ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
David Blanco, un músico en la cúspide de su carrera. foto: Nacho Vázquez

Vida Libre es un disco que denota la madurez de un músico en la cúspide de su carrera que, sin perder el espíritu festivo de su obra y sus referentes a la libertad creativa de los 60, pone énfasis en su hambre de verdad y trascendencia deteniéndose a manifestar su propia visión de la realidad social y colocándose, por momentos, en el centro álgido de las inquietudes de su generación.

Publicado por Bis Music, Vida Libre mantiene la línea seguida por David Blanco desde que presentó su primer disco pero hace más visible su costado de cronista social amalgamado con los conceptos del pop rock hecho con categoría que lo han acompañado desde que tomó envión en su carrera. Hay dos temas fundamentales en el álbum, Falsa Verdad y Como el avestruz, con los que se sitúa en el medio de las convulsiones de su época y se aleja de la zonas de confort que brinda quedarse solamente en los brazos de la popularidad, para esbozar su propia versión de las realidades más incómodas de su mundo más cercano, o sea, de nuestro propio mundo.

En dichos temas se sacude los lastres mientras invoca, como una especie de liberación espiritual, a sus padres, su historia, sus esperanzas, la búsqueda de la plenitud y las expectativas por cumplir de su generación. No apela a sus raíces, a las nuestras, para ahogarse en sus recuerdos, sino como un punto de partida de la construcción de un futuro en el que pueda descansar plácidamente su centro emocional.

Viéndolo bien, este es un álbum de transición en la obra de David Blanco. El músico se puso el listón muy alto con la Evolución, un álbum cumbre en su carrera que demostró que se encuentra listo para empeños aún mayores. Es decir, su música puede triunfar sin dificultad en el circuito internacional si se respalda de una buena promoción y de efectivas estrategias de marketing de las que todavía adolecen las disqueras cubanas. Lo importante, en este caso, es que David también puede ser uno de los compositores y cantantes que le pongan rostro a nivel global a la música del país y diversifiquen los conceptos que sobre esta zona de la cultura cubana se manejan internacionalmente.

Su nuevo fonograma incorpora en mayor medida los sonidos electrónicos y los conceptos del new wave (estilo que alcanzó su mayor empujen en los años 80) mientras se da de el gusto de saltar de un lado a otro por la música popular cubana y las superficies de la World Music. Este disco, como la mayoría de su obra, es una ofrenda a la esperanza de vivir y de entregarse a los sentimientos más personalísimos que puede proporcionar la música. Es, además, una perfecta banda sonora para escapar y refugiarse en esos placeres que brinda una discoteca cuando la música está a todo volumen, los cuerpos son interminables ríos de sudor, de adrenalina, y el mundo exterior, por suerte, queda demasiado lejos. Ese espíritu siempre ha sido un mantra en la música de David, que viene de una adolescencia rockera, de una tradición musical con mucha influencia de los años 60 y que vive en un mundo muy personal que se sostiene sobre la idea de perseguir a toda costa una libertad espiritual, musical, aunque la búsqueda se torne en ocasiones demasiado laberíntica.

El David del 2017 es, como se dijo, un músico que se encuentra en el punto de equilibro entre la madurez creativa y las ganas de seguir comiéndose al mundo que casi todos tenemos desde la primera juventud, aunque a veces la realidad obliga a algunos a perderlas por el camino. Estamos ante un músico que supo encauzar como muy pocos en la Isla el auténtico sentido del pop rock como disparador de su carrera y lo ha hecho con total naturalidad, desde una meditación serena, sin permitir que sus influencias tomen el mando en su carrera. Eso se percibe en temas como Vida libre, Dancing over me, Sueños de ángeles -en el que hace dúo con Tanya- y Liberación, otros títulos destacables de un disco que, por otro lado, contó con un alto nivel técnico y profesional en la grabación.

Por diferentes razones que hemos mencionado en otras ediciones de la Carretera, el público cubano, sobre todo los jóvenes, han buscado en propuestas foráneas sus íconos del pop, algunos de los cuales son solo meras construcciones de las industrias discográficas, sin tomar conciencia de que tienen ante sus ojos a músicos como David Blanco, que en Cuba han llevado a un nuevo nivel este género y lo desarrollan con toda la calidad que amerita.

Este disco es un fonograma de cierre de una etapa y de consagración, confirma lo que ya todos sabían: David Blanco es un músico todoterreno con todo listo para jugar en las mayores y perseguir esa vida libre tan cara a este mundo, sin la cual, se sabe, la música y los seres humanos nunca alcanzarían ni por asomo su total plenitud.

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