ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: del autor

Poco a poco, en una labor no des-tinada al arte precisamente pero que lo tocaba de cerca, encontró espacio para recrear nuevas visiones, y cual espejo mágico comenzó a reflejar en él todo aquello que estaba relacionado con el mar que bañaba las costas de su pueblo natal, y también de la naturaleza en la tierra cercana. Mirando, observando con detenimiento, soñando y hasta "radiografiando" cada forma empezó a dar vida, a una fauna singular, que entre elementos de la cotidianeidad (mesas, ceniceros, adornos de todo tipo... ), sobresalen por el regodeo en el detalle, que combinado con esa manera espontánea e ingenua, de quien nunca ha pasado por la Academia pero suma un talento singular para crear, atrapa miradas y exclamaciones de admiración.
Héctor Caro, a base de esfuerzo y lucha incesante con el mármol, lo transforma en mil y un motivos para el asombro ante la retina del espectador, quien acaricia con la vista las pulidas superficies de muchos colores y tonalidades donde juega la traviesa imaginación: peces, cangrejos, un nautilos, lagartos, gaviotas, lanchas y hormigas.
Todo ello "campea" en la muestra Sueños de mármol que el artista inauguró en el vestíbulo del edificio Jerusalén (Centro de negocios) en calle 3ra. y 82, Miramar.
Es una difícil labor en la que deja horas y horas en su taller, que casi desborda la costa de Mariel. Allí, con variadas y toscas herramientas que aportan fuerza, velocidad, devaste (pulidoras, taladros y otros di-símiles equipos, más el instrumento esencial: diamantes), se enfrenta al mármol en sus variadas modalidades cubanas: serrano (verde), carbón (negro), crema valle (beige), crema Escambray, y algún que otro llegado allende de nuestras fronteras como el de Carrara (Italia), entre otros, pero en menor escala.
De ellos selecciona los tonos con los que "pinta" sus obras, y las texturas las aportan también otros materiales que se suman a su labor: granito, resinas y elementos atrapados de la naturaleza: caracoles, piedras. Esa es la base del trabajo artístico de este creador de la ACAA.
El resto lo adereza con la imaginación, el talento y esas ganas de "esculpir o modelar" la vida a su antojo. Primero fue con las letras, cuando niño en los talleres literarios escribía cuentos, "tenía inquietud por expresarme de alguna manera", hasta que un día conoció al mármol y fue un amor a primera vista. Una revelación que le impactó: "Me gusta hasta su olor", dice con cariño. Y más allá de las dificultades que encuentra en el camino de la creación para tratar de llevar al arte la realidad circundante con todas sus características, a la que se suma la fortaleza y dureza del material, y, por en-de, las lesiones de todo tipo sembradas en su piel (¡que a veces parece que ha ido a la guerra!), el amor a lo que hace puede más.
El artista autodidacta estudia las especies, sus formas, movimientos y luego recrea en el mármol una faua particular que respira en su original galería a la que se añaden mesas, y otros adornos. Su casa es una obra de arte, en ella están también las huellas del mármol, como buen "arquitecto". Y ahora, en esta pequeña exposición, deja entrever el aspecto ecológico, como un llamado a la preservación de las especies que sufren por la polución y la contaminación de los océanos por las mareas negras de petróleo, entre otras causas.
Estas piezas donde combina la invención creativa y la expresión material, empiezan amorfas. Después se transforman en muchas cosas, aunque los animales marinos sobresalen. El mar, no cabe dudas, es otro de sus más preciados anhelos. En él, Héctor Caro esculpe sus anhelos de mármol.

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