ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El primer cartel para la primera película después de 1959 dirigida por Tomás Gutiérrez Alea.

Eduardo Muñoz Bachs es sin dudas el más importante, afamado y prolífico exponente de lo que ha llegado a catalogarse como Escuela Cubana del Cartel Cinematográfico.

Su nombre vuelve ahora a titulares no por un aniversario o un justo homenaje, sino debido a que la colección Carteles cubanos de cine, que custodia la Cinemateca de Cuba, fue inscrita en el Registro Nacional del Programa Memoria del Mundo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

El proyecto iniciado en 1992 tiene no solo el fin de preservar el patrimonio documental de relevancia internacional, sino de promocionarlo, y las inscripciones son propuestas por los comités Nacionales y Regionales de la organización mundial.

En ese Registro de la Memoria del Mundo ya hay tres fondos cubanos: el José Martí Pérez (2005); los Negativos originales del Noticiero ICAIC Latinoamericano (2009) y el Diario de campaña y manuscritos de Ernesto Che Guevara (2013).

«La colección Carteles cubanos de cine constituye parte imprescindible del patrimonio del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Son la expresión gráfica que acompañó la cinematografía cubana en todo su devenir» se señala en el texto que justifica el valor de la obra presentado por Nuria Gregori, presidenta del Comité cubano del Programa de la UNESCO.

Acercarse al clásico de Charles Chaplin. 

En el libro Ciudadano cartel, de Sara Vega, Alicia García, Claudio Sotolongo (Ediciones Icaic, 2011) se citan a relevantes figuras del cine mundial que se han referido a los afiches cubanos. Algunos ejemplos: el actor italiano Jean Maria Volonté: «Los afiches cubanos de cine son únicos porque dan al cine su verdadera dimensión»; la actriz francesa Jeanne Moreau: «Los afichistas de cine cubano son diseñadores-poetas» y el director norteamericano Francis Ford Coppola: «Soy un admirador apasionado y un coleccionista de los afiches cubanos».

Desde que Muñoz Bachs creara su cartel para la película cubana Historias de la Revolución (1960), de Tomás Gutiérrez Alea, hasta la fecha la Cinemateca de Cuba guarda con celo cerca de 3 000 obras.

De los inicios están los carteles de Antonio Fernández Reboiro, Rafael Morante, Julio Eloy, Rostgaard, Héctor Villaverde, Rene Azcuy y Antonio Pérez (Ñiko) e incluso de relevantes artistas de la plástica cubana e internacional, dígase René Portocarrero para la Primera semana de cine polaco en 1961; Raúl Martínez, quien reiteró su preferencia por el pop art en el ya clásico cartel para la Lucía de Humberto Solás en 1968, o el español Antonio Saura, autor del cartel de Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea (1968).

De esas pequeñas obras de arte, ahora patrimoniales, más de mil llevan la firma de Muñoz Bachs.

Dramático afiche para el documental de Estela Bravo.

UN SELLO INCONFUNDIBLE

Eduardo Muñoz Bachs (Valencia, España, 1937 - La Habana, Cuba, 2001) es un nombre imprescindible para el cartel cubano. Los amantes del cine saben que, a veces, la atención a una película llega primero con las imágenes de sus afiches.

Este maestro del diseño, en su intensa y extensa obra fue además dibujante, pintor, ilustrador y diseñador gráfico, aunque su labor más significativa es la vinculada al séptimo arte.

Sus carteles para el cine tienen un sello personal, que le granjearon numerosos premios en importantes festivales de cine: Leipzig, Ottawa, Cannes, París, del Hollywood Report, y en Cuba seis premios Coral en las ediciones del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

La historia de Muñoz Bachs con el cine cubano se inicia en 1960, ya dijimos, nada menos que con el cartel para la película Historias de la Revolución.

Uno de sus colegas, el diseñador Héctor Villaverde en la presentación de la Exposición Carteles de Bachs, realizada en 2000 en Veracruz, México, expresó: «Curiosamente en este primer cartel de Bachs, que realizó a solicitud del propio Gutiérrez Alea, el autor utiliza una foto en blanco y negro de una escena del filme impresa en offset, algo que no repetirá nunca más en su producción cartelística».

Uno de los mas recordados filmes del español Carlos Saura.

Muñoz Bachs va en busca de su sello, y lo logra. El diseñador precisó su método de trabajo en una entrevista periodística: «Una vez visto el filme busco una idea, hago bocetos muy pequeños y simples, de dos pulgadas más o menos, y cuando me satisface alguno, paso a materializarlo directamente. Así, el diseño resulta espontáneo, más suelto».

La resultante es, al decir de Villaverde, «un estilo lo más distante del realismo fotográfico que podamos imaginar, su personal uso del color extrae todas las posibilidades que permite la técnica de la serigrafía».

La obra magnífica de Muñoz Bachs ha quedado para la historia del cartel de cine cubano, latinoamericano y universal, pues los realizó para películas húngaras, rusas, españolas, inglesas, italianas, japonesas o mexicanas y en ellos captó la esencia de cada de filme, pero, como se señalara en su momento, hechos a la cubana, mas bien a lo Muñoz Bachs.

Fue un diseñador prolífico, aunque obviamente no se trata solo de cantidades, sino de la calidad de su obra, con un estilo perfectamente reconocible. Con razón ha sido considerado como el artista más importante del cartelismo cubano.

¿Quién no dice Muñóz Bachs cuando ve un afiche cubano de Charlot? ¿Quién no vuelve a estremecerse con Niños desaparecidos, de la documentalista Estela Bravo? ¿Quién no ríe con el cartel de Por primera vez, sobre el documental de Octavio Cortázar, y se emociona después?

Su sello es inconfundible, original, de rasgos precisos, directo, elaboradísimo, minucioso y también, como no, con gracia, humor y sátira inteligente.

De Eduardo Muñoz Bachs quedan obras inolvidables, además de las ya mencionadas, La fortaleza escondida, 1965; La quimera del oro, 1962; Hamlet, 1964; Desierto rojo, 1966; Gallego, 1988… Todos al estilo que lo ha convertido en una leyenda del cartel cubano.

Tabaco y guayabera para el vampiro creado por Juan Padrón.
El drama shakesperiano visto por el ruso Grigori Kozintsov con el gran actor Innokenti Smoktunovski. 
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