ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Rogelio Martínez Furé. Foto: Ricardo López Hevia

Como sentarse en la más acogedora de las salas hogareñas, resulta asistir a la tertulia que conduce el etnólogo y poeta Rogelio Martínez Fu­ré los primeros viernes de cada mes en la sala Villena de la Uneac.

El confort, más allá de la comodidad de la estancia, lo aporta esencialmente el calor humano que en ella se respira. La mayoría de los makeros —llamados así a partir del nombre del espacio, La Maka con Furé— son habituales asistentes a esa cita con la cultura cubana, en la que siempre el saldo es acrecentar el orgullo de haber nacido en esta isla, mientras que los que se estrenan se retiran convencidos de que al maestro hay que escucharlo, porque cada uno de sus apuntes son principios inexorables a favor de la identidad nacional.

Feliz de poder contar con la presencia de la distinguida bailarina y cantante Zenaida Ar­men­teros, fundadora del Conjunto Folclórico Na­cio­nal, creado por el propio Furé, el  anfitrión no pue­de —ni se propone— esconder la admiración  que sie­nte por esta “princesa que nunca ha dejado de serlo” y que porta el Premio Nacional de Danza.

Las ponderaciones que le hiciera encajaron perfectamente en esta personalidad, “la más conocida en el mundo entero, de las artistas de las danzas contemporáneas cubanas de cualquier origen”. Para Fu­ré es un placer contar las disímiles o­portunidades en que la diva recibió impresionantes aplausos en los me­jores escenarios del mundo, incluyendo 32 estados de Nor­teamérica.

En el 65, recordó, cuando nadie se acordaba de las habaneras —ese  género musical originado en Cuba en la primera mitad del siglo XIX— nosotros, con el Conjunto Fol­cló­ri­co, quisimos resucitarlas y montamos una habanera, como era la verdadera, una danza de figuras, y Ze­naida la cantó y la llevó por toda Europa, Brasil, Japón y Estados Unidos. Al terminar las funciones, la gente hacía cola para saludarla, para felicitarla y decirle cuánto los había impresionado.

Entre las pinceladas en torno a Zenaida, Furé mencionó cómo la quisieron convertir en modelo y re­cordó la acogida que tuvo su trabajo en Bagdad, cuando el público que le tributó flores, le pedía fotos y “eso hay que reconocerlo en vida”.

Otra de las integrantes del Con­junto, la bailarina  matancera Teresa Polledo, también de excelente trayecto escénico, “nieta de una gran iyalocha —sacerdotisa— de la tra­di­ción lucumí yoruba”, se llegó hasta la Maka, invitada por su “captor” para reconocerla ante los presentes como hija de verdaderas bi­bliotecas vivientes, a juzgar por el acervo cultural de la familia de esta ex­ce­len­te artista, a la que he visto le­vantando público.

La Maka no pasó por alto a Margarita Ugarte, ya fallecida, también fundadora del Conjunto Fol­clórico, que llevó nuestro danzón a múltiples escenarios del mundo, al estilo matancero, “el de verdad”.

Mezclados con los recuerdos que con merecida justeza trae al pre­sente, Furé canta, cuenta anécdotas, refiere leyendas de orishas, revive sus pasiones… Afloran en el discurso Yemayá, O­shún, Olocun y mu­­chas otras deidades que de alguna forma engrosan el tema central de su velada: la salvaguarda de la cultura nacional.

Entre el engranaje de sus intervenciones insiste en lo que se torna leitmotiv de sus palabras, no perder de vista nuestras raíces: “No podemos olvidar nuestros orígenes y de­bemos asumir que somos herederos de todas las culturas del mun­do, ¡de todas!, porque el Caribe es un punto de llegada, y las fuerzas de nuestras culturas originarias y lo que recibimos de los otros continentes, son como los hilos en una tela. De­bemos asumir todos nuestros patrimonios pero sin idealizar”.

Insistiendo en este imperativo raigal, desaprobó que a veces en audiovisuales se exhiben, por ejemplo, imágenes de la casa habanera, con un fondo musical europeo, como si no tuviéramos un patrimonio musical de sonada valía, a la vez que remarcó que la madre patria no es otra que A­mé­rica.

Inquieto ante el hecho de que se interpreta erróneamente el concepto de identidad, esgrimió cómo los niños quieren ser, primero que to­do, bailarines de ballet clásico, después de ballet es­pañol, o de moderno y por último de folclórico, algo tan inexplicable como inadmisible, si se tie­ne en cuenta cuál es nuestra idiosincrasia.

“Hay una moda del seudofolclo­ris­mo, la seu­dorreligiosidad y la se­u­domúsica”, subrayó, y re­cordó que hay gente que se atreve a decir que in­ventaron tocar en el cuero de un ta­burete  o que el flamenco es lo es­pa­ñol cuando ese baile es solo de una parte de la más discriminada An­dalucía, la de los gitanos, y que mu­chos grupos de baile creen saber que están bailando rumba y es co­lum­bia, o que bailan columbia y es jiribilla.

Por otra parte, aseguró que la ma­yoría de los grupos de proyecciones escénicas folclóricas es­tán fal­seando lo que están haciendo, puesto que la música, los toques y los cantos no son así y en las fiestas de santos se canta lo que no es, por lo que “hay que ponerse pa’ las cosas pa’ que después no nos digan que nos robaron la cultura”. Se refirió a la necesidad de defender las tradiciones de nuestra identidad, puesto que a ve­ces en Europa, ejemplificó, la gen­te toca tambor y conoce el Ifá mejor que aquí. En estos momentos ve­mos mu­chas cosas raras. To­dos nu­estros componentes son im­portantes y hay que saberlos todos sin prio­rizar ninguno más que otro, si no queremos vivir en la mentira.

La música guajira  no tiene por qué llamarse eufemísticamente cam­pesina cuando su nombre es tan lin­do, agregó, y tras las razones ex­pues­tas remarcó que es imprescindible salvar lo mejor de nuestro patrimonio, porque el folclor no es esa cosa pintoresca y exótica para entretenimiento de los turistas.

A eso bien puede llamársele los crímenes del folclor cuando aquí hay de sobra representantes de lo auténtico.

Aterrorizado con la idea de que los farsantes impongan un discurso, a Furé le resulta curioso cómo se ha perdido el estilo en los bailes, del que cada uno tiene un sello, y después a esa mezcla le dicen simplemente fusión. Para crear, aconseja, hay que conocer profundamente lo anterior. “Hay que estudiar la a­cademia para después construir y crear”.

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Joan dijo:

6

14 de septiembre de 2015

17:37:17


Made: Gracias. Espero por la respuesta.