ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El joven Viglietti junto a Silvio en La Habana. Foto: Segundacita.blogspot.com 

Mirando los intereses de una influyente mayoría de adolescentes y jóvenes cubanos, sobre todo lo relacionado con sus prácticas culturales  y búsquedas sonoras, me pregunto a cada rato qué pasará con las canciones de Silvio, Pablo, Santiago Feliú, Varela y Polito en un futuro no muy lejano. Todavía hoy existen miles  de cubanos en la Isla y en muchos rincones de este planeta que se mueven con los temas  antológicos de estos trovadores  que definieron una buena parte de la música del país. Pero qué sucederá con el definitivo asentamiento de los tiempos que ya  transcurren, cuando nosotros también seamos parte del pasado y la vida,  tal como le entendimos,  ya no exista. Lo más relevante, no obstante, es si en verdad estos trovadores han sentido miedo alguna vez,  ese miedo atroz a que sus canciones, nuestras canciones, no permanezcan y que los jóvenes que vengan no las tengan en valor o peor aún, que sean habitualmente condenadas a actos de ocasión, a la reiteración desmedida y al agotamiento.

Es sabido que la desazón, al menos en ese caso, nunca ocupó la agenda  de estos músicos que hicieron (y hacen) lo suyo en la medida que le exigen los tiempos, los cambios, y sus propias interpretaciones de la realidad circundante. Digo esto, porque si bien ese posible panorama agreste no ha llegado, ya sucede algo  muy  similar con la canción latinoamericana y con varios de sus mayores representantes. Hace poco estuve conversando con algunos amigos sobre Daniel Viglietti y apenas les decía algo el nombre del cantautor uruguayo fallecido el pasado octubre  a los 78 años, tras haber desarrollado una de las carreras musicalmente  más deslumbrantes de América Latina,  con una fuerza y resistencia producto de su compromiso con las mayorías  excluidas.

El cancionero de Viglietti es tan rico como las historias que cuenta.  Su obra, sin embargo,  se conoce muy poco en Cuba por parte de un público mayoritario, entre otras cosas porque no hemos sabido hablar de estas piezas de arte mayor en términos atractivos que logren expandir la mente, alejados de los dogmas, los libretos establecidos y los panfletos de ocasión que más temprano que tarde, ustedes y yo lo sabemos muy bien,  provocan un fatal distanciamiento.

Admirado por Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Víctor Jara, Chavela Vargas, Isabel Parra, Silvio Rodríguez... Viglietti fue uno de los autores más completos de la canción latinoamericana. Guitarrista de numerosos recursos, voz potente, compositor  inagotable, el uruguayo resumió en su obra toda una época en América Latina, sacó a luz las verdades ocultas desde los gobiernos y dictadores con una elaborada altura poética y, por su afincado compromiso político,  podía haber ocupado el lugar de Víctor Jara en el Estadio Chile. El músico creció en tiempos en que la trova era otro enemigo del poder y sabía que una canción puede enseñar más que toda una vida en la escuela.

No se podía separar al músico del luchador político. Era el mismo tanto en los escenarios como alejado de las luces. De hecho, por su radical postura, cayó preso en 1973 tras el golpe militar en Uruguay. Viglietti,  no obstante,  estaba en el centro de la ebullición cultural de las corrientes más vanguardistas de la época y su liberación fue reclamada por figuras como Jean Paul Sartre, Julio Cortázar y François Mitterrand. Tras su salida de la cárcel, se vio obligado a un largo exilio en Francia hasta su retorno a Montevideo en 1984.  Ya a su regreso mantuvo una pródiga obra repartida entre la música, el periodismo, la promoción cultural, entre otros muchas aristas que tuvieron como rasgos esenciales  su visión de que la política debe servir  para darle posibilidades de bienestar, desarrollo y participación real a  todo el pueblo. Y en esa búsqueda logró un raro equilibrio entre la rabia y la belleza, esa misma de la que habló Luis Eduardo Aute en uno de sus clásicos.

No hay un músico de su generación o de generaciones posteriores que con puntos en común con la canción latinoamericana no haya mencionado entre sus influencias al cantor uruguayo. En cualquier caso, saben los que lo conocieron, que no era de prestarle atención a las loas o a los tributos.  Lo de él era mantenerse componiendo y cantando esas canciones que ayudan a comprender cómo una generación trató de cambiar las cosas sin  largarse y el resultado se percibe hoy: un montón de temas  que sentaron cátedra y nos recuerdan las lecciones de esa historia que permanece como un recordatorio.

Para más señas, era sencillamente un hombre común con una guitarra, que con su boina habitual nunca dejó de estar entre esa gente que siguió oyendo sus canciones porque era una forma de dar fuerzas a lo que creían.

Mezcla de trovador y concertista, Viglietti tuvo una estrecha relación con Cuba, La Casa de las Américas  y los músicos de la Nueva Trova. Incluso participó en la temprana fecha de 1967 en el Primer encuentro de la Canción Protesta en Casa de las Américas, una jornada de la que se cumplen 50 años  y que ejerció una particular influencia en el movimiento de la Nueva Trova y en otras vertientes de la cultura latinoamericana.

Muchos son los títulos que sobresalen en la obra del uruguayo como A desalambrar, La patria vieja, El chueco Maciel, o Canción para el hombre nuevo. Hay una que cobra particular  fuerza por su  compromiso y  su elaborada indagación  en el folclor. En Canción para mi América ilustra una buena parte de su universo simbólico y lo devuelve en todo su esplendor.

La canción  es otro de los clásicos de ese trovador que pertenece a los territorios sonoros más vastos del mundo como todos los grandes cantores,  esos que aunque algunos  desde  el poder político se empeñen en dar relieve a la apariencia de la realidad por encima de la propia realidad, permanecerán para poner la verdad sobre la mesa y, como cantó alguna vez Santi, de lo vivido, renacer.

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Raquel dijo:

1

6 de diciembre de 2017

05:27:09


Muy necesaria y oportuna la nota Michel. Hay que salvar lo que nos salva. Gracias.

Katiuska dijo:

2

6 de diciembre de 2017

08:58:41


Escrito con la excelencia de las honduras, el alma y la belleza, con el ansia de todo eso para Cuba, para su gente

Francisco Rivero dijo:

3

6 de diciembre de 2017

09:23:11


Sr.M. Hernández, gracias por su texto. Un saludo fraterno.

Carlos Manuel Manso Camero dijo:

4

6 de diciembre de 2017

11:25:44


Por que ya no se oyen las canciones de silvio y este donde esta que ya no se ve.

jorge dijo:

5

6 de diciembre de 2017

12:35:32


Periodista, independientemente de lo válido del tema tratado, la verdad es que el artículo, por el título y ese resumen introductorio del inicio, la verdad es que no se corresponde con lo que esperaba Usted tratara: prácticas culturales, intereses sonoros, qué pasará con la música de Silvio, Pablo,y otros. Usted solo habla de Viglietti, por qué no lo hizo claro desde el principio?