ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Dunia Álvarez Palacios

Dos años después de haber asumido idéntico programa en La Habana, el guitarrista Joaquín Clerch, en su doble condición de solista y director, despidió la temporada sinfónica de 2017 en la sala Covarrubias con la entrega de obras que clasifican entre las más destacadas partituras escritas para su instrumento en el siglo XX: el Concierto, del brasileño Heitor Villa-Lobos, y Fantasía para un gentilhombre, del español Joaquín Rodrigo.

En esta oportunidad, mucho más compenetrado con la Orquesta Sinfónica Nacional como se evidenció en el balance sonoro y la empatía entre la emisión colectiva y el discurso del instrumento solista, el programa quedó registrado por Producciones Colibrí, que pondrá a circular en los próximos meses un fonograma que incluye la grabación del concierto en vivo.

Foto: Dunia Álvarez Palacios

Villa-Lobos (1897 -1959) tuvo una relación intensa y particular con la guitarra. La primera obra de su catálogo compuesta cuando apenas contaba 12 años de edad, fue una mazurca para un instrumento que para él significó una puerta de entrada al universo de las canciones populares que definían el sonido carioca de las primeras décadas de la pasada centuria. Uno de sus mejores amigos, Zé do Cavaquinho, gozaba de altísima reputación entre las bandas de choros que animaban las fiestas en Río de Janeiro. Cuando emprendió la escritura de la monumental serie Choros, 16 piezas que revolucionaron la música de concierto en su país, la primera fue dedicada a la guitarra.

El Concierto para guitarra y orquesta, desarrollado entre 1951 y 1955, fue concebido para que lo interpretara el más célebre guitarrista de su tiempo, el español Andrés Segovia. Comenzó siendo una fantasía concertante, pero por exigencia del propio Segovia, que quería una cadencia tan elocuente como la que el maestro brasileño dispuso para el arpista Nicolás Zabaleta en su concierto para ese brillante solista, Villa-Lobos lo transformó en la obra que hoy conocemos.

Conocedor de las contribuciones de Villa-Lobos al lenguaje guitarrístico –además de las obras citadas pesan los estudios y preludios– Clerch transmitió una versión sumamente depurada del Concierto, sobre todo de una cadencia que requiere ser entendida como un puente entre las partes y no como un añadido virtuoso.

Foto: Dunia Álvarez Palacios

Para muchos a Joaquín Rodrigo le hubiera bastado componer el Concierto de Aranjuez (1939) como garantía de eternidad. Pero lo cierto es que no paró ahí y concibió otras páginas memorables para guitarra y orquesta, entre ellas Fantasía para un gentilhombre, eso sí, 15 años después de su partitura más reconocida.  También aparece Segovia como receptor de la obra, estrenada por este en San Francisco con la Sinfónica de esa ciudad norteamericana en 1958.

Al bucear en el legado del compositor y guitarrista Gaspar Sanz, Rodrigo halló piezas dignas de ser recreadas y reconceptualizadas en la Fantasía. El mérito de Clerch al abordar una obra que ha sido grabada por los mejores guitarristas de las últimas décadas consiste en descifrar con una sabia combinación de elegancia y energía, equilibrada proyección sonora y emoción poética, la cualidad esencial de una partitura que honra el linaje de la vieja Castilla con un refinado sentido de la modernidad, que el guitarrista cubano, el más destacado intérprete de su generación, inserta en la sensibilidad de nuestros días.

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