ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Barbara Dane en Casa de las Américas. Foto: Yander Zamora

Entre Qué linda es Cuba y Quiéreme mucho, Barbara Dane nos hizo saber que nunca ha dejado de estar aquí, como una más, familiar y solidaria, visceral y radiante.

Al cantar en la sala Che Guevara, de la Casa de las Américas la noche del miércoles, juntó el tiempo del recuerdo —cuando vino por primera vez, desafiando el bloqueo, y luego, incitada por Haydée Santamaría y Estela Bravo, sumó su voz al Encuentro de la Canción Protesta de 1967— con el tiempo de resistencia renovada que se avecina, en el cual la música y la poesía seguirán siendo velas inflamadas.

Dijo lamentarse de no haber llegado a tiempo para despedir a un maestro, pero no es verdad, porque Fidel, para ella, no solo la acompaña en la memoria sino en actos, en la lucha de las jornadas que vendrán. Emotiva su versión al inglés de Su nombre es pueblo, de Eduardo Ramos.  Estela y Barbara evocaron por estos días los diálogos sostenidos con el Comandante en La Habana de 1966 y la decisión de confiar la educación artística de su hijo Pablo a la Revolución.

Promesa cumplida: Pablo Menéndez es hoy, y desde hace rato, un músico cubano de origen norteamericano, mezclado, fundido en el crisol de una identidad compartida. En el concierto de la Casa, unas veces con la armónica, otras con la guitarra, acompañó a mamá, y entre las dos tandas ofrecidas por la cantante, también puso voz a Yo vengo a ofrecer mi corazón, de Fito Páez, y al clásico Stranger blues, de Elmore James, que aprendió por vía materna.

A casi 90 años de edad, Barbara se presentó incombustible. Los acentos del blues brotaron de su garganta, añejados y rotundos. Con idéntica fuerza,  y sabiduría en la colocación de la voz, demostró que el arte de trovar pasa por la intención de lo que dice y la sinceridad con que lo expresa.

La mayoría de las canciones del concierto provinieron del repertorio incluido en su más reciente álbum, Throw it away, con el que regresó este año al estudio, motivada por su encuentro en San Francisco con la pianista Tammy Hall.

Escuchar a Barbara en Throw it away equivalió a asistir al renacimiento de ese antológico tema de Abbey Lincoln, en una cuerda más íntima que la habitual en las conocidas versiones de Kendra Shank y Cassandra Wilson.

Sucede que la cantante arrima a su brasa los materiales que le encajan. De tal modo transitó por American tune (1973), de un Paul Simon desencantado con el sueño americano, y por Slow (2013), del recientemente desaparecido Leonard Cohen, incluida en el disco del 2014 Popular Problems. De Cohen justamente se dice que si Bob Dylan mereció el Nobel de Literatura, el canadiense también podría haberlo conquistado por su lírica.

Una Barbara resueltamente defensora del medioambiente emergió en la vivacidad de su canción King Salmon Blues, mientras su irreductible combatividad insufló aires de justificada rabia a Tell me how long. Y esa misma Barbara que no se rinde ante lo que se avecina en el escenario político de su país con la ascensión presidencial de alguien cuyo nombre se niega a pronunciar, fue la que retomó una vibrante tonada de Allen Toussaint que habla en términos metafóricos del inevitable triunfo de la justicia.

Junto a ella y ante el árbol de la vida que irradia su majestad popular en la Casa de las Américas estuvieron su nieto Osamu Menéndez, en la guitarra; la contrabajista Ruth Davies, quien grabó la base de Throw it away; su colega José Hermida, el violinista Christopher Simpson y el experimentado baterista Ruy López Nussa.

Protesta y esperanza, triunfó la divisa de Barbara Dane.

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victor dijo:

1

30 de diciembre de 2016

03:39:54


el pasado año la asociacion cultural santiago alvarez le otorgo el premio noticiero icaic por sus aportes a la cultura revolucionaria y su entrañable amistad con nuestra patria una grande entre las grandes, y un orgullo haberte conocido gracias por tu obra y por tu eterna amistad

Elsa Garcia dijo:

2

1 de enero de 2017

15:59:36


Que mujer! Es una inspiracion!

paco dijo:

3

2 de enero de 2017

08:25:48


Bien por la presencia en Cuba de una interprete fiel a los cantos contra la injusticia.Recuerdo cuando sus conciertos de 1966 fueron recogidos por Santiago Alvarez en sus noticieros ICAIC.Por esa vía supimos de ella.Un honor que vuelva a un pais que le dió la oportunidad a su hijo Pablo Menendez de formarse como un músico de alta calidad.Un honor para los cubanos