ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Las exposiciones de arte en miniatura tienen en Cuba un público asegurado. Fotos: del autor

Camagüey.—Asumir el reto de manejar las formas, la composición y las ideas en dimensiones extremadamente pequeñas no es asunto privativo de muchos pues, además de probado talento artístico, se requiere de una visión bien entrenada, una minuciosidad de orfebre y también, por qué no, una buena dosis de paciencia.

Amén de tantas complejidades y exigencias para adentrarse en ese apasionante mun­do de pequeñeces y detalles, donde prevalecen la sensibilidad y la delicadeza, cada vez son más los interesados en cultivar la modalidad del arte en miniatura y otros tantos los que se deciden a exponer sus obras ante el público.

“Somos un movimiento de puertas abiertas, es decir, para el ingreso no se necesita ser un artista o profesional renombrado, sino todo aquel que desee dedicarse a esta singular acción creadora y participar en los eventos que se convoquen”, explica José Ángel Na­ran­jo Pé­rez, coordinador para las provincias orientales.

Suman ya más de 300 las personas que en el país participan de manera activa, organizadas en una veintena de grupos que con frecuencia intervienen en exposiciones personales y colectivas, y en talleres de superación don­de socializan las mejores experiencias en el empleo de diferentes tipos de soportes para las obras.

Refiere José Ángel que, para considerarse arte en miniatura, en el caso de las creaciones planimétricas no deben rebasar el rango de
10 x 10 centímetros, y en las tridimensionales la altura no excederá los seis, aunque hay miniaturistas que hoy trabajan en cabezas de puntillas o en granos de arroz.

“Mientras más pequeña es la figura, afirma, más valor artístico le otorgo. Es por eso que me gusta decir que el miniaturismo es un arte de mucha envergadura, es algo grande siendo diminuto. Hay que ser un verdadero artista para hacer una escultura de un centímetro o menos de tamaño”.

Desde su fundación hace seis años, el Pro­yecto Colibrí, adscrito a la filial camagüeyana de la Sociedad Cultural José Martí, ha visto triplicar sus integrantes y posicionarse entre los más destacados del país, gracias a la perseverancia y el espíritu emprendedor del artista de la plástica Nazario Salazar Mar­tí­nez.

“Una de las cosas que me motivaron para ponerme al frente de este proyecto socio-cultural de arte en miniatura, expresa el renombrado ceramista, fue, precisamente, que no era elitista: no se basa en quién tú eres ni en el currículo que tengas, sino en lo que eres capaz de hacer y presentar”.

Comenta Nazario que poco a poco se ha ido conformando una verdadera familia: “En­tre nosotros están un Orestes Larios, un Ro­drick Dixon y un Oscar Rodríguez Lasseria, jun­to a niños, artesanos, instructores de arte, egresados de las escuelas de arte, mecánicos, electricistas, choferes y amas de casa”.

Eso sí: se exige calidad por encima de todo, no solo en la obra, sino en su montaje y presentación: “Gracias a esto, asegura, es el nivel que tiene actualmente el arte miniaturista en Cu­ba. Somos muy cuidadosos en lo

Se exige calidad no solo en la obra, sino en su montaje y presentación.

que se trae y se admite en las exposiciones y bienales, pues pasa por una curaduría extrema”.
Un poco más hacia el centro de la Isla, específicamente en Sancti Spíritus, reside otro de los más entusiastas cultores de la peculiar modalidad artística:

Nelson Wenselao García Pérez, quien con la calidad de su obra y activismo ha logrado incorporar a otros creadores a una práctica que estuvo casi perdida en el país.

“Yo no uso lupa para trabajar, aclara, porque me da mareos. Me basto con mis espejuelos. Con la vista entrenada, un buen pulso e instrumentos apropiados, como pinceles (hasta de un pelo del pabellón auditivo de los bovinos) y espátulas hechas de piezas de reloj o agujas de jeringuillas, se pueden hacer buenas cosas”.

Ha logrado piezas tan buenas por su acabado y rigor conceptual, como un mapa de Cuba que expusiera el año pasado, conformado por 582 semillas de ajonjolí, buena parte de las cuales tenían pintadas banderas cubanas y otras las imágenes de José Martí, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos.

“La riqueza y pluralidad de técnicas, así como los soportes a emplear en el arte miniaturista, sostiene Nelson Wenselao, son asombrosos. Yo mismo he trabajado en diferentes momentos sobre varios tipos de semillas y piedras de cuarzo que abundan bastante en Sancti Spíritus”.

No por mera complacencia ni en busca de términos altisonantes, la I Bienal Nacional de Arte Miniaturista, que tuvo por sede al Museo de la Constitución de Guáimaro, en Ca­ma­güey, les llamó a las decenas de obras provenientes de toda Cuba, parafraseando al Maes­tro, “pequeñas grandezas en ascenso”.

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