
Dave Lombardo pudo finalmente encontrarse con sus orígenes. El padre del doble bombo no tuvo piedad con la batería mientras el resto de los Suicidal atacó a las masas con un punk rabioso y una ráfaga de hardcore que le metió en las venas al público, sobre todos los adolescentes, ese demonio metalero que solo pudieron aplacar armando un «pogo» nunca antes visto en La Tropical: entraron en un círculo de juego chocando los cuerpos, corriendo de un lado a otro, como si ellos mismos fueran una réplica de un furioso Mike Muir sobre el escenario, y golpeándose hasta sus huesos de jóvenes metaleros que saben que un concierto como este hay que aprovecharlo hasta que el cuerpo diga basta.
Suicidal Tendencies es una banda que en algún momento, especialmente a partir de los años 90, formó parte de las primeras bandas sonoras de cualquier seguidor del rock and roll y el metal. Así que algunos se dejaron caer por La Tropical agitados por la curiosidad de ver el «en vivo» de una alineación de la cual posiblemente todavía guardaban algunos viejos cassetes; y otros más jóvenes, hambrientos de cualquier cosa que oliera a la furia, la energía y la libertad de un concierto de metal, fueron a ver a una banda que quizá no conocían a fondo, pero que sabían que todo podía faltar esa noche, menos esa ola de frenesí que apuntaba al cielo.
Lo que todos tenían era la certeza de que no podían perder la oportunidad de presenciar a Dave Lombardo en acción, un músico nacido en La Habana que contribuyó radicalmente a la definición del sonido de Slayer y que es una leyenda del metal y uno de los bateristas más influyentes dentro de la multiplicidad de estilos que conviven dentro de ese género.
Los músicos de Suicidal, que tuvieron como teloneros a unos demoledores Zeus con una perfecta sincronía entre su vocalista, la leyenda Dionisio Arce y el resto de los integrantes de la alineación, también sabían que esta noche era la noche de Lombardo. Mike Muir, con sus movimientos agitados y su voz pegada al asfalto de Los Ángeles, se acercaba repetidamente a Dave para rendirle su propio homenaje y el bajista chileno Ra Díaz, le pedía al público que lo recibiera como corresponde. Y abajo hasta el «pogo» se detenía para rendir honores al baterista
cubano-estadounidense. «Dave, Dave, Dave», gritaban con los puños en alto cientos de personas y el cubano, emocionado, dejaba las baquetas a un lado para llevarse el brazo al corazón en señal de respeto por haber recibido tantos gritos de admiración por un público que durante más de tres décadas solo lo conocía a través de sus discos con Slayer, Fantomas o Grip Inc. o de cientos de copias de sus conciertos alrededor del mundo.
El ritual siguió y Mike Muir se gastó un show donde se transformó en una bestia escénica tras defender temas como Possesed To Skate. Parecía que estaba en medio de un ring de boxeo golpeando hasta las cuerdas a un contrincante imaginario y que durante su paso era capaz de demoler cualquier cosa que se le pusiera por delante. Fue de un lado a otro, con su icónico pañuelo sobre la frente, escupiendo canciones que hablan del contexto en que nació Suicidal, de la vida de los skaters, metaleros y punks en California, de las comunidades obreras, de las luchas por sobrevivir y sobre todo de libertad. No por gusto pusieron toda la maquinaria a punto para descargar el tema Freedom, cuyo significado simbólico puede entenderse en cualquier país donde aterricen los Suicidal.
Ya en los finales era mucha la carga de emoción que Lombardo llevaba sobre las espaldas y de alguna manera tenía que sacarse de encima todo ese peso que le atravesaba el cuerpo. El músico dejó la batería y sus compañeros de travesía se retiraron a las sombras para dejarlo solo frente al público. «Hace mucho tiempo esperaba tocar en mi país, es un sueño hecho realidad para mí. Estoy muy agradecido por la oportunidad de encontrarme con ustedes. Yo nací aquí en La Habana y la forma en la que toco es porque soy cubano, coño», dijo Lombardo en una noche que tanto para él, los Suicidal y los metaleros y punk cubanos, quedará para la historia.
Han corrido muchos rumores después del concierto de los Rolling Stones sobre grandes bandas que podrían llegar a tocar en Cuba, desde los Red Hot Chili Peppers, pasando por Cold Play, Maná, hasta Metallica, incluso han existido negociones entre los representantes de algunos de estos grupos y las autoridades locales. Pero se está comprobando algo que muchos pensamos desde hace años: uno de los caminos más viables para que se concreten las presentaciones de bandas de calibre en Cuba es precisamente a través de las puertas que puedan abrir alineaciones sin tantos compromisos comerciales y con una postura alejada del mainstream, que prioricen el interés por intercambiar con el público cubano por encima de otros de los lances mencionados y que alcancen la comprensión correspondiente de las instituciones cubanas relacionadas con este tipo de intercambios.
Este fue el caso de los Suicidal, que llegaron a Cuba para tocar animados por Dave Lombardo, una presentación que ya comenzó a abrir la posibilidad de que antes de fin de año puedan aterrizar en la Isla otras bandas de gran empuje en la escena internacional. Ahí radicó otra de las ganancias de un concierto que trajo a Lombardo de vuelta a casa y demostró la vigencia del punk y el hardcore, a veces festivo, a veces demoledor, de una banda de gran veteranía que después de cuatro décadas sigue incendiando los escenarios y honrando ese espíritu underground como si supieran que el abandonarlo, sería realmente una tendencia suicida.











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fito dijo:
1
23 de mayo de 2018
07:24:32
Jose dijo:
2
23 de mayo de 2018
13:00:14
Frank Ramirez dijo:
3
24 de mayo de 2018
12:04:20
Jun1nhO dijo:
4
24 de mayo de 2018
15:57:17
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