ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Miles de personas asistieron al Festival. Foto: sitio oficial del evento

Fue una época majestuosa. Durante mi paso por el preu­niversitario Raúl Cepero Bo­nilla de la Víbora —allá por la década del 90— nos reunimos un grupo de amigos que, por raro que parezca, hicimos el principal sentido de nuestras vidas atesorar toda la música que nos hiciera sentir una especie de epifanía llena de ritmos sombríos, amenazantes y luminosos que nos llevó a desear que esos años se extendieran por siempre.

De ese modo desandábamos La Habana de punta a cabo para grabar cassetes con lo último del grunge, el folk y el metal internacional, así como los discos de las bandas locales Garage H, Havana y Cosa Nostra, por solo mencionar algunas de las que tuvieron la suerte de grabar sus temas. Sin darnos cuenta nos convertimos en unos fenómenos raros en la escuela que depositábamos en esos géneros un estilo de vida y un sentido de rebeldía que todavía añoramos con nostalgia.

Por aquella época, a pesar del poco acceso a este tipo de propuestas, uno tenía sus puntos clave para encontrar en el ámbito subterráneo las fórmulas más alternativas de la escena nacional y foránea, pero apenas había festivales para escuchar en vivo los grupos menos difundidos por los medios que todavía viven una especie de letargo que sería saludable sacudir a conciencia.

El panorama ha ido cambiando para bien de la cultura cubana y de los oyentes menos acomodados en las corrientes de moda. Si bien la vuelta de tuerca no ha sido la suficiente, debemos celebrar espacios como el Festival Havana World Music, que durante cuatro años ha puesto en contacto a los cubanos con una arquitectura sonora muy poco divulgada en los circuitos comerciales.

En su nueva edición el festival alcanzó un excelente resultado y reunió a miles de jóvenes en el Parque Metropolitano capitalino, ham­brientos de escuchar esas sonoridades que no caminan por la autopista de los patrones más establecidos y demuestran que existe otro mundo más allá de la cortina de humo de ese desabrido discurso sonoro que provoca más de un bostezo.

Muy pocos conocían a los grupos que llegaron a la capital desde Europa y América Latina. Sin embargo, la mayoría de las bandas establecieron una estrecha comunicación con los espectadores cuando se presentaron con un repertorio que se deslizó sobre tendencias revisitadas del rock and roll, el punk, la electrónica, el jazz, el country o el pop más sofisticado. El público sabía lo que iba a buscar y lo encontró.

Los melómanos lograron entrar en esa rueda mágica de la música (muchos sabrán de lo que hablo) y disfrutar especialmente la entrega de bandas como Systema Solar, Nomadic Massive, Speed Caravan, Lady Moscow o los sorprendentes Nightlosers, grupos que con su mezcla de cumbia, folk, rock y country vencieron la noche con nota destacada.

Los noruegos de origen africano Madcon vinieron como favoritos para conquistar los primeros peldaños, pero tras ver el show con lugares previsibles dentro de las corrientes más conocidas del pop, muchos les concedieron el estandarte a otras bandas que se emplearon a fondo para entregar propuestas más experimentales o exigentes.

Para dejarlo claro: no se trató de un evento con intenciones elitistas alejado de las corrientes populares. Todo lo contrario.  En dos noches el festival fue una auténtica vidriera de la libertad de las músicas populares de varias regiones del planeta. Y el final fue una excelente prueba de ello: la maquinaria de Havana D’ Primera puso a hervir a los asistentes con todos sus hits y con un explosivo Alexander Abreu a la cabeza que extendió la fiesta hasta la madrugada.

El Havana World Music—en el que también demostraron su clase, entre otros, los cubanos Yissy y Banda Ancha, Dayme Arocena, David Torrens, La Trovuntivitis y La Flota— alcanzó la mayoría de edad con esta edición y, en mi caso, anhelé con una alta dosis de nostalgia haber asistido a un evento como este cuando pedaleaba por las calles de La Habana con la bicicleta china de mi madre a la búsqueda de la última cosa nueva que llegara a la capital en asuntos de buena música.

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María Elena Bayón Mayor dijo:

1

12 de abril de 2017

21:58:43


Co. Michel, usted es uno de los periodistas más brillantes del país. Con sus artículos-crónicas, fusión increíble, apasiona al lector y una se siente en medio de aquella atmósfera que le hizo vibrar. Ya sea cuando reseña un evento musical de rock o música alternativa o puro cubana, como cuando describe el frenesí de los jóvenes de cualquier edad y época.