ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Freddy Pérez Cabrera

La obtención del premio Eduardo Abela de la XX Bienal Internacional de Humorismo Gráfico recién finalizado en San Antonio de los Baños ratifica lo que todos saben, Alfredo Martirena Hernández, por muchísimas razones, clasifica hoy por hoy entre los mejores caricaturistas del país.

El estado de gracia en que se encuentra, que lo ha llevado a ganar varios reconocimientos en Cuba y en el mundo, evidencian el perfeccionamiento de un trabajo que lo ha incentivado a incursionar en los más disímiles temas del acontecer nacional e internacional como la indisciplina social, la corrupción, la guerra y la emigración, entre otros.

Esta es la segunda ocasión en que Martirena gana el codiciado lauro, —ya en 2011 ganó el galardón con la obra Niños de la guerra—, al que sumó esta vez dos segundos premios en Humor General y Sátira Política, con Selfie a la pobreza y Cuerda mortal, respectivamente; y un tercero en Caricatura Personal con la obra Trump, el castigador.

El multilaureado humorista, integrante del colectivo de Melaíto donde se inició como dibujante en 1984, es autor de los libros De oreja a oreja, Humor in vitro, De vuelta y vuelta, Martirena en blanco y negro, además de participar en otros textos que de manera colectiva abordan diversos temas utilizando como arma la caricatura.

Trabajador incansable, a él siempre se le puede ver hurgando en los medios y en la vida cotidiana en busca de la última novedad, esa que vuelca en sus trazos, utilizando como herramienta la computadora y otras técnicas más modernas, en las que está a la avanzada de los humoristas del país.

Como gente agradecida que es, en la hora de la grandeza Alfredo no ha olvidado a su maestro Pedro Méndez, a quien dedicó el premio, por ser una verdadera escuela en el humorismo cubano, además de transmitirle desde la dirección del suplemento Melaíto sus experiencias y encausarle el talento innato que ya poseía.  

Acerca de sus preferencias para el dibujo, dijo que aborda con igual pasión un suceso universal que un fenómeno de la cotidianidad, porque todos resultan importantes para contribuir a transformar la realidad. Tal vez por eso nos dice que desprecia la guerra y la muerte de personas inocentes con igual exaltación que repudia las cosas mal hechas como el maltrato al pueblo, las indisciplinas sociales y otros males que pululan en nuestra sociedad.

Al preguntarle qué será de Martirena el día que no pueda dibujar reacciona enfático: "No me concibo fuera de la caricatura. Ese día, será en el que ya no esté en el mundo de los vivos. Me considero un cronista de mi tiempo, para lo cual solo dispongo del pincel y algo de técnica, fuera de ellos, lo demás no tiene sentido.

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