ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Jorgito Kamankola. Foto: Tomada de su perfil de facebook

Jorgito Kamankola es un trovador que siempre parece estar inmerso en el viaje más profundo. Analizada cronológicamente su trayectoria, podemos descubrir a un músico que ha renovado la crítica social y la juventud como un valor revolucionario y ha ayudado a mirar sin temor los paisajes más complejos de la realidad social, con ese espíritu crítico que no lo ha abandonado desde que grabó esa síntesis vibrante que fue su primer disco, Antes que lo prohiban. El juglar ha despertado del letargo y la modorra a una zona de la trova y la canción cubana contemporánea y ha dado a su mundo interior una dimensión espiritual que celebra la vida mientras habla de las realidades más duras.  

Kamankola viene de la escena del hip hop, donde ganó varios festivales  organizados por la Asociación Hermanos Saíz y debutó en la trova con una actitud que rompió los moldes con que algunos identifican a un trovador. Es, en un resumen, un músico eléctrico y era cuestión de tiempo que se gastara un disco confesional como Viento, en el que tuvo como productores al guitarrista  Ernesto Blanco y al bajista Yordano Serrano.

En el material destapa el alcance real de su carrera y se deja movilizar por el rock y el pop acompañados de letras que, por lo general, se alimentan de la vida social, de la bohemia habanera y  de las historias pequeñas que conviven dentro de otras historias ya contadas. Todo eso mientras se agazapa como un animal herido en el amor, un sentimiento que al igual que en otros materiales suyos se desborda por todos lados en este disco.

Este sentimiento es el principio y el fin de esa poesía urbana que atraviesa su obra y que defiende con una actitud que parece rayar en la locura. Kamankola navega desde hace años  en el mar adentro de la trova cubana y sabe que para él no hay otra forma de prestigiar esa tradición que alejarse  de lo establecido, para decir lo suyo con la sinceridad que reclaman los tiempos y sobre todo los seguidores de la canción de autor.

Habíamos dicho que su segundo álbum, Hasta precisar el aire,  era para Kamankola una propuesta de transición en la búsqueda de otro camino que, como cualquier persona en busca de lo nuevo, podía perderse  al mínimo giro de timón. Pero el juglar finalmente volvió a encontrarse y se vio recorriendo los pasillos de  un disco que refuerza su capacidad compositiva, con una voz a veces casi bíblica  que sigue hablando de angustia, tristeza, libertad, esperanza y, como dijimos, de  amor. Aquí, digámoslo de una vez,  hay amor con las entrañas afuera, amor que salva y amor también que te arrastra hacia el fondo de tanto darle uso a un  corazón que quizá ya tenga algunas grietas por el camino desandado.

En su nuevo álbum el trovador parece que continuamente está haciendo un ajuste de cuentas consigo mismo, que no ha logrado encontrar un  equilibrio entre el preciso retrato de su  espíritu y el complejo pulso social y ese conflicto interno lo airea en canciones que no solo hablan de él, sino de las calles que pisa buscándose a sí mismo como otro fantasma que quiere regresar.

Kamankola siempre parece de vuelta de todo. Lo único cierto es que ha encontrado en sus canciones el refugio que le permite resguardarse del riesgo de estar vivo y seguir escribiendo canciones audaces que navegan por picos dramáticos que parecen el anuncio de un mundo distópico que bien pudiera venir. 

Antibala, Trazo de senda, Hazte viento, forman parte de esas canciones que debemos escuchar con toda la tranquilidad posible para comprender el universo Kamankola y su ánimo de reinvención.

En la garganta de Jorgito descansa un país y descansa también el mundo. En  su brazo izquierdo tiene un tatuaje con la frase Patria es Humanidad y en el cuello Abril me trajo a Abril, que  no es más que el mes que vio nacer a su pequeña hija de dos años y le puso nombre. No son, obviamente, historias mínimas. Resultan una muestra de que para él todo cobra sentido en sus canciones. En el recorrido del disco hay que detenerse en otros títulos como Detrás de mí, A mi aire y Háblame de amor. Tres temas que demuestran que no ha perdido el contacto con la calle y ha sabido enfrentar el vacío que todos, internamente, hemos conocido alguna vez, aunque no lo reconozcamos para seguir encajando en las preconcebidas fórmulas del éxito personal. Se sabe que no es fácil descubrirnos a nosotros mismos solos frente al mundo cuando la ecuación que alguna vez imaginamos para nuestras vidas iba en sentido contrario, pero el trovador sabe cómo enfrentar las crisis internas y salvarse del fuego con esas canciones que sigue tocando en los escenarios que creen aún en los trovadores.

Siento libertad es uno  de los temas más hermosos del fonograma y me recuerda la canción Antes que lo prohíban que grabó con Eme Alfonso en su segunda entrega. No es esa belleza de lentejuelas y llena de fuegos artificiales a las que muchos están acostumbrados, sino ese sentimiento que nace cuando se ha visto todo y todavía hay fuerzas para estar en pie. Lo interesante es que son temas que si bien nacen en Cuba  pueden funcionar en cualquier realidad, porque tienen el don de reflejar las zonas más crudas del mundo y sobre todo ayudan a comprender que mientras hay mucha música sin criterio que se promueve por todos lados, existen trovadores que, aunque puedan resultar incómodos para algunos, utilizan sus habilidades compositivas para no claudicar y cronicar su tiempo de la manera que creen justa y con la honestidad que exige su cotidianidad.

Son canciones creadas desde el vértigo social y desde ese amor hiriente que trasciende cualquier tiempo y medidas adoptadas por los hombres. La idea en este disco mayor de Kamankola es perseguir la libertad musical, creativa y espiritual con la exploración de territorios rítmicos que dio cuerpo a 13 canciones que quizá, en principio, por su cuerpo sonoro, no sean muy bien entendidas por los seguidores habituales del trovador.

El trabajo de Ernesto Blanco y Yordano alcanza altas cotas en el álbum y permitió al juglar crear un disco redondo y muy disfrutable de principio a fin. La exactitud de cada arreglo permite que el trovador mantenga  un álbum coherente y no se aleje del contexto personal y social que desde su primer fonograma ha testimoniado con esa independencia de espíritu  que tributa de manera excepcional a la música contemporánea y en general, a toda la música cubana.

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