ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Leo Brouwer llega a sus 75 años de edad en plena efervescencia creadora. Foto: Archivo

Oficiante de un arte que transcurre en el tiempo, Leo Brouwer sabe, como pocos, lidiar con el tiempo. Disciplina y rigor en cada jornada. Por las mañanas, horas enteras dedicadas a la composición. Ahora mismo está a punto de concluir un concierto para piano y orquesta pensado para Chucho Valdés, mientras revisa partituras de reciente encargo. Después, lecturas y audiciones. No es posible vivir la música encerrado en una torre de marfil. El arte, la política, la historia, la actualidad noticiosa, la puesta al día de lo que se escucha en el mundo lo ocupan diariamente, tanto como la planificación, junto a su compañera Isabelle, del próximo Festival Leo Brouwer de Música de Cámara, al que han confirmado figuras internacionales de la magnitud del vocalista norteamericano Bobby McFerrin y el experto en músicas antiguas Jordi Savall.

Aún así hace un paréntesis para saludar en La Habana la presencia de un violinista fuera de serie como el francés Renaud Capuzón o evocar su amistad con Toru Takemitsu al escuchar a un intérprete japonés de shamisen de paso por la capital cubana o aportar sugerencias a la concepción de Cubadisco o atender los reclamos de jóvenes guitarristas que se empinan ante su ejemplo.

Con esa intensidad llega Leo a sus 75 años este primer día de marzo. Es, sin lugar a dudas, el músico cubano contemporáneo de mayor reconocimiento e irradiación universal. No hay guitarrista que se respete, desde Tokio a Los Ángeles, desde Glasgow a Buenos Aires, que pueda prescindir en su repertorio de una obra de Leo. John Williams y Julian Bream, por citar dos de los más grandes guitarristas de nuestra época, han estrenado conciertos suyos. No hay conservatorio o cátedra de guitarra en la que la formación de nuevos ejecutantes deje de contemplar uno de sus estudios.

Hablamos, además, de un reconocimiento que va más allá de la guitarra. Las obras orquestales y de cámara de su cosecha suelen interpretarse a lo largo y ancho del mundo como paradigmas de la vanguardia.

Detrás de ese múltiple desempeño está la leyenda del gran guitarrista que fue. Durante las más de dos décadas de su trayectoria como ejecutante —tronchada por él mismo, luego de una dolencia en un dedo que mermó ligeramente su digitación, pero ante la cual el maestro decidió no arriesgar su calidad—, la crítica y el público de los más exigentes circuitos internacionales lo consideraron a la par de John Williams, Toribio Santos y Alirio Díaz.

Cada vez se ha hecho más frecuente ver al maestro en el podio de varias de las principales formaciones orquestales de Europa y América. Su manera de dirigir ha sentado reales.

Como guitarrista, Leo tejió una hermosa leyenda. Foto: cubacine

Por si fuera poco, también pesa en su dimensión integral la dedicación a la música popular. En el primer lustro de los 60 acompañó al mexicano Alfonso Arau en la fundación y desarrollo del Teatro Musical de La Habana. Todavía Bobby Carcassés entona Xiomara, una canción de Leo impregnada de aires trovadorescos y guaracheros. Unos años después, como parte de su entrañable vinculación con el cine, escribió una extraordinaria versión de La guantanamera para el tercer cuento de Lucía, de Humberto Solás. A fines de esa década, por encargo de Alfredo Guevara, dirigió el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, donde contribuyó al salto cualitativo de las carreras de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Eduardo Ramos y Sara González.

Y si se quiere más, otros dos botones de muestra: los conciertos que ofreció junto a la banda Irakere a fines de los 70 y la creación de la suite para guitarra y orquesta From Yesterday to Penny Lane, con piezas de Lennon y McCartney.

SEIS CUERDAS EN LA VIDA DE UN HOMBRE

Era un muchacho y por razones que no vienen al caso explicar mi padre había estado algo ausente durante mi infancia. Luego de la muerte prematura de mi madre y viviendo con mi abuela, un día decidí ir al encuentro de mi padre. Él poseía una formación científica pero le gustaba la bohemia y las noches de guitarreo. Lo vi entonces y estaba con el instrumento en las manos sacándole un sonido increíble. Yo había crecido en un ambiente musical por vía materna pero hasta ese momento no me había fijado en la belleza y las posibilidades de la guitarra.[*]

Aquel fue un encuentro providencial, que lo llevó luego a recibir clases de Isaac Nicola y a forjar una hermandad con otro joven ávido por guitarrear, Jesús Ortega. Juan Leovigildo Brouwer Mezquida, en La Habana de la medianía del siglo pasado, se dio cuenta tempranamente que su vida iba a estar marcada por las seis cuerdas de un instrumento intrínsecamente incorporado a la cultura cubana.

La guitarra se convirtió en punto de partida hacia otros ámbitos. El compositor nació justamente de las limitaciones del repertorio al uso por entonces y de la necesidad de expresar en el instrumento la sensibilidad de una época.

En medio de ese proceso inicial de aprendizaje me doy cuenta de que el mundo de la música es mucho más amplio. El repertorio para la guitarra en la música de concierto no era tan amplio como el del piano y los instrumentos de cuerdas. Y en cuanto a la realidad musical cubana había un corte abrupto entre lo tradicional folclórico y lo que se llamaba culto o clásico. Yo quería abrir para la guitarra otros espacios de entendimiento. Así comencé a escribir la música que no encontraba en las tiendas de partituras y que yo mismo quería hacer sonar.

Sorprende todavía la enorme vigencia de varias de aquellas obras de adolescencia y primera juventud: Danza característica, Piezas sin título 1 y 2, y Micropiezas para dos guitarras. También Homenaje a Manuel de Falla, para flauta, oboe, clarinete y guitarra.

ASALTO AL CIELO DE LA VANGUARDIA

Otros descubrimientos decisivos transitaron por el conocimiento de Bela Bartok e Igor Stravinski. Luego del triunfo de la Revolución, una breve estancia en Estados Unidos, pero sobre todo un viaje de trabajo a Polonia, confirmaron su orientación creadora.

Recuerdo que un hombre tan sabio como Alejo Carpentier solía reunirse con nosotros para escuchar discos de música concreta y las primeras realizaciones electroacústicas europeas. Recuerdo también el impacto que recibí al asistir al Festival Otoño Varsoviano en 1961. En los compositores de nuestra vanguardia nacía un fuerte compromiso de participación y responsabilidad ante el encargo social, concebido como un ejercicio de plena libertad.

Pero los aportes de Leo rebasaron los momentos que él y otros definieron como los tiempos de "la hermosa y rabiosa vanguardia". Desde los 70 hasta acá su trayectoria autoral no solo se ha ensanchado considerablemente, sino ha ido consolidando rasgos estilísticos identificables en los cuales privilegia la comunicación inteligente, estética que responde a lo que el nombra "nueva simplicidad".

Visiones sobre Leo

Leo Brouwer es no solo uno de aquellos pocos compositores cubanos llamados cultos que culminan y cristalizan una estética de aportes propios a la música del siglo XX, sino que su obra plantea e introduce, además, nuevas problemáticas y soluciones a la producción musical del siglo XXI. (Jesús Gómez Cairo, musicólogo cubano).

De mi música, él sabe mucho más que yo, porque Brouwer, y lo ha demostrado con su creación, mira el punto exacto donde la tradición busca nuevos caminos de expresión. (Astor Piazzolla, compositor y bandoneonista argentino)

Con Brouwer la guitarra conquistó irreversiblemente la vanguardia. (Luigi Pestalozza, musicólogo italiano).

Si Brouwer ha podido transitar para acá y para allá la difícil, y a menudo minada, frontera del arte culto y el arte popular, y dentro de este el del consumo de masas, es porque procede de un vivo entorno cultural, donde, rara avis, lo popular y lo culto han ido en muchas ocasiones de la mano. (...) Con la alusión a la belleza del sonido, entramos en lo que quizás sea el mello del estilo de Leo Brouwer a lo largo de su carrera. Brouwer es un trabajador, un investigador del sonido y, más aún, de la belleza que esconde y que él pone de relieve. (Tomás Marco, compositor español).

La relación con Leo fue indudablemente de maestro-alumno. Pero también ha sido, y yo creo es lo más importante, una relación muy fraterna, de amigos, de compañeros. Yo creo que tampoco es un privilegio, porque Leo suele tratar así a todo el mundo. O sea, Leo es una persona extraordinariamente asequible, que lo mismo aconseja sobre cómo estructurar una armonía o cómo enamorar una muchacha. (Silvio Rodríguez, trovador cubano).

[*] Los textos en cursivas fueron extraídos de entrevistas realizadas a Leo Brouwer por el autor de este artículo entre 1993 y 2013.

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Carlos E. Malcolm. dijo:

1

9 de abril de 2014

10:21:17


Mucha (aun mas) suerte y salud para el maestro y colega ejemplar que hemos conocido en la obra y en la vida. Ache, y todo el honor qe nos merece Leo Brouwer. Desde este espacio casual, hoy, 9-IV-2014, con moti- vo de su aniversario 75. Saludos, Carlos Malcolm

salvador gomez dijo:

2

15 de noviembre de 2014

21:46:11


Extraordinario el perfil del Maestro Leo. Quiero conocerlo màs. Soy un apasionado de la Guitarra. pesar de mis 60 estoy en un interesante proceso de aprendizaje de la guitarra clasica y me entusiasma conocer al Maestro. Algun dìa lo conocere personalmente. Saludos. Cuando viene a Colombia.