ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Un singular binomio conformaron, en esta temporada de Giselle, Gretel Morejón y Rafael Quenedit, en los protagónicos. Foto: Leysis Quesada

Excelentes y también juveniles bailarines ganan día, tras día, en la escena, el derecho de entrar en la historia del ballet. No son legiones. Cuán breve el número, además, de los que son capaces de hacer época. Ellos son la llama misma de la danza. Para quien sea capaz de sobrepasarlo, un honor, una emoción. Pero en el ballet cubano, un compromiso imponente se suma por el singular magisterio, el inimitable poder de la danza y la maravilla creativa que desborda la leyenda viva de nuestra Alicia.

PRIMEROS APUNTES

Durante esta temporada de Giselle, por el Ballet Nacional de Cuba (BNC), que ocupó dos fines de semana en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, pasaron figuras reconocidas y otras más jóvenes. Hubo debuts en algunos personajes, pero apreciamos también interesantes simbiosis de parejas consagrados/noveles que se entregaron con pasión. Anette Delgado/Rafael Quenedit –Giselle/Albrecht-, respectivamente, abrieron las jornadas. Lirismo efervescente, inteligencia en el baile, nivel interpretativo, matices estilísticos y técnica cuidada al máximo, constituyeron signos muy evidentes de la primera bailarina, quien evidenció su alta clase. Él ha crecido bastante en la escena, matizó su personaje del lado interpretativo, amén de la elegancia nata de su presencia como danseur noble, que anota puntos a favor, sin olvidar el aspecto técnico, que coronó con un desempeño equilibrado y preciso.

Un binomio que ya marca pautas: la primera bailarina Viengsay Valdés y Patricio Revé, en los protagónicos, se entregaron en cuerpo y alma. Bravura técnica, lirismo, fuerza e inteligencia se conjugaron en la función. Viengsay, como ocurre habitualmente, venció las escabrosas técnicas, y más que concluir en la proeza de determinados pasos, llega a escribir la poesía de la unión de la danza con la música.

Patricio se creció en muchos momentos. Inspirado, e inspirador también del colectivo, aportó, durante toda la función, un personal fraseo, máxime en la labor de pareja que fue de altos quilates. Extensiones desarrolladas armónicamente y saltos, definieron su coherente actuación que matizó su siempre limpio respeto por las posiciones clásicas y elegancia en los movimientos.

Gretel Morejón dejó una hermosa estela en sus dos actuaciones brillando en Giselle. Bailó, interpretó y aportó lo establecido en el difícil papel, regalando frescura y serenidad escénica, nivel interpretativo y, sobre la base técnica, aprovechó las posibilidades, entendiendo cuál es el justo medio entre virtuosismo danzario y expresividad artística. ¿Momento estelar? Sin duda, la inolvidable escena de la locura, al final del primer acto. Junto a ella, Rafael Quenedit destacó también, siendo signo de la función el diálogo de pareja, la sutil interpretación, y en su baile sobresalió en los saltos, caracterizados por el suave vuelo y descenso, sobre todo.

El estilo que hoy en escena nos une con las antecesoras, una línea perfecta y armónica, la manera de manifestarse en los rasgos expresivos del personaje, máxime en el segundo acto, y mucha elegancia..., fueron cualidades «tejidas» por Sadaise Arencibia en su Giselle, quien la interpretó junto con Raúl Abreu (Albrecht). El joven bailarín realizó una labor bastante encomiable como acompañante que signó su actuación, mientras que en los solos, del lado técnico, debe trabajar un poco más perfeccionando los movimientos y hacerse sentir con más fuerza en la escena.

APUNTES SECUNDARIOS

A diferencia de otras versiones, la nuestra –de Alicia Alonso sobre la original de Jean Coralli/Jules Perrot–, no solo destaca a la protagonista. Cada personaje tiene un papel que desempeñar. Myrtha, la reina de las Willis, tuvo cuatro intérpretes, dos de ellas de estreno. Ginett Moncho, dueña del estilo y majestuosa, conjugó a la perfección arte y ejecución. Claudia García, imponente en su empaque soberano y gran fuerza de ataque, parecía flotar en las tablas; y las debutantes Ely Regina, con mucha seguridad, sorteó un matiz vengativo y lo incorporó con su técnica, aunque en la primera semana el maquillaje, demasiado exagerado, restó visualmente a la Myrtha. Chavela Riera, con su bella presencia, pulcritud extrema en la ejecución y sangre fría, demostró madera para el papel que deberá de ahora en lo adelante ir estudiando, del lado interpretativo para matizarlo más. Myrtha tiene digna descendencia en el BNC.

El Hilarión fue espléndidamente representado en esta ocasión por dos bailarines: Ernesto Díaz, dibujó sus tonos dramáticos con profesionalismo, se siente con peso en la puesta, mientras que el joven Ariel Martínez, en su debut, lo asumió con fuerza y pasión, porque aunque ama, su odio es más fuerte, para dejar una grata estela en el mismo. Con donaire/altiva presencia vistió a la Bathilde, Ginett Moncho, un personaje que encontró en esta puesta otras dos buenas intérpretes: Yiliam Pacheco y Chavela Riera –debutante en el mismo. Berthe, la madre de Giselle vivió un excelente instante en Aymara Vasallo, quien expresó mímicamente sus temores. Es menester referirse aquí a la corte que acompaña al Príncipe de Courtland –siempre muy bien caracterizado por Félix Rodríguez. La primera semana no se sentía en las tablas, eran inexpresivos y sin la gestualidad que amerita, incluso tenían dudas por donde abandonar el escenario… En el caso del pas de dix, del primer acto, a medida que pasaron los días fue cohesionándose en cuanto a homogeneidad y técnica en el baile, sobre todo en la segunda semana, pues en la primera, se observó del lado masculino, y en algunos intérpretes,  contratiempos en cuanto a la labor de pareja, algo en lo que se debe puntualizar en los noveles bailarines. Bailan perfectamente en los solos, pero hay que fortalecerlos, físicamente, para lograr la perfección, especialmente en las cargadas, algo que puede echar por tierra el excelente trabajo de una pieza como esta.

No por azar el auditorio ovaciona –algo inusual en otras obras– al cuerpo de baile en el segundo acto, por la precisión y coherencia, en el baile de las Willis que roza la perfección, y siempre en estilo, dentro de la atmósfera requerida, lo cual no es fácil de lograr por la complejidad del movimiento escénico.

Una verdadera joya estilística que es necesario subrayar. La Orquesta Sinfónica del GTH Alicia Alonso, dirigida por Giovanni Duarte, alcanzó un buen desempeño en la interpretación de la hermosa partitura de Adams. Fue más lo positivo de la agrupación en estas jornadas, no sin algunos desajustes del lado de los metales. Pero, por supuesto, nada empañó el buen desenvolvimiento de las funciones de Giselle, obra que conjuntamente con Don Quijote viajarán de la mano del BNC en una importante gira por varias ciudades norteamericanas (Washington, Chicago, Tampa y Sarasota, estas dos últimas en Florida), durante los meses de mayo y junio del presente año 2018.

APUNTE DE CIERRE

El público mucho admira el joven talento del BNC, pero amar exige sacrificios para cuidar la labor creativa en la escena.  ¿Por qué cortar con aplausos y otros sonidos el mundo que ellos van tejiendo, si al finalizar el acto no hay límites para esas expresiones? ¿Por qué no apreciar su trabajo hasta el final, sin empujarlo? ¿Y esos ruidos que por diversos motivos, hasta de bebés llorando, inundan la sala y conspiran contra la magia del espectáculo?

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