos, La palma real sugiere en más de un momento pasajes descriptivos, mientras en otro prevalece la intención de transmitir atmósferas relacionadas con el carácter épico.
Si bien se puede seguir sucesivamente el tránsito de la espera premonitoria de quien aúna voluntades para emprender la guerra necesaria al combate y caída en Dos Ríos, y del tono elegíaco a la epifanía –revelación del legado heroico–, la sinfonía puede ser también disfrutada por sus valores musicales inmanentes. Es más, sin estos, no sería posible su densidad  simbólica.

Pérez Mesa y Guerra durante uno de los ensayos. Foto: Cortesía del autor


Guerra supo manejar los materiales temáticos de modo tal que desde su exposición en el primer movimiento hasta el desarrollo ulterior consigue una articulación coherente del discurso. Llaman la atención la reelaboración de frases procedentes del Himno de Bayamo y la espléndida fuga del movimiento final.
Guitarrista formado por la enseñanza artística cubana bajo la égida de Jorge Luis Zamora, Jesús Ortega y Joaquín Clerch, en la carrera   autoral de Guerra resultan meritorias sus obras para  orquesta de cuerdas  A la antigua (2008) y Old Havana (2009), esta última con una muy buena versión a cargo del conjunto Solistas de La Habana, dirigido por el maestro Iván Valiente.
El salto al gran formato orquestal y al género mayor de la música instrumental decanta oficio y experiencias, pero sobre todo se halla asistido, en el caso de La palma real, de una inteligencia emocional   suprema.
Mucho le debe Guerra a su mentor, Aurelio de la Vega (La Habana, 1925), quien próximo a sus 93 años de edad,  buena parte de los cuales los ha vivido en Estados Unidos, no deja de pensar en su Patria como destino de su obra.
Aunque por su avanzada edad no pudo  viajar a Cuba, envió un  mensaje de saludo al público cubano y a la Sinfónica Nacional con motivo del estreno insular de Intrata (1972), en el mismo programa de La palma real.
De la Vega es uno de los más genuinos y sólidos representantes de la vanguardia cubana de la música de concierto, en la que fue un  precursor al asimilar ya desde los años 50 del pasado siglo  la herencia del dodecafonismo y el atonalismo, con  obras como Elegía (1954) y el Cuarteto de cuerdas (1957) que  dedicó a Alban Berg.  
Intrata fue estrenada por la Filarmónica de Los Ángeles, por encargo y dirigida  nada menos que por el célebre director de origen indio Zubin Mehta. Seduce por la solidez constructiva con que despliega con audacia exploraciones tímbricas y contrastes rítmicos de permanente vigencia.
Mucho queda aún por promover entre nosotros, como se debe, el repertorio de Aurelio de la Vega, quien ocupa por derecho propio un lugar en la cima de la música cubana contemporánea a la altura de Harold Gramatges, Juan Blanco, Carlos Fariñas y Leo Brouwer.
Por su naturaleza, las obras de Guerra y De la Vega exigieron un concienzudo trabajo orquestal, faena lograda por el maestro Enrique Pérez Mesa al frente del organismo sinfónico.
Lástima que la tercera perla del programa, por razones jamás explicadas, nunca se hiciera audible: la Serenata para cuerdas, de Gramatges. El próximo 26 de septiembre se conmemorará el centenario de su nacimiento. Esperamos que esta y otras obras orquestales suyas sean escuchadas como parte de la celebración.

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