ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Nadie debe perderse la exposición La Historia es de quien la cuenta, de Duvier del Dago en la Galería Artis 718, calle 7ma. esq. 18, en Playa. El reclamo viene por el costado de la actualidad temática, y por el nivel de realización de una obra en la que el espectador se ve obligado a confrontar las imágenes con sus vivencias, la percepción de su entorno y, por qué no, con la ideología. Esto último debe tenerse en cuenta en su concepción más radical: ideología como representación intelectual de una manera de ver el mundo y tomar partido.

Duvier aborda en esta ocasión el escenario conflictual que ha dominado buena parte del devenir cubano durante los dos últimos siglos. Tan cerca de los Estados Unidos, tan expuestos a al contrapunto que se establece históricamente entre soberanía, asimilación cultural y autoctomía. Una lectura de la muestra inevitablemente remite a la coyuntura actual, en la que es un hecho el restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana. Pero el artista plantea su discurso más allá de esa realidad. Su realidad, y la que comunica es otra: ¿ cómo mirarnos a nosotros mismos como identidad propia ante los desafíos de una presencia que, quiérase o no, exige respuesta definitoria? ¿De qué modo entender una dinámica emancipadora desde el punto de vista cultural si no se toma conciencia de lo que representa la intromisión del otro en nuestro imaginario?

Duvier se inclina por una actitud crítica compleja y al mismo tiempo raigal. Elude cualquier tipo de tesis simplificadora pero se decanta por el principio de la defensa de una voz propia y de una ética de la autodeterminación.

¿Lenguaje conceptual? Si, porque se trata de un enfrentamiento de conceptos. La cubanía contra el cubaneo.  Lo auténtico contra la impostura. Todo desarrollado visualmente mediante una red de imá­­genes que se contradicen y complementan,  que se fusionan y transfiguran.

Desde el punto de vista funcional el conflicto se contextualiza en un espacio donde las obras se integran en una suerte de instalación doméstica: un despliegue escenográfico que recuerda el ámbito de un lugar donde podríamos vivir y de hecho realizarnos o no como individuos.

Pero ese ambiente escapa a la subjetividad individual. Duvier apela a la sensibilidad colectiva y a la memoria de los espectadores con la pretensión de que esta sea compartida como razón social.
Estamos en presencia de la obra de un artista que piensa lo que hace y hace lo que su generación piensa debe ser su compromiso con los días por venir.

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