ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Me pongo en la piel de un habitante de Jarahueca o de Guane o de Alto Songo, alguien que no resida en la capital ni en las cabeceras provinciales. Aunque deba incluir, para el asunto que abordaré, a un habanero de Arroyo Naranjo o La Lisa, a un cienfueguero de Pueblo Grifo o a un santiaguero del Distrito José Martí. La televisión pública, para ellos y su familia, es el medio de entretenimiento por excelencia, más aún los fines de semana.

Ese hombre, esa mujer, esa familia, a partir de la información cultural disponible, habría querido asistir, si le fuera posible, a un estreno teatral o danzario, a un concierto de su músico favorito, a la proyección de una película de la que ha oído hablar en los últimos tiempos.

Ubiquémonos en el sábado por la noche, en el plazo que media entre el final del noticiero y el comienzo de la tanda fílmica. Hubo una época, no remota por cierto, en que mediante la grabación de espectáculos para su transmisión diferida, se cubrió en parte una legítima apetencia cultural.

Antes, tampoco demasiado lejos, los sábados en Cubavisión (y sus antiguas denominaciones) eran los días de los telespectáculos de variedades, al estilo de Cita con Rosita y Juntos a las 9. Incluso se ensayó con la combinación de música y humor en Sabadazo, con sus altas y sus bajas, entre dosis de ingenio y concesiones populistas.

¿Qué tuvo ese espectador este último verano en el horario sabatino estelar? Bueno, ahora hay más canales de alcance nacional, y si se tiene una caja decodificadora adquirida a un precio no asequible para todos, un mayor abanico de opciones: ver La pupila asombrada (CE 2) que también ocupa espacio los jueves; una película en Espectador crítico (CE), otra más un poco más tarde (MV), música de corte comercial en Clave, dibujos animados en Canal Habana y, en temporada, algún juego de béisbol de una Serie Nacional poco estimulante.

Pero, no olvidemos, Cubavisión lleva por lema ser el «canal de la familia cubana». En virtud de tal definición, la audiencia reclamó la existencia de un programa de participación y surgió Somos familia. Los encargados del proyecto contaban experiencia televisual y talentos reconocidos, amén de disponer de recursos de producción si no abundantes, al menos por encima de la media.

Una pareja probada de conductores, la orquesta y el cuerpo de baile de la tv Cubana, figuras populares adoptadas por las familias contendientes… un rosario de buenas intenciones. ¿Y qué sucedió al cabo de dos meses?

Competencias desangeladas y ganchos artificiosos, chistes insulsos y músicas de relleno. Un ir a ninguna parte en la mayoría de las emisiones. Se confundió el entretenimiento con la trivialidad. Una hora perdida para las familias que a lo largo y ancho del archipiélago esperan que la televisión alegre, sin renunciar a la transmisión de genuinos y necesarios valores culturales, sus sábados hogareños.

Lo consecuente por parte de los directivos del medio, y desde luego, por parte de los realizadores y los equipos de creación, será aguzar la mirada autocrítica y extraer conclusiones con vistas a dar un vuelco en este u otro proyecto de corte semejante. Los programas de participación hacen falta.

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Daisy T. Rivero Leon dijo:

1

5 de septiembre de 2017

02:25:24


Un análisis tan exhaustivo de este periodista, tan bien enfocado en la programacion de nuestra tele nos hace pensar en que ciertamente el programa no tuvo aceptación. Y se desaprovecharon talentos, que muchos hay, y recursos. No pude disfrutarlo por eso lo he leido con dolor. Es verdad que al tele no es solo ese entretenimiento formador en esos lugares solamente. Para los adultos mayores tiene esa misma significacion que para los habitantes de los lugares mencionados. Que el ICRT analice estas cosas para que no se repitan.

Luis dijo:

2

5 de septiembre de 2017

06:17:16


100 % concuerdo con el articulo, pero que tiene la TV cubana para ofertar, no da para mucho mas

alinita dijo:

3

5 de septiembre de 2017

08:06:28


En la televisión pasa lo que en todas partes... La tendera no cobra por lo que vende, el cajero no cobra por la cantidad de operaciones que gestiona... Si los colaboradores de este y otros proyectos cobraran por audiencia, no saldrían a la luz programas tan malos.

mimi dijo:

4

5 de septiembre de 2017

08:10:15


Qué calamidad nuestra TV...

Rosario dijo:

5

5 de septiembre de 2017

08:10:53


La idea de este programa no es mala, todo lo contrario, hay que buscar más juegos de participación para no caer en la monotonía.Hay talento para eso No me gustan los que se quieren hacer pasar por cómicos, hay muchos humoristas buenos, convóquenlos para que el programa quede mejor.