ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Warhol´s Collector de Tamayo. Foto: Alain Cabrera

Como todo buen humorista, Reynerio Tamayo se toma muy en serio, tanto que hace tiempo avanzó hacia planteamientos visuales sumamente complejos sin que ello signifique el más mínimo sacrificio de su gracia particular, ni deje de aprovechar ciertas convenciones universalmente aceptadas en el arte de la caricatura.

Solo que para abordar la propuesta que lo ha llevado a desplegar Zootheby’s, su más reciente muestra personal que ahora mismo se puede ver en la galería Villa Manuela (Calle H/ 17 y 19, Vedado), de la sede capitalina de la Uneac, sintió la necesidad de concebir un espacio de connotaciones escenográficas que permitiera al espectador aproximarse a la naturaleza de los problemas que plantea.

Desde su mismo título, Zootheby’s anuncia una intención paródica, al transformar uno de los símbolos del mercado internacional del arte, la casa de subastas Sotheby’s en una alusión a la fauna humana que medra o se deja seducir por los valores de ese mercado.

Pero la operación artística de Tamayo no puede explicarse en términos esquemáticos, puesto que su percepción del fenómeno no lo es. No se trata de negar el mercado sino de develar determinadas claves que lo degradan y desmontar algunos de sus me­canismos mixtificadores.

De una parte, con la serie de postales Zootheby’s Cards, plasmada en impecables impresiones digitales, entrega retratos de personajes controvertidos, gurúes de lo último de la moda artística, hibridados en­tre sí y ubicados entre la realidad y la fantasmagoría. De tal modo, por ejemplo, yuxtapone al británico Damian Hirst, quien figura en las listas de los diez artistas más ri­cos del mundo, y al sudafricano Ste­ven Cohen, protagonista en París de un sonado escándalo en el 2013 al exhibirse pú­blicamente con un gallo atado a sus ge­nitales.

Al repasar estas postales recordé una confesión autocrítica de la norteamericana Susan Sontag publicada al comienzo de este siglo en su libro Ante el dolor de los demás: “Lo que yo no comprendía era que la seriedad en sí se encontraba en las primeras etapas de perder credibilidad en la cultura en su conjunto y que parte del arte más transgresor del que yo disfrutaba reforzaría transgresiones frívolas, me­ramente consumistas”.

De otra parte, Tamayo presenta otra serie de “cuadritos” con estampas de típicos co­leccionistas de la élite internacional, a los que relaciona ingeniosa e irónicamente con las obras atesoradas: un magnate petrolero que viste una toga picassiana, un rubicundo europeo que utiliza un billete para sostener un Munch, y un nuevo rico norteamericano que se cepilla la espalda en una bañera que recrea las latas de sopa pintadas por Warhol.

Elocuente la caja fuerte de la ficticia casa de subastas: un pastiche de los Girasoles de Van Gogh. Sombría la imitación de las paletas con que los compradores se adjudican los lotes en la puja: la inscripción Zoo­the­by’s 2016 sostenida por un cuchillo.

Tamayo es rotundo en sus planteamientos mostrados con la coherencia de un instalacionista y la agudeza de su humor. Se divierte, nos divierte y hace pensar.

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Arturo dijo:

1

5 de febrero de 2016

14:17:33


Les dejo el link sobre la expo de humor gráfico Con tres que dibujen basta, desde el centro de Cuba (Sancti Spíritus): http://www.escambray.cu/2016/con-tres-que-dibujen-basta/