ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El Callejón de las Tradiciones. Foto: Madeleine Sautié Rodríguez

De la voluntad de ponerle a las cosas feas un poco de amor habla una de las más intensas canciones infantiles de todos los tiempos. La letra, escrita y cantada por la sin par Teresita Fernández, aprueba el modo en que algo grotesco puede convertirse en hermoso cuando se quiere. Basta para ello hallar el lado sensible de las incongruencias y decidirse a cambiar las cartas que lo etiquetaron como tal; da igual si se trata de las alas de una cucaracha llevadas por la solidaridad de las hormigas en comunión hasta el hormiguero; el deterioro de una palangana o el espanto que causa ver los desperdicios desbordados en un basurero.

Como mismo la realidad inspira una canción, puede  la canción remitirnos a otras escenas similares. Tal es el caso del tema de estas líneas, que tienen como «tablado» un basurero real que azotó la armonía de una barriada matancera, en el Consejo Popular Pueblo Nuevo, ubicado en San Ignacio entre San Francisco y San Juan Bautista. Hace ya ocho años la triste escena pasó a ser un mal recuerdo. El Proyecto de Integración, Intervención y Transformación Sociocultural AfroAtenAs, en su espacio barrial comunitario Callejón de las Tradiciones, coordinado por el MSc. Yoelkis Torres, vecino del lugar, y un grupo de jóvenes que se le sumaron desde entonces, hicieron posible la metamorfosis del lugar donde se veía un Callejón, que hoy no dejan de visitar muchas de las personas que llegan hasta la Ciudad de los Puentes.

«Durante varios años un basurero afectó cinco cuadras –callejón incluido– de esta parte de la ciudad. Este es  el barrio socialmente más perjudicado de Matanzas. Aquí lo que había eran montones de desechos que ocupaban el frente de las casitas. Yo ya estaba cansado de que este fuera el primer espectáculo cuando abríamos los ojos y un día convocamos a algunos vecinos y empezamos a hacer trabajo voluntario en el lugar», explica a Granma Yoelkis, quien tuvo muy claro desde que lo soñó, que el proyecto sería necesariamente de integración por medio de la cultura como toque mágico capaz de transformarla.

Las primeras acciones para librar de la basura el sitio dejaron ver desde el principio que con los vecinos del lugar se podía contar. Yoelkis sabía que era preciso fundar un proyecto de intervención y acompañamiento sociocultural para fortalecer los valores de la comunidad, habitada por no pocas familias disfuncionales, e incrementar el sentido de pertenencia del entorno moviendo los hilos del espíritu.

El equipo que lideró la idea, no sin los consabidos obstáculos burocráticos y hasta otros, marcados por el pesimismo que se asoma siempre que hay algo grande que hacer, confió en las posibilidades de crear una apariencia distinta, que dignificara a los lugareños, y apostó por los benditos «estragos» que podía hacer la cultura, como proceso restaurador.

«Había que crear espacios útiles capaces de conseguir el bienestar colectivo e integrar a las personas, que cada una tuviera una función aquí», comenta el joven ingeniero Yasset Campos, del grupo gestor del Callejón, como suele decírsele al proyecto.

Como espacio cultural que promueve por medio de cursos y talleres los conocimientos y las capacidades sociales, se extiende el Callejón de las Tradiciones, un hermoso paso estrecho y largo, entre varias casas, cuyos dueños saben bien su historia porque la han construido. Para saberlo basta llegarse hasta allí y hablar con ellos.

«Para mí vivir hoy en el Callejón de las Tradiciones es un orgullo, porque entre todos hicimos que este lugar feo y apartado se convirtiera en lo que es ahora, con esos colores y dibujos que nos identifican» dice Juana García Zulueta, de 67 años, a la que todos conocen como la Madrina, a causa tanto de su condición de religiosa, como de la «protección» que ofrece a los visitantes en su propia casa, que resulta una especie de «bendición» del Callejón.

En la salita de la casa vecina, donde vive la joven madre Mariceli Domínguez Esquijeroza, se extiende una galería de arte en la que se exhiben permanentemente obras confeccionadas por artistas profesionales y aficionados de la comunidad. «Yo se la brindé al proyecto con gusto. Esos muchachos no merecen que les demos la espalda –dice- además me encanta que mi casa cuide esas pinturas que nuestra gente ha hecho».

¿QUÉ SUCEDE EN EL CALLEJÓN?

El Callejón es espacio de fiesta. En el entablado que los propios vecinos construyeron han actuado, según explica Yoelkis, los 16 grupos portadores de tradiciones de Matanzas, que son expresión de la tradición viva. La atmósfera cultural y de sana diversión que crean las actuaciones de esos conjuntos dejan en los lugareños la convicción de que hay que cuidarlo, de que esas paredes engalanadas con hermosos grafitis en apenas un mes, a modo de mural, donde se han plasmado disímiles motivos alegóricos a las religiones que se practican en el barrio, y a la historia de la Atenas de Cuba, deben permanecer intactas para que los visitantes encuentren una imagen agradable que contraste para siempre con lo que hubo en su lugar.

El Callejón está reconocido como el primer producto turístico comunitario de Matanzas. Se trata de una ganancia social, cultural y urbana que genera ingresos para revertirlo en la propia ciudad. El proyecto en su opción de Iniciativa Municipal de Desarrollo Local, IMDL, tiene contratos con las agencias de turismo, de modo que por medio de actividades dirigidas atraen a los turistas hacia la sociedad y a su vez estos conocen la ciudad por dentro. Mientras acceden a la historia por medio de las imágenes del mural, disfrutan de un espectáculo folclórico, en el que terminan cantando y rumbeando.

DETRÁS DEL CALLEJÓN

Sin que haya sido fácil –y con el apoyo de la Dirección Provincial de Cultura, el Comité Matancero de la Ruta del Esclavo, la Casa de África, el Centro Provincial de Casas de Cultura, el departamento de Relaciones Internacionales de la Asamblea Provincial del Poder Popular, la Embajada de Canadá y la presencia desde el 2014 de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación Cosude— hoy es otro el aire que se respira.

No pocos efectos permiten en la actualidad, en una población mayormente vulnerable, la recuperación de la memoria histórica, la elevación de la autoestima, la consolidación de la identidad cultural y la generación de una cohesión social. El proyecto trabaja en la consolidación de una nueva conciencia comunitaria, abre sus puertas a los hijos de todas las edades de Pueblo Nuevo y trabaja para solucionar insatisfacciones.

Dicho así pareciera una etiqueta más de lo que se supone deba hacer todo emprendimiento humanitario, pero los hechos hablan y adoptan la forma de los resultados. La creación de una Biblioteca Virtual Especializada en Antropología; los múltiples trabajos encaminados a la prevención de las ITS-VIH-SIDA; las investigaciones sobre la Cultura Popular Tradicional, presentadas en diferentes eventos nacionales e internacionales, a partir de talleres impartidos; la obtención del Premio Memoria Viva 2013; el rescate permanente de tradiciones, la creación de una barbería en la propia sede del Callejón, la celebración de peñas para honrar a figuras de la cultura nacional como Beraldo Alzola; la puesta en marcha del proyecto de Reforestación Agrícola–Ambiental para el Consejo Popular de Pueblo Nuevo son, entre muchas otras, posibilidades concretas de realización personal para quienes saben aprovecharlas.

Pueblo Nuevo no solo se viste hoy con falda larga y empolva su faz para lucir mejor. El asunto viene desde adentro. El Callejón de las Tradiciones, a la vez que convida a sus hijos a que lo veneren les ofrece trabajo, responsabilidad, aceptación y respeto. Las personas que lo habitan saben agradecerlo y le responden desde la humildad, la solidaridad y el humanismo que siempre florece si para cultivarlo se abona con una dosis tan esmerada de amor.

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