ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El Indio Naborí. Foto: Ricardo López Hevia

Nunca conocí a nadie capaz de escribir en el  barullo de una redacción con tanto ensimismamiento como el Indio Naborí.

Escribir poesía, artículos y reportajes.

Era 1961 en el periódico HOY, tenía 15 años y había comenzado a trabajar en la imprenta como aprendiz de caja. Muchas veces, al entrar en la redacción con  las pruebas de páginas, veía  a un hombre tecleando con dos dedos y concentrado al punto de que el cañonazo de las nueve, disparado a su lado, no lo hubiera conmovido.

Terminada su faena –pronto nos haríamos amigos– el Indio Naborí se  desdoblaba en un ser simpático y ocurrente a quien Genaro, el regente del taller, siempre obsesivo con la hora del cierre, debía convencer de no entretenernos  demasiado.

En ese entonces el Indio dirigía  una página agraria y escribía una poesía diaria en una sección que, si la memoria no me falla, llevaba por título Al son de la historia.

Se vivían momentos tensos –antes y después de la invasión norteamericana por Girón– y el traje de miliciano se imponía como prenda cotidiana que, por mucho tiempo, Naborí haría suya. Una madrugada me tocó hacer la guardia junto a él en la entrada de HOY. Una semana antes el periódico había sido tiroteado por su puerta trasera, desde donde se despachaban los paquetes de periódicos salidos  de la rotativa, y la noche no estaba como para ponerse a contar estrellas.

Pero fue una velada inolvidable escuchando al Indio  hablar de poesía y Revolución,  mientras no le quitábamos la vista a las sombras  de  la Avenida Carlos III.

En los años 80 tuve la ocasión de subir a La Plata, Sierra Maestra,  junto a un grupo de escritores: Recuerdo, entre otros,  a Fina y Cintio, Salvador Bueno, Dora Alonso, Gustavo Eguren, Manuel Cofiño, Miguel Barnet, Pablo Armando Fernández y el Indio Naborí.

Resultó una ascensión alegre y llena de anécdotas, porque todos, aun los de mayor edad, llegaron a la Plata, pero al recordar la aventura, y a los que ya no están, una imagen abarcadora relumbra concluyente: la manera apoteósica en que era recibido Naborí en cada vivienda campesina visitada a nuestro paso. Los residentes no lo querían creer, aplaudían, reían,  allí estaba su ídolo (no le temamos a la palabra) y para que no quedaran dudas de lo que aquel hombre significaba para ellos,  madres, padres e hijos recitaban poesías suyas, no fragmentos, poesías completas, mientras el Indio Naborí, modesto como era, escuchaba conmovido.

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Pérez Nápoles dijo:

1

2 de octubre de 2017

12:46:06


Nunca mejor tomado para sí un nombre artístico. Él, que venía de lo más humilde del campesinado, se autoproclamó como un naborí: el pedestal más laborioso de la indiada que cimentó nuestro pasado. El Indio Naborí vivirá siempre en la décima cubana y en sus cantores y escritores. -Gracias.-

Fernando Castro dijo:

2

2 de octubre de 2017

13:40:31


Naborí ni olvidado, ni muerto, siempre junto a su pueblo que no olvida su valiosa poesía.

abel dijo:

3

2 de octubre de 2017

16:44:32


Yo respeto mucho al Indio Naboría porque además de haber sido un excelente poeta era miembro, junto conmigo, del Batallón de Ingenieros del Municipio Plaza de las Milicias de Tropas Territoriales, donde nunca dejó de asistir y participar activamente en las maniobras que entonces hacíamos en las afueras de La Habana y en todos los entrenamientos a pesar de su edad. Ojalá todos los artistas fueras y sean como él, que defendía la Revolución con su sabiduría artística y también con las armas en la mano. Gloria al Indio y mis mayores respetos por lo que nos legó.

Xiomara Inerarity Ariosa dijo:

4

2 de octubre de 2017

18:43:50


Así era el Indio. Modestia y grandeza iban de las manos- Tuve el honor de conocerlo y gozar de su amistad. UN AÑO MAS INDIO

Daisy T. Rivero Leon dijo:

5

4 de octubre de 2017

08:24:25


Lo recuerdo con gran cariño. Era el poeta e mi campesina madre, adoraba sus poesias, sus versos sus sentimientos revolucionarios.