ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

De entre un montón de viejas películas a escoger para atenuar una tarde sin demasiadas provocaciones, salta como una liebre Hiroshima mon amour (Alain Resnais, 1959).

El clásico reverenciado en cuanta pantalla pudo verse, luego de ser premiado en el Festival de Cannes, obliga, por su renovada actualidad, a detenerse en él a casi 60 años de su realización.

A Resnais le dieron en 1957 el encargo de realizar un documental sobre las barbaridades de la guerra y los peligros de la bomba atómica. Fue más allá y se apoyó en un guion de Margarite Duras que habla de una actriz francesa (Emmanuelle Riva) que conoce en la ciudad de Hiroshima a un arquitecto japonés (Eiji Okada). El amor se prende de ellos durante las pocas horas en que están juntos y ya en las escenas iniciales veremos, primero, dos cuerpos evocativos abrazados bajo una lluvia de cenizas radiactiva y, casi de inmediato, los cuerpos de ellos mismos sudando en la intimidad de un hotel. «No has visto nada en Hiroshima. Nada», le dice él, y ella le replica: «Lo he visto todo, todo».

Al día siguiente la actriz, que ha estado rodando un filme sobre la paz, deberá irse y él hará todo lo posible por que se quede. Ella ha conocido la Hiroshima de agosto de 1957, 12 años después de la bomba lanzada por Estados Unidos, y le ha sido suficiente para que en el lecho  amoroso la sufrida voz le brote en off mientras pasan las escenas ante el espectador: el hospital, todavía con víctimas del ataque nuclear, el  museo levantado para que no se olvide lo que nunca más deberá repetirse, el respeto de los vivos por sus muertos durante los actos conmemorativos y, principalmente, imágenes reales de niños, mujeres y hombres cuyas vidas quedaron destrozadas por la locura de la sinrazón política.

«He visto –dice ella– cabelleras que las mujeres de Hiroshima recogían enteras por la mañana», y habla del calor sentido en la Plaza de la paz, donde con la bomba se alcanzaron los diez mil grados, y seguirá enumerando atrocidades, hasta que la voz mesurada de él volverá a repetirle: «No has visto nada de Hiroshima».

En días en que los tambores apocalípticos vuelven a calentarse mostrando una amnesia vergonzosa hacia el pasado, Hiroshima mon amour reafirma la misma capacidad de inquietar a generaciones que, hace 60 años, buscó el maestro Resnais en su película.

Le pidieron hacer un filme sobre la guerra y la bomba atómica y respondió con una compleja y bella historia de amor imposible que habla igualmente del poder, la pérdida, la necesidad de entregarse el uno al otro, la fragilidad, la tristeza y los recuerdos traumáticos que –dice el filme– pueden convertirse en «recuerdos olvidados».

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Andrachi dijo:

1

28 de septiembre de 2017

09:10:39


Inolvidable. A la Duras la conocí en París cuando ya estaba muy débil y enferma, pero aun así, lanzando ideas constantemente. Le molestaba que su nombre fuera escrito como Margarite. Porque su nombre era Marguerite. Y qué actual se mantiene el tema del guión. Gracias por recordarles.

ALOIDA dijo:

2

28 de septiembre de 2017

12:30:20


Hola Rolando. Magnífica película, que LAMENTABLEMENTE por estos días renueva recuerdos en vez de olvidarlos. De esto solo quiero compartir una reflexión: Es imprescindible evitar el primer disparo, porque después de él, será un fin de horror para la especie humana. En cuanto a la película de Resnais, el valor de abordar el tema de la explosión de la bomba atómica, desde un prisma apto a todos los públicos. No obstante...NO ES MI FAVORITA ... Para mí ...Moscú es mi amor...,(FÍJATE QUE NO DIGO, MOSCÚ MI AMOR QUE ES DE HACE RELATIVAMENTE POCO TIEMPO) sobrepasó las expectativas de espectador más exigente y las más profundas críticas. Co producida por Japón y la extinta URSS, Moscú...trata las consecuencias de haber estado expuesto a la radiaciones o desender directamente de una de estas víctimas. La juventud y el amor entre dos jóvenes brillantes profesionalmente (él diplomático y ella bailarina clásica) y brillantes en su concepción del futuro de la humanidad, tronchados por una secuela de envenenamiento genético por radiación atómica, es la más conmovera historia de vida, que he tenido oportunidad de ver en la pantalla grande.A grandes saltos, él conoce en Japón a la joven, que sueña con poder bailar los clásicos del ballet romántico en la URSS, cuna de magníficas estrellas. Aún siendo de sistemas socio políticos diferentes, se enamoran y sueñan y planean juntos. Ella logra llegar a Moscú, pero no a las tablas del teatro sino a una sala de hospital, donde le diagnostican una leucemia, provocada por radiación. Los padres de la chica eran de Hiroshima y estuvieron expuestos. Ella, ser inocente fue consebida 5 años más tarde y lamentablemente, fue una de las tantas víctimas genéticas de este horror. Siempre recuerdo el último parlamento y la última escena, en que ella le pide abra la ventana para ver el cielo de Moscú que tanto ama. Él con lágrimas en los ojos le dice: Enseguida amor...enseguida...y a pasos lentos va a la ventana totalmente ABIERTA. Gracias Rolando, por abordar un tema en días que como bien dices (perdóname por parafrasearte) En días en que los tambores apocalípticos vuelven a calentarse mostrando una amnesia vergonzosa hacia el pasado....Saludos ALOIDA