ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: del autor

BAYAMO, Granma.- Esta agitación de octubre que es la Fiesta de la Cubanía hace a Bayamo todavía más contagioso.

Genera en la ciudad un caos maravilloso de gente en todas direcciones y a velocidad distinta, rumbo a una plaza, a un portal, a una galería, a un teatro, a una conferencia magistral o algún concierto.

No hay un ritmo monocorde, sino una mezcla de compases marcados por la manifestación a que se acuda: ahora un toque de rumba, luego el sonido del órgano oriental, la risa de los niños ante un guiñol, el silencio de una galería de arte, la voz de Torres Cuevas diciendo el hombre que fue José Antonio Saco, los acordes de un jazz o una guitarra que vibra tentada por La Bayamesa.

Lo único constante, inamovible, es la condición de lo cubano; como la clave, -tan nuestra- en el trasfondo de un son.

Todas las noches hay conciertos en el justo centro de la plaza histórica en que se cruzan las miradas de Céspedes y Perucho: primero Raúl Paz, anoche Polito Ibáñez, otros hoy y mañana, como confirmación de que la mejor historia no puede ser cosa aparte, sino compañía para todo.

Del concierto de Paz –ya en madrugada-, hubo jóvenes que fueron a parar con sus ojeras a escuchar de Martí; porque Pedro Pablo Rodríguez siempre lo trae hecho carne y sentimientos, por encima del héroe y del mito.

Es un Premio Nacional, sí, dos veces, de Historia y de Ciencias Sociales, pero parece un amigo el que habla, testigo de sus actos grandes.

“La razón de vida de Martí fue trabajar por el bien colectivo, por el bien mayor de los hombres, que es su más alta enseñanza a este mundo moderno confuso. Ser cubano en este mundo es un orgullo, y hay que vivir con esa gloria y orgullo, pero esencialmente con la sencillez de país pequeño que trabaja para hacerlo mejor, diferente, de todos, como el que quería Martí.”

Y El Apóstol también está en el arte plástico que convocó la fiesta bayamesa. En los salones del Museo Provincial lo situó Kamil Bullaudi sobre el plumaje de un gallo, al brazo de la Caridad del Cobre, en un tríptico místico, con Gómez y Maceo, y los jóvenes que callan y admiran, con las ojeras del concierto y el Martí de Pedro Pablo en el bolsillo.

Foto: del autor

Este miércoles también, a la vera de la ventana de Luz Vázquez, que escuchó por vez primera La Bayamesa de Céspedes y Fornaris, Lynn Milanés presentaba un disco homenaje al autor de la otra Bayamesa, y esa propia noche Sindo Garay pareció que estuviera con ella en su concierto.

La Cubanía, como llama la familia local a esta gran fiesta, cumplió por segunda fecha una jornada de lujo, en la que no faltó un libro presentado, un desfile de moda, un circo, un espectáculo de humor, una revista nueva, un paso de danzón, una feria artesanal, una descarga de trova, o una estatua viviente cada cincuenta metros del lustrado paseo bayamés, con Celeste Mendoza, Pedro Junco, Rita Montaner, Joseíto Fernández posando en selfies y páginas de Facebook de cuanto transeúnte escogiera celebrar así, también, su cubanía.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.