ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La obra de Rivero se nutre de un imaginario muy suyo.

No sería correcto decir que Silvia R. Rivero llegó tarde a la pintura, porque para quien –como ella– las formas visuales constituyen una prolongación de la poesía, y en ese estado poético ha vivido desde siempre, debe verse como un hecho natural que de la palabra saltara a la imagen, y terminara por intercambiar las metáforas propias de ambas instancias de la creación.

Atendiendo a esta última cualidad, el despliegue de imágenes dibujadas, pintadas y corporizadas en la galería Artis 718 del Fondo Cubano de Bienes Culturales (7ma. y 18, Playa) ha impresionado y calado profundamente en la pupila de los espectadores, como antes lo hizo en Madrid, Lisboa y París.

Ofrendas es la objetivación de diversas miradas que se dirigen a la plasmación de una honda y sentida espiritualidad vinculada a la percepción de la artista sobre la necesidad  de recrear mitos, auscultar sueños y revelar misterios en una época donde tales proposiciones devienen signos alentadores de la vigencia de los valores humanos.

El rico mundo interior de la Rivero se corresponde con el entorno inspirador de su obra: una familia en la cual la cultura no es lujo sino razón de ser y pertenecer. Su madre, Cuca Rivero, transmitió a varias generaciones el buen gusto por el canto. Sus suegros, Fina García Marruz y Cintio Vitier, son almas tutelares de la poesía mayor y del núcleo de identidad insular. A su lado, largo y hermoso amor, el notable pianista y compositor José María. Y luego está el inolvidable Eliseo Diego, el inefable Sergio, los primos… y muy importante, la descendencia. A Rapi Diego, pienso, le habría fascinado estar en la galería ante las Ofrendas, por el avecindamiento en sensibilidad y oficio.

Pero, a fin de cuentas, estos datos no pasan de ser menciones complementarias. La obra de la Rivero vale y se determina por sí misma, en tanto se nutre de un imaginario muy suyo que ha sabido encaminar en sus trazos, figuraciones y texturas (las maderas pintadas recuerdan los retablos del barroco americano), en un proceso que a medida que avanza en el tiempo, gana en síntesis y decanta la tentación por el ornamento.

Alguien ha hablado de candor e intuición en estas realizaciones. Cabría mejor referirnos a la concreción de inteligencia emocional y sinceridad  expresiva. La Rivero pinta lo que siente y cultiva y ofrece lo que pinta y cosecha.  

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

Frank chinea inguanzo dijo:

1

13 de febrero de 2018

22:47:04


Silvia siente PRImero y despues pinta,El artista es importante que suelte su alma en la obra! Ella no la prestar,SI no,la regala,cada VES que pintar! Espero un dia no muy lejano,poder Verla en su trance,y de Paso,saludar a su lienzo,que es su otro artista... Frank chinea inguanzo