ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La ejecución de la transcripción para flauta del Concierto para violín (1940), del armenio-georgiano Aram Jachaturián (1903 -1978), por Alberto Rosas, en la última jornada dominical de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), permitió apreciar la conquista de un peldaño superior en la ascendente carrera profesional de este músico.

A los 28 años de edad, luego de haber egresado de nivel medio y superior bajo la tutela de Alberto Corrales y Niurka González respectivamente, y de figurar como uno de los más activos protagonistas en festivales y programas destinados a difundir la música de cámara, Rosas venció el desafío de transitar por una partitura de largo aliento y suprema dificultad.
Jachaturián, quien integró junto a Dmitri Shostakovich y Serguei Prokófiev la triada mayor de autores de la era soviética, pensó en un intérprete de lujo para el estreno de la obra, nada menos que David Oistraj. Entre los conciertos para violín y orquesta compuestos en el siglo XX, esa obra clasifica entre las más significativas, de ahí que la hayan ejecutado notables solistas, como el alemán Gerhard Taschner, el ucraniano Leonid Kogan, el polaco Henryk Szeryng y el israelí Itzhak Perlman.

A finales de los años 60, el célebre flautista francés Jean Pierre Rampal, de acuerdo con el compositor, transcribió el concierto para su instrumento, al tomar en cuenta tanto sus posibilidades virtuosísticas como expresivas.

Que un intérprete cubano, como Rosas, se haya lanzado en dicha empresa es de por sí un hecho meritorio. Que lo haya hecho con pleno dominio de las exigencias de una partitura a la medida de Rampal, es una buena noticia.

Como lo fue también que el programa de la OSN se completara con la Tercera sinfonía en Fa Mayor (1883), de Johannes Brahms (1833–1897), bajo la conducción de Enrique Pérez Mesa. Soy de los que defiendo la obligatoria presencia de lo mejor del repertorio europeo y de los clásicos y contemporáneos cubanos en la programación habitual de los organismos sinfónicos del país. En cada temporada hay que pasar por las sinfonías de Haydn, Mozart, Beethoven, Brahms, Chaikovski y Mahler, al igual que por Caturla y Roldán, Ardévol y Gramatges, Martín y Diez Nieto, Brouwer, Valera y Fariñas. Es una manera de ganar consistencia en la proyección artística de las orquestas y de modelar los públicos.

El tercer movimiento removió recuerdos en parte del auditorio, con ese romanticismo crepuscular que ha sido llevado al cine, pero vale la pena el recorrido completo por una de las obras más sólidas de Brahms.

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Alejandro dijo:

1

3 de octubre de 2017

15:24:30


Es un excelente musico y amigo. Me alegra mucho que Albertico pueda deleitar al publico y a loa críticos con su música.