ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
También Íñigo dejó su criolla impronta en el esculpido corazón de Las Tunas. Foto: Pastor Batista

LAS TUNAS.— La pérdida física del conocido escultor autodidacta Ángel Íñigo Blanco, refuerza aliento y motivaciones entre quienes asisten a la X Bienal de Escultura Rita Longa, cuyo programa (hasta el 10 de mayo) pretende renovar aires dentro del entorno socio-cultural de esta ciudad.

A varios días de su despegue, la cita continúa modelando expectativas entre creadores, organizadores, especialistas y seguidores de esa manifestación artística, en cuyo rescate y desarrollo Las Tunas tuvo un protagónico rol a finales de los años setenta del pasado siglo, mediante la participación directa de figuras como la propia Rita Longa y los tuneros Rafael Ferrero y Armando Hechavarría, a quienes está dedicada la presente versión.

A medida que seis exponentes cubanos y un escultor sueco se empeñan en darle forma concreta a obras de mediano formato —no solo para que queden listas, sino también instaladas— tuneros y visitantes pueden acceder a una selecta muestra abierta al público en la Galería Taller Rita Longa, institución que atesora alrededor de 300 piezas en pequeño formato.

Aun cuando algunos aseguramientos inherentes a la rutina de trabajo propia de un evento así, hubieran podido condicionar un mejor ritmo en el desempeño creativo durante esta primera etapa, participantes y organizadores suponen que no haya problemas para concluir en tiempo y forma los proyectos.

La ciudad los necesita, no solo por el merecido título que la distingue como capital de la escultura cubana, sino también por las expectativas que generan esas nuevas creaciones y su inserción en programas del territorio para seguir rescatando y reanimando cultural y socialmente zonas neurálgicas del contexto urbano.

Sirva, por tanto, esta Bienal para inscribir la huella del talento y de las manos, pero sobre todo para continuar modelando una cultura del cuidado y de la preservación que deje cada vez menos o ningún espacio al maltrato o a la indiferencia frente a un patrimonio escultórico no siempre visto por la pupila humana, administrativa y social en su justa y no solo tridimensional visión.

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