ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Papote es el payaso que encarna Ernesto Parra, director de Teatro Tuyo. Foto: Leidys María Labrador Herrera

Suena una música singular y a su ritmo sale el personaje pintoresco, ataviado con grandes zapatos, ropa de colorines, graciosa peluca o sombrero, la cara pintada y la inconfundible nariz roja. Avanza a trompicones, ríe de forma estrepitosa y siempre tiene una broma bajo la manga.

De seguro si realizáramos una encuesta a la población cubana acerca de su idea de un payaso, las descripciones redundarían más o menos alrededor de la que presentamos al inicio de este texto. Puedo apostar que la mayoría de las personas valorarían la pregunta como un poco tonta pues, ¿quién no sabe qué es un payaso? Pero a esta la acompaña otra interrogante: ¿lo sabemos realmente?

No estamos lejos de la verdad cuando afirmamos que el comportamiento y la indumentaria definen en gran medida a un clown, pero son únicamente su envoltura superficial. Detrás de ese ser peculiar que vemos frente a nosotros, existen otros elementos que conforman su esencia y que lamentablemente se han diluido en el limbo de tener ciertas cualidades histriónicas, alguna vis cómica y pensar que con eso ya están aptos para hacer reír.

Sin embargo, un acercamiento más profundo a este tema permite comprender que el del clown es un arte que se ha banalizado y mercantilizado en nuestra sociedad. Muchos lo han convertido en un negocio lucrativo, en detrimento de la más importante función del payaso: tocar la sensibilidad humana.

Desde la opinión de reconocidas personalidades del teatro cubano y de algunos de los más fieles exponentes de esta modalidad actoral, Granma se acerca al dilema de las verdaderas diferencias entre el payaso que se sustenta solo en el interés material, y el que parte de la ética actoral, la dramaturgia consciente y la necesidad de transmitir verdaderos mensajes a la gente.

¿CÓMO SE CONSTRUYE UN PAYASO?

No es necesario ser especialista en temas de teatro para comprender que cualquier actor o actriz, cuando encarna un papel, si lo hace desde la responsabilidad con su arte y el compromiso ineludible con el público, es capaz de cambiar de piel. Durante el tiempo que dura una puesta en escena, asume otra vida, otros conflictos, otra realidad.

Construir un personaje, no implica en absoluto parecerse a él. En otras palabras, es posible asumir valores, modos de actuación, normas de comportamiento, incluso un temperamento que nada tiene que ver con la verdadera personalidad del actor. En el caso del clown, aunque debe existir el mismo nivel de responsabilidad, ética y compromiso, el payaso y el actor son una misma persona. El uno, no puede existir sin el otro.

Así lo afirma un hombre que, como muchos, comenzó siendo un payaso de fiestas y cumpleaños, pero luego,decidió dar un paso adelante, porque comprendió la necesidad de dignificar un arte tan antiguo y tan vilipendiado. Quizá ese sea el mayor mérito del grupo que fundó y que hoy ha pasado a ser paradigma del clown en Cuba, Teatro Tuyo. Ernesto Parra, su director, sabe muy bien de qué se trata el nacimiento de un payaso.

Un espectáculo de clowns necesita dramaturgia, estética y un ejercicio consciente por parte del actor en función del mensaje, como en cualquier otra modalidad teatral. Foto: Leidys María Labrador Herrera

«Los actores en nuestra profesión tenemos la capacidad de abordar vidas desde un personaje. El actor del teatro dramático va a encarnar un médico y no necesariamente tiene que haber estudiado  Medicina, puede encarnar el rol de un borracho y ser abstemio, pero en el caso del clown la diferencia, que no es tácita, sino solamente la adecuación a este concepto de la actuación, es que sí, estamos interpretando un personaje que es el payaso, pero se ha fabricado con las propias características del actor. No existe un distanciamiento entre el personaje que voy a interpretar y la persona que soy.

«En cualquier caso, el actor que haga un payaso, ya sea en un cumpleaños, un teatro, un circo... cuando termina la representación vuelve a ser la persona normal que va para su casa a enfrentar su rutina, pero lo que sucede es que ese personaje se construye desde sus propias características sicofísicas. El ejemplo mítico es el de Charles Chaplin, que construye un Charlot a través de sus propias vivencias».

Una opinión similar la comparte el joven Adrián Bello Suárez, quien ha llevado adelante todo su crecimiento actoral en el grupo Teatro Tuyo.

«Mi payaso se llama Belo, y empecé a encontrarlo después que llevaba ya algún tiempo en el grupo. De hecho, yo diría que a él le falta muchísimo todavía. Yo he bebido de Belo y Belo de mí, pudiera decirte que vamos de la mano andando un mismo camino. Porque de eso se trata el arte del clown, de encontrar al payaso que todos llevamos dentro, pero que es único para cada persona, y construirlo con tus propias emociones, sentimientos…».

Tales experiencias demuestran que interpretar un payaso es más que una nariz roja, y quizá sea desde ese desconocimiento de donde parte la visión superficial de los que creen que vestirse de colorines y dar tropezones sin sentido, es ser un clown.

LA DEFORMACIÓN DEL VERDADERO PAYASO

Los niños están sentados en espera de la presentación. Los papás del cumpleañero también están ansiosos por ver al protagonista que, sinceramente, les ha abierto un hueco en el bolsillo. Llega la hora, pero no hay música de cornetas ni platillos, lo que comienza es el estruendoso reguetón y el susodicho payaso sale meneando la cintura en un acto que nada tiene de comicidad sino que raya en lo obsceno.

No digo que esta sea la generalidad. No podemos pecar de absolutistas y afirmar que todos los que hoy animan fiestas infantiles actúan de ese modo. Pero cuántos de nosotros no hemos vivido experiencias lamentables como esa. Lo más triste es que esa persona sigue realizando su «trabajo» y seguimos abriéndole las puertas de los cumpleaños.

Para el maestro Rubén Darío Salazar, director del grupo Teatro de las Estaciones, este proceso implica un retroceso cuando se habla del clown.

«El arte del clown en nuestra región, y en Cuba específicamente, ha sufrido una involución, porque es algo que mucha gente se siente con derecho de hacer sin una escuela, sin ninguna experiencia. Creen que simplemente sin nada de eso, pueden hacer de payaso. Pero lo peor es que la gente se lo cree, y les paga y los contrata y provocan una deformación de la profesión.

«Ser payaso ha sido durante mucho tiempo un arte vilipendiado, y yo no sé por qué, porque hemos tenido en nuestro país a gente con una historia potente en el clown, como Edwin Fernández, Trompoloco, que era un actor que asumía al payaso con una mezcla de lirismo y sátira impresionantes. Yo creo que eso se fue perdiendo, se fue deformando, fue involucionando, sin que nos percatáramos de que el arte del clown es la nueva comedia, si lo asumimos desde la seriedad, la disciplina y la constancia que implica».

LA BANALIZACIÓN, UNA PROBLEMÁTICA LATENTE
Una opinión similar la comparte el propio Ernesto Parra, para quien la banalización del arte del clown, es una problemática latente en la Cuba de hoy, sobre todo cuando se pierde, en función de una necesidad económica, la perspectiva real de un actor clownesco.

«No podemos decir que el arte del clown se haga de una única forma, ni que tenga estas o aquellas características típicas. El género clownesco, al decir del maestro Darío Fo (actor y escritor de teatro italiano, Premio Nobel de Literatura), es la preparación de un artista que llega a convertirse en un actor total y es el que transmite, desde el humor no como fin sino como medio, una emoción, una poesía, una idea, aborda una problemática. No es el payaso estereotipado, de gritos, de colorines, de saltos, de caídas, de tropezones, que aunque son elementos que utiliza para construir su dramaturgia, no constituyen su principal objetivo, que es en definitiva, llevar al espectador de la mano para llegar desde el humor a tocar el alma y a emocionar».

Vacío, falta de una comunicación real, directa con el público, y en no pocas ocasiones, una carencia total de herramientas para enriquecer el personaje, son algunos de los aspectos más notorios cuando se analiza este fenómeno de la «multiplicación» de clowns. La aguzada visión del maestro Roberto Gacio, toda una institución del teatro en Cuba, permite evaluar algunas de las debilidades más notorias que enfrentan esos payasos.

«Hay que investigar, profundizar, y tener una posición muy seria para transmitir mensajes, no tanto de la realidad social como de la existencia humana. Este, como otros fenómenos, está signado también por la pérdida de valores, el poco interés en la superación personal y colectiva y claro, el factor económico.

«La manera en que se puede salvar el arte del payaso está en darse cuenta de que hay que decir cosas desde la sensibilidad, desde la humanidad. El payaso y el clown, a modo general, también son como niños grandes, que hablan de cosas serias de adultos o cosas de niños, pero con mucha ternura».

Lógicamente, como otras disyuntivas similares que tienen lugar en el seno de todas las expresiones artísticas, no puede verse este proceso ajeno al contexto social, ni divorciado de las realidades cotidianas o de la forma en que la gente percibe el mundo que le rodea, aspectos a los que concede gran relevancia el investigador, crítico teatral y director de la revista Tablas-Alarcos, Omar Valiño Cedré.

«Hay dos dimensiones diferentes del problema. La abundancia de los clowns, que en realidad no lo son, no se debe de ver como algo excesivamente pernicioso. Es sencillamente una realidad económica, donde personas que tienen cierta capacidad para la animación, el entretenimiento y el mundo actoral, buscan ese refuerzo económico de su oficio, aunque no sean necesariamente un payaso; y está por supuesto, la dimensión que representan Teatro Tuyo y otros grupos y entidades artísticas, que es la dimensión del clown verdadero, del payaso como un oficiante muy singular del arte escénico.

«Ser payaso es algo máximo en las artes escénicas. Un verdadero payaso mueve una cantidad de energía, de metáforas, de símbolos, de capacidades a su alrededor que difícilmente pueda lograrlo otro material escénico. Yo creo que los retos están, para todos los que quieren evolucionar de un lado al otro, en saber técnica, espiritual e intelectualmente, qué es un payaso y formarse. Saber cómo ser actuales, cómo ser efectivos a nivel de comunicación y cómo establecer nuevos pactos, nuevos nexos con ese público que no es el de hace determinados años atrás».

Esa es precisamente la perspectiva de un grupo que ha logrado repletar teatros, ser amado por grandes y chicos y convertirse en referente obligado siempre que en Cuba se habla del digno oficio de payaso.

TEATRO TUYO, UNA IMPRONTA PARA EL ARTE DEL CLOWN

Un estreno ha sido anunciado, el teatro se queda chico, ha sido demasiada la afluencia. Todas las lunetas están ocupadas, pero aún quedan cientos de personas afuera. Ante la pregunta de ¿y ahora?, el grupo toma una decisión, habrá funciones durante la noche, mientras quede público esperando para verlas.

Hace varios años, cuando junto a tres compañeros de clase realizamos, como ejercicio académico, el documental Soñando entre bambalinas, dedicado a este grupo de seres emprendedores e incansables, una frase quedó grabada para siempre en mi memoria: «nuestro teatro es tuyo», esa máxima ha sido siempre la meta cimera, como afirma su director Ernesto Parra.

«No hacemos el arte desde nosotros y para nosotros, lo hacemos desde nosotros, pero como un servicio público. El teatro es un bien público, un servicio que se presta a las personas que vienen buscando un mensaje esperanzador. Es desde ese punto desde donde parten los espectáculos, desde esa naturaleza propia de encantar y emocionar a través del humor. Ahí está la misión fundamental no solo de Teatro Tuyo, sino del que, desde una manera comprometida se acerca a este género. El clown viene todavía a recordarnos lo mejor que tenemos los seres humanos».

 Sin embargo, su accionar no se ha quedado solo en la superación de los actores y en la apropiación de recursos estéticos cada vez más enriquecedores, sino que ha contribuido a dignificar el clown desde diversas maneras.

«Nos hemos embarcado en importantes empeños que ya hoy tienen frutos, un ejemplo de ello fue la realización del Cuarto Taller Internacional de Payasos. Contribuimos también con la idea de que las técnicas del clown fueran incluidas en un semestre de la carrera de nuestras escuelas nacionales de teatro y eso es un gran paso de avance, y ahora podemos decir con todo orgullo que, a partir de septiembre, abrirá en Las Tunas la Escuela Nacional de Payasos».

Más allá del fenómeno de los «clowns por cuenta propia» y todos los análisis que ello genera, creo que con este debate se trata de reconstruir desde la profesionalidad la mancillada imagen del payaso. Fundar proyectos perdurables, serios, que puedan dedicarse por entero a ese arte, es una necesidad.

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Gualterio Nunez Estrada dijo:

1

30 de marzo de 2018

09:22:13


Este aspecto de la banalizacion de la cultura que se da a partir del mundo occidental y ha sido denunciado por Vargas LLosa depende de la cultura de la poblacion. En Rusia, por ejemplo, se considera al payaso como la maxima expresion de la actuacion y se le venera y respeta como un profesional integral de valores referenciales para todos los creadores y artistas. Si hacemos referencia a la enfermedad de la cultura occidental actual un payaso no vale nada ante el valor de diseno de la etiqueta de una lata de tomate de venta rapida. El problema de la pobre conceptualizacion esta en relacion con una vida cultural limitada y poco acceso de la poblacion al verdadero arte lo cual la deja inerme en manos de los banalizadores sin ninguna formacion profesional, ni etica.

yane dijo:

2

2 de abril de 2018

09:07:03


Muy buen artículo, desde que tengo niño y voy a cumpleaños y teatros, sufro por el problema de nuestros payasos y no es que los contratemos porque sí, en mi caso particular despues de mucho reunir quise regalarle a mi niño una fiesta con payasos cuando cumplió 5 años, traté de buscar un payaso de verdad, pero me costó mucho trabajo, porque esos de verdad cobraban muy caro, entonces encontré uno no del todo malo, pero no era lo que yo hubiera querido, ahora el payaso se para delante de los niños, ponen la música, él mueve la boca, cuenta unos cuantos chistes, que solo entienden los adultos y luego a sacar niños para competir en juegos absurdos y que los papás le den regalos, el otro día vi uno que fue el colmo, competencia de baile de reggeton y burla hacia los niños, luego sacó un niño lo hizo jugar y le entregaba regalos cada vez que hacía algo bien, luego al equivocarse en algo le quitó los regalos, menos mal que el niño ni lloró, bueno acostumbro a llevar a mi niño al teatro El Arca, allí vimos un payaso sin ética alguna, habían muchos niños hablando porque el teatro es gratis y acuden niños de La Habana Vieja que van solos ya que viven cerca, bueno el payaso hizo que encendieran las luces y le pidió a la acomodadora que sacara a ese niño, suerte que el público protestó, lástima que no recuerde su nombre pero se que se presenta en el antigüo cine Pionero de San Lázaro.

YAREMIS dijo:

3

7 de abril de 2018

17:22:47


Pienso que estos mismos compañeros de Teatro Tuyo en conjunto la Direccion Nacional de Cultura, deverian de crear una via para que uno los contratace a ellos mismos para las fiestas, siendo un % para el teatro y otro sumado al pago de cada actor segun resultados de trabajo. Seria como una cooperativa cultural, asi prestan un buen srvicio, el cliente y los niños estaran complacidos y el centro recaudara fondos para sus necesidades de trages, reparacion de locales y teatros. TODOS ESTAREMOS COMPLACIDOS. PIENSEN EN ESTA PROPUESTA . SE PAGA, MIENTRAS SE RECIVA UN BUEN SERVICIO.

Raul Rscobar dijo:

4

13 de abril de 2018

13:14:54


Un gran artículo, mie felisitaciones para el Teatro Tuyo y en especial para Ernesto por tu empreño y dedicacion a esta obra, pues la vi nacer en los años 99 si mal no recuerdo, recortando esponjas, formandos titeres y conformado al Gran payaso Papote. Saludos y que continues crecioendo Raulito