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Most beautiful island, otra mirada a la ciudad tantas veces contada en el cine.

Hay una escena en Most beautiful island (Ana Asensio, 2017) en que una inmigrante rusa le dice a una española –también superviviente sin papeles– que de Nueva York se puede esperar cualquier cosa, y precisamente eso es lo que pretende demostrar esta cinta de suspenso distribuida sin traducción de su título al español  (La más hermosa isla, pudiera ser, siempre con un dejo irónico), que se encuentra entre los platos fuertes de la televisión en su programación de verano.

Película de corte independiente, la directora-actriz, en este primer intento detrás de las cámaras, muestra una Nueva York a ras de asfalto, lejos de lo muchas veces glorificado en pantalla y de la ciudad «sicoanalizada» hasta la fatiga por Woody Allen.

Bajo la advertencia de «basado en hechos reales», Most beautiful island cuenta la historia de una inmigrante española que trata de subsistir en Nueva York y a quien el llevado y traído «sueño americano» se le ha convertido en una incómoda pesadilla que, a ratos, le hace pensar si sería capaz de dormir en las calles como le ha sucedido a otros en la misma situación que ella.

Una película de solo una hora y escasos 20 minutos de duración, que tras narrar las peripecias vividas por esta mujer, abrirá una puerta hacia lo desconocido, haciendo sentir al espectador los mismos momentos de tensión y angustias por los que debe transitar la protagonista.

La Asensio, escribe, dirige y protagoniza esta cinta ganadora de numerosos premios internacionales, y a nadie escapará que una porción de lo que cuenta proviene de su propia vida como inmigrante empeñada en labrarse, durante 20 años, una carrera como actriz. Amparada en el 16 milímetros, en busca de una fotografía algo sucia –como mismo hiciera Martin Scorsese en la mítica Taxi Driver–, la cineasta nos sumerge en el bullicio de las calles que integran la Gran Manzana, toda una preparación síquica-social como antecedente de lo que vendrá cuando una amiga rusa le pida sustituirla en una fiesta de gente rica donde pagan muy bien por asistir.

Primera mitad en la que la historia adquiere un ritmo pausado buscando perfilar los duros matices de una vida. Así, cuando ella termina aceptando lo que se le ofrece, sabemos que lo hace porque se encuentra al límite de la resistencia.

El filme cambiará radicalmente a partir de ese momento, y la española, que necesita dinero urgente para mantenerse en la lucha cotidiana, vivirá una alucinante realidad con influjos del David Lynch más inquietante. Tendremos entonces, de manera gradual, incertidumbre, desasosiego y finalmente terror del bueno, sin trucos, con más de 20 minutos de absoluto suspenso sostenido hacia los finales.

Angustia laboral con pasaporte a los infiernos y una realidad social que se desprende sin discurso alguno, por sí sola.

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Fina dijo:

1

18 de junio de 2018

04:26:06


Excelente, esas son las peliculas que queremos ver y que deseamos que nuestros hijos vean, para que comprueben que el sueño americano no es tan asi. Peliculas que los inciten a pensar a ellos y otros, no ya tan jóvenes que siguen soñando con un supuesto e irreal ideal. gracias Rolando