ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Yeyo vistió de miliciano y marchó al Escambray a batirse contra los bandidos, llegó con su batallón a las arenas de Playa Girón y educó a su familia en el amor al trabajo y en la confianza de que la lucha contra la pobreza, la discriminación y las desventajas sociales, por muy ardua que fuera, por muchas barreras objetivas difíciles de derribar, y por muchos prejuicios largamente enraizados, solo podría conquistarse en tiempos de Revolución.

El proyecto Timbalaye y la UNEAC rindieron tributo a los decanos de la rumba. / Foto: Yander Zamora

A los 97 años de edad, y en una California que se transforma en virtud de un programa sociocultural liderado por las activistas del capítulo cubano de la Articulación Regional de Afrodescendientes, Gisela Aranda y Bárbara Oliva, Yeyo acaba de vivir una jornada jubilosa. Allí el proyecto internacional Timbalaye y el área de trabajo comunitario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba rindieron tributo a los decanos de la rumba, hombres y mujeres que como el propio Yeyo han dedicado sus vidas a la preservación y desarrollo de uno de los iconos de nuestra identidad cultural, en una velada que contó con la presencia de Gladys Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

Por su pasión en la defensa y promoción del complejo musical y danzario, el poeta Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, fue proclamado Rumbero Mayor, investidura que merecieron Farinas el Príncipe de la Diana, Orlando el Bailarín, Maximino Duquesne, Ernesto Gatell, Mario Jáuregui, Giovani del Pino, Luis Chacón, el Loquillo, Inés María Carbonell, Lázaro Rizo, Juan Campos Cárdenas, Julio Dávalos, Raúl González, Amado Dedeu y Juan de Dios Ramos. También se hizo extensivo el reconocimiento a Diosdado Ramos, Ana Pérez e Israel Berrier, baluartes de Los Muñequitos de Matanzas.

Ulises Mora, en nombre de Timbalaye, subrayó el carácter ecuménico de la rumba y la capacidad de sus cultivadores para expresar las esencias de la nación. En nombre de los homenajeados, Barnet, quien calificó el ámbito de la celebración, La California, como "un templo de la cultura popular", destacó la universalidad de una manifestación que define la cubanía con tanta intensidad como el son, el danzón y las tonadas campesinas.

Bajo la ceiba de Yeyo sonaron los tambores y cajones del conjunto cienfueguero Rumbalay y se cantó a la Patria y a los ancestros, a la historia y el futuro.

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