ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Fotograma de La pared de las palabras, de Fernando Pérez, de estreno en los cines.

Uno se pone en alerta cuando le oye decir a un director que sería recomendable ver su película dos veces.

¿Tan complicada será?, salta la indagación, y con ella el diablillo de la mordacidad.

Sucede que la sugerencia a ver la película “otra vez” ha sido utilizada por directores ante una re­cepción negativa. En ese caso, el llamado a la se­gunda vuelta suele llevar implícito un re­proche a aquellos que no fueron capaces de percibir en un primer visionado lo que el artista quiso expresar. O lo que es igual: el realizador vo­ló demasiado alto para ser comprendido por los simples mortales (in­sensibles, incapaces, brutos a morirse) que aho­­ra se niegan a aplaudirlo.

Hay directores muy serios que a lo largo de la historia del cine se complacieron con segundas lecturas a sus filmes.

Y hay filmes que sin requerimientos de ningún tipo por parte de sus realizadores volvieron a despertar ese interés, y no me refiero a títulos ta­qui­lle­­ros de amplio consumo, sino a aquellos cuyos calados artísticos e interpretaciones varias provo­caron una seducción intelectual (Berg­man, Tar­kovski, Lars von Trier, por solo mencionar al­gunos).

Nadie niega que ver dos veces un filme posibilita descubrimientos imposibles en una sola mi­rada.

¿Pero cuántos espectadores y críticos enfrentan dos veces una película antes de emitir un juicio, y más aún en los días en que el desarrollo tecnológico hace que por cada filme “tragado” haya dos más esperando?

En tiempos en que para ver una buena película había que acudir necesariamente al cine, defendí (y sigo defendiendo) la idea de que el crítico de una publicación periódica debe ser capaz de madurar un juicio de una sola sentada (ver dos veces, y hasta tres y cuatro está muy bien, tratándose de un análisis más amplio y en especial de películas que lo requieran).

Al menos en una ocasión, en las muchas entrevistas que le realizaron con motivo del estreno de La pared de las palabras, durante el último Fes­tival del Nuevo Cine, Fernando Pérez, con la mo­destia que lo caracteriza, sugirió ver su filme dos veces.

Quienes lo conocen saben que el convite no podía responder más que a la convicción de un artista que había trabajado bajo una intensidad extrema, tanta intensidad que quizá el mismo di­rector estaba necesitado de retornar una y otra vez a las numerosas claves artísticas que en mo­men­tos de búsquedas y dolor había creado.

Durante esos días de Festival escribí en estas mismas páginas (10/12/ 2014) un comentario del filme que ahora, tres meses después, suscribo por completo sin repetir lo que entonces afirmé, porque nada gusta menos a un crítico que escribir dos veces sobre una misma película, no importa que rompiendo viejas costumbres, y volviéndola a ver, sienta la tentación de hacerlo.

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Dallana Castro dijo:

1

3 de marzo de 2015

14:32:46


Es una magnifica pelicula q hay q verla dos tres veces porq nos remuebe el alma nos hace reflexionar analizar y hasta entrar a una mundo lleno de sencibilidad poco explorado EL DIRECTOR FERMNDO PEREZ COMO SIEMPRE INMENSO Y LAS ACTUACIONES DE JORGE E ISABEL SANTO SUPER GENIALES ES UNA PENA Q NO SE LE RECONOSCA MAS SUS GRANDES ACTUACIONES PUES INTEPRETARON MAGISTRALMENTE SUS PERSONAJES AMBOS IMPRECIONARON EN VESTIDO DE NOVIA Y ÑPARA COLOFOON SELLARON CON BROCHE DE ORO CON ESA REPRESENTACION EN LAS PARED DE LAS PALABRAS PARA TODOS LOS Q HALLAN TENIDO Q VER CON LA PELICULA FELICIDADES

Dariel dijo:

2

9 de marzo de 2015

14:52:04


Sí, me sumo a la sugerencia de verla más de una vez. La película no tiene mucha complejidad en su estructura (es, más bien, clásica), pero sí tiene una intensidad dramática que desborda. Es muy difícil no conmoverse, verla con frialdad. Faltan las palabras durante los primeros minutos de la post-apreciación. Me sorprendió mucho que las dos veces que la vi en en Festival (Infanta y Yara) muy pocas personas se levantaron de los asientos antes de que se desplegara el último de los créditos. Realmente impacta, conmociona, aunque también a muchos los hace reir más de la cuenta.