ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Si evitar los lugares comunes se convierte en una obsesión para cualquier artista, ¿por qué entonces el cine está lleno de ellos?

Sencillamente porque la industria –prevaleciendo sobre el arte– se dio cuenta desde muy temprano que era más fácil domesticar a amplias audiencias repitiéndole el gusto, que cambiándole el cliché (sentimental, amoroso, político…) que le había hecho aplaudir y emocionarse hasta la lágrima.

¿Cuántas veces no hemos escuchado decir algo así como que «la película estaba buena, pero la muchacha debió casarse al final con el muchacho»?

Pronta a complacer y a no perder público, la industria ha estado dispuesta a todo, incluso a filmar finales diferentes para un mismo filme y exhibirlos al unísono, como sucedió en   la primera versión de Adiós a las armas (Frank Borzage, 1932) basado en la novela de Hemingway, que contó con dos cierres, el trágico literario, y el complaciente cinematográfico, otorgado por la casa productora de manera que el espectador pudiera escoger a su antojo.

Los lugares comunes nacieron como florecientes ideas que luego fueron perdiendo brillo por el constante uso, hasta ganarse el calificativo de «burdo cliché», lo cual no les resta presencia en las pantallas, en ocasiones disfrazados gracias a la más novedosa tecnología y en otras, en el mismo estado puro con que vinieron al mundo en tiempos del silente.   

El lugar común sustituye  a la inteligencia creativa y atenta contra la capacidad analítica del espectador, porque lo disminuye y lo coloca en el mismo bando de aquellos que disfrutan ver una y otra vez el consabido «más de lo mismo».

Cualquier espectador con un poco de cine en sus retinas –y si tiene unos cuantos años mejor– pudiera confeccionar su propia lista de lugares comunes. He aquí unos cuantos que servirán para activar la memoria:

–Durante mucho tiempo las barras sirvieron para empezar peleas colectivas.

–Si un personaje sobrevive de un disparo en el pecho, de inmediato mostrará que tenía un chaleco antibalas.

–El malo de la película no dudará en asesinar desde muy temprano a un secuaz para demostrar cuán villano es.

–Los asiáticos saben artes marciales, los latinos bailan salsa y los rusos mafiosos pertenecieron todos a la KGB.

–Los carros de frutas volcándose no faltarán en las carreras de persecución.

–Si se muestra una cocina con cuchillos, el arma blanca tendrá un protagonismo final.

–Aquellos que irrumpen en una oficina,  dispuestos a ver a alguien importante, serán seguidos por secretarias, que aducen no haber podido detenerles.

–Las mujeres se bañan casi siempre cuando hay una conexión sexual.

–Personajes involucrados en cualquier hecho delictivo conectan el canal de noticia justo en el momento en que hablan del asunto.

–Detective blanco, ayudante negro.

–El malo y el bueno se baten. El primero que cae, para horror de la audiencia, es el bueno (herido), después el malo, que está muerto.

–Luego de una noche pasional, el integrante de una pareja estira la mano buscando el otro cuerpo, pero  no lo encuentra.

Son solo unos cuantos lugares comunes de muchísimos  más que pudieran asentarse.

El verano –con la creencia extendida de que es una etapa del año durante la cual las neuronas se van de vacaciones– es propicio para ellos e inunda el mercado internacional con productos banales y reiterativos. Cines y televisoras exhibiendo lo más ligerito para el entendimiento. O lo que es lo mismo: jolgorio del lugar común en menoscabo de la inteligencia.

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tito dijo:

1

2 de julio de 2018

01:40:26


Comentario muy banal, en la vida también se necesita de ratos para el jolgorio y la risa. Las neuronas necesitan descansar, no hay ser humano que pueda vivir sin dormir ni viendo solamente películas de autor.

Lee dijo:

2

2 de julio de 2018

11:27:02


CinemaSins, una serie en YouTube, frecuentemente identifica cliches.

Janet dijo:

3

7 de julio de 2018

11:52:59


Considero inteligente, certera y divertida su selección de lugares comunes, los cuales encontramos también en muchas series. En fin... disfrutemos inteligentemente. Gracias profesor. Saludos.