ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Plaza Don Fernando. Foto: Cortesía del autor

GÉNOVA.–En un piso de esta ciudad portuaria mediterránea, el joven Fernando Ortiz (1881-1969) dio los primeros pasos de la obra monumental que lo llevaría a ser considerado el tercer descubridor de Cuba, al revelar el extraordinario aporte de los pueblos africanos a la forja de la identidad nacional.

No es difícil imaginar el triunfo de la vocación intelectual sobre las obligaciones rutinarias del cargo diplomático que desempeñaba, Ortiz había sido designado cónsul residente de Cuba en Génova y concurrente en La Coruña (España) y Marsella (Francia) por el primer gobierno republicano en 1903.

Culminados sus estudios en Derecho en universidades de Madrid y Barcelona, aprovechó su estancia italiana para profundizar en el conocimiento de la Criminología, donde estaban en boga las teorías positivistas de Cesare Lombroso y Enrico Ferri.

Bajo ese influjo escribió Los negros brujos (apuntes para un estudio de etnología criminal), que publicó en Madrid en 1906 con una carta-prólogo de Lombroso. Aunque en este primer acercamiento científico al perfil  etnocultural se adviertan limitaciones y prejuicios, Ortiz dio una señal de la senda que transitaría con posterioridad al  afirmar que «la observación positivista de las clases desheredadas en tal o cual aspecto de la vida (…) forzosamente ha de producir el efecto benéfico de apresurar su redención social».

El autor que luego escribió Los negros esclavos, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, Los factores humanos de la cubanidad, El engaño de las razas y Los instrumentos de la música afrocubana, entre tantas obras esenciales, «rompió tabúes aparentemente indestructibles no solo con hurgar en la naturaleza virgen de la Isla, y en el pozo de las culturas africanas, que revalorizó para la ciencia antropológica, sino porque demostró ser portador de una apreciación de múltiples hechos y circunstancias que habían sido escamoteados por la historiografía acomodada a los patrones occidentales y eurocentristas», según ha dicho Miguel Barnet.

Tras las huellas genovesas del sabio anduvo justamente hace pocos días este discípulo suyo, poeta y etnólogo, presidente de la Fundación Fernando Ortiz.

A la vera de la avenida Aurelio Saffi, muy cerca del mar, una plaza lleva el nombre de Don Fernando. Hasta allí llegó Barnet para rendir homenaje al maestro, en compañía de José Carlos Rodríguez, embajador de Cuba en Italia, miembros de la comunidad cubana residente en la ciudad, directivos de la asociación cultural italiana ARCI, y autoridades de la municipalidad.

En diálogo sostenido con Marco Bucci, alcalde de la ciudad, hubo un acuerdo  acerca de potenciar, a partir de la presencia orticiana en Génova, los vínculos culturales y las relaciones económicas de Cuba con esta región del noroeste italiano. También  el presidente de la Fundación Casa di América, Roberto Speciale, manifestó interés por auspiciar un programa para la promoción de los aportes de Ortiz a las ciencias sociales y al estudio de los vasos comunicantes entre Italia y Cuba.

No hay que olvidar que Don Fernando publicó en 1905 la monografía Las simpatías de Italia por los mambises cubanos (documentos para la historia de la independencia) y en 1917 Los mambises italianos (apuntes para la historia cubana).

Por iniciativa de Barnet la Fundación Fernando Ortiz  editó meses atrás un plegable etnográfico que refleja  la presencia italiana en la Isla desde la llegada del genovés Cristóbal Colón hasta la actualidad, sobre la base de cuatro ejes temáticos: la emigración, la descendencia, la participación en guerras por la independencia y la presencia genérica (viajeros, misioneros, productos, cultura, arte y relaciones diplomáticas).

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Andrachi dijo:

1

19 de junio de 2018

09:14:22


Nuestro gran Don Fernando, de talla enciclopédica. Admirado por todos, y plagiado por algunos hasta la saciedad.