ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: AP

En la crónica musical vemos frecuentemente cómo califican a un grupo de revolucionario por el significado que le atribuyen a su música o sus letras y, más temprano que tarde, la leyenda se desinfla en el camino.

Calle 13, sin embargo, fue un grupo que desde su irrupción erosionó de raíz conceptos comerciales bien establecidos y se convirtió en un fenómeno que revolucionó la escena internacional con una manera muy personal de conceptualizar la música y las diferentes variantes de los sonidos urbanos, que mantuvo como el primer día hasta la disolución de la banda en el 2010.

Tras la separación del dúo, René Pérez y Eduardo Cabra siguieron su propio camino en solitario. Eduardo mantuvo su trabajo como productor de primera línea y René grabó su primer disco como solista que llevó más lejos la conciencia social de su banda nodriza. Así publicó Residente, el álbum que nació junto a un documental

y un libro a partir de un análisis de sangre. El boricua se hizo una prueba de ADN y resultó que sus genes eran africanos, europeos, asiáticos, orientales y nativos estadounidenses. Luego se marchó a un viaje en busca de sus ancestros que lo condujo al Cáucaso, China, Siberia y África, donde colaboró con artistas de varias de las regiones del globo,  entre ellos el guitarrista tuareg Bombino en Burkina Faso, músicos de la ópera china en Pekín, la banda de metales de Goran Bregovic en Serbia y cantantes de la tribu dagomba de Ghana y la actriz y cantante Soko en Francia.

El álbum se inscribe dentro de la categoría de  músicas del mundo. Sin embargo, aquí lo más importante es la libertad  de expresión con que René rompe los límites  y que muchos deberían utilizar como el ex Calle 13. Es música de raíz acoplada con las rimas del rap y con algunas semejanzas al disco anterior de Calle 13, Multiviral, sobre todo en temas como Milo, La Sombra, o Somos anormales.

En el álbum, René hace polvo los conceptos sobre una raza pura y reflexiona sobre la guerra, la pobreza, el racismo y la diversidad. El músico se traslada a zonas sobre las que se ha ensañado la desolación.  Para grabar una parte del tema Guerra viajó a Osetia del Sur y Georgia, dos regiones que pactaron un cese al fuego después de la guerra  del 2008.  Residente no es un disco cargado de optimismo, pero provoca esa explosiva sensación de vivir que experimentan los que han visto a la muerte de cerca y han escapado por minutos de irse con uno de sus ramalazos. Es de alguna manera el sonido de un mundo que se disolvió y sus sobrevivientes tratan de recuperar los trazos de todo lo perdido. Apocalíptico, el noveno tema del disco, refleja a la perfección esa mirada de René que reflexiona sobre la posibilidad de que se rompa definitivamente lo que ya estaba roto.

El futuro es nuestro es otro de los temas imperdibles del álbum. Da voz, con la ironía que afiló como navaja en las filas de Calle 13,  a los que han sido bajados del discurso de los políticos y termina en una orgía sonora después de avizorar que en el «futuro tendrán suerte los que ahora no tienen suerte y podrán evitar la muerte».

Es frecuente que al escuchar un disco se pase por encima a los interludios sin prestarle demasiada atención. Sobran las anécdotas en la historia de la música que recuerdan la importancia de esos breves pasajes en álbumes que después han sido obras maestras.  En el caso de Residente, los interludios cobran un alto valor,  porque muestran algunos de los experimentos sonoros que realizó con varios de los músicos a los que conoció en este viaje hacia sí mismo.

No es un secreto que para afianzar las raíces y la identidad es necesario abrir los ojos y conocer mundo, mucho mundo. René, tras pasar un tiempo desandando desde la Siberia hasta el África profunda, descubrió lo que para él ya estaba descubierto. Sus orígenes lo llevaron  afianzar el orgullo de su  identidad boricua. No en vano cerró el viaje con Hijos del cañaveral, un tema que da relieve a la historia puertorriqueña y  a su cultura frente  a los embates de la política y el tiempo. En la canción, que va para himno, colabora con su hermana Ile Cabra, Francisco «Cholo» Rosario, y  el cuatrista Luis Sanz.

Es una experiencia total la escucha de este disco lleno de tantas canciones sinceras que, tras el primer choque de emociones vitales que produce, te hace mirar el mundo inmediato y pensar en cómo puedes llegar a transformarlo radicalmente. Y ahí, en ese espacio más pequeño, podría comenzar también ese viaje que cuando arranca nunca sabrás hasta dónde puede llegar.

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David dijo:

6

6 de junio de 2018

22:35:58


Michel, hermano, eres lo mejor de Granma. Gracias por este trabajo de Residente. Un abrazo