ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Al frente de la Comisión Organizadora del Congreso, que tendrá lugar en abril, el poeta, narrador y etnólogo Miguel Barnet expuso en el seno de ese grupo de trabajo algunas de las pautas conceptuales de dicho proceso en una intervención que por su proyección social reproducimos en estas páginas.

El destino de la cultura en nuestro país, ha sido, es y será siempre motivo central de preocupación de la UNEAC, en la certeza de que la cultura es la expresión más alta de la política y, como expresó Fernando Ortiz, el alma de la nación.
La vanguardia de nuestros escritores y artistas, atenta siempre al pulso de la historia, ha combatido sin tregua esquemas seudoculturales y dogmas ajenos a la idiosincrasia de nuestro pueblo. El proyecto cultural cubano, pese a todos los contratiempos que ha atravesado, nos ha otorgado el derecho a existir y a crear con dignidad y con el pleno ejercicio de un pensamiento que ha tenido como fuente principal la tradición histórica de Cuba. Nada frenará el estímulo que para nuestros creadores ha sido la Revolución Cubana.
Desde su nacimiento en 1961, el objetivo principal de nuestra organización fue el de unir en un corpus coherente y dinámico a los intelectuales y artistas cubanos que vivían en un estatus de desamparo social y en muchos casos, en el olvido. Aún hoy, a pesar de que las circunstancias son otras, hemos estado unidos en lo esencial, es decir, en el apego a los valores más legítimos de la cultura y en la reafirmación de nuestra identidad.
La UNEAC es un laboratorio de ideas, un nicho de debates y un sitio para promover lo mejor y más valedero de la cultura cubana. Aspiramos al diálogo transparente, verdaderamente democrático, entre instituciones afines y a la interacción directa con las más altas instancias de la dirección del país sin la intervención de eslabones intermedios, con la finalidad de superar antiguos prejuicios y eliminar rezagos burocráticos.
No perderemos el derrotero que nos señaló Fidel Castro cuando en los momentos más agudos del Periodo Especial dijo que la cultura era lo primero que había que salvar. En el VIII Congreso que se nos avecina Cultura, Educación y Sociedad serán una vez más tres objetivos claves para nuestra organización.
Queremos, desde nuestra modesta tribuna, aportar al triunfo de las transformaciones económicas y al mejoramiento de la vida material y espiritual de todo el pueblo con un diagnóstico justo y equilibrado de los problemas acuciantes de la sociedad cubana.
Nuestra primera responsabilidad debe ser la de contribuir a restañar el tejido espiritual de la nación, que tanto se lesionó durante el llamado Periodo Especial. Las grandes transformaciones tecnológicas y el desarrollo acelerado de las industrias del entretenimiento, han generado escenarios completamente nuevos para la confrontación de ideas y valores.
Las nuevas tecnologías pueden y deben ser portadoras de los más legítimos principios de nuestros ideales. Situados en el núcleo de una sociedad cambiante, nos proponemos luchar por el perfeccionamiento y reformulación del sistema institucional de la cultura, así como la adecuación de las políticas que nos permitan preservar las conquistas alcanzadas ante todo atisbo de colonización.
No podemos perder de vista que, tal y como quedó establecido en la plataforma de la I Conferencia Nacional del Partido, deben excluirse los enfoques mercantilistas que distorsionen la esencia de la política cultural revolucionaria.
Es necesario y urgente fomentar los valores éticos y estéticos y favorecer el crecimiento integral del ser humano, ese gran protagonista del socialismo. Como ha expresado la doctora Graziella Pogolotti: "La cultura nutre el espíritu de la nación y hace brotar valores y formas de comportamiento". Es además la brújula que nos debe indicar el camino. La cultura debe acompañar el esfuerzo que se está haciendo hoy para desplegar las fuerzas productivas del país y lograr un socialismo próspero y sostenible.
Un componente de esa prosperidad, de esa calidad de vida que esperamos alcanzar, radica en la dimensión espiritual que ofrece la cultura. Aunque hoy el mercado del arte es una realidad insoslayable, no puede fijar entre nosotros las jerarquías y los modelos de consumo cultural.
¿Qué podría liquidar la política cultural de la Revolución? En primer lugar, la tendencia ingenua a confiar en mecanismos capitalistas de promoción y la inclinación a debilitar o suprimir el sistema institucional que ha sido eje y bastión de la cultura revolucionaria. Sin apoyo presupuestario y la aplicación adecuada —allí donde sea posible— de fórmulas empresariales socialistas, el auténtico creador quedaría expuesto, sin protección alguna, a la lógica mercantil.
La historia reciente demuestra que una de las primeras víctimas del neoliberalismo, ha sido la cultura. En las condiciones actuales mantener la cohesión de la política cultural cubana resulta una tarea prioritaria frente a los intentos de los enemigos de dividir al movimiento artístico con cantos de sirenas y manipularlo con propósitos subversivos. El fortalecimiento y la defensa de la institucionalidad es vital, nuestro principal desafío radica en la batalla contra los mensajes seudoculturales asociados a la exaltación del consumismo, a la desvalorización de la cultura nacional y a su intrínseca proyección universal.
El papel de la educación, como garante del equilibrio de la nación, capacita al ser humano para participar en la transformación de la sociedad y le da las herramientas para intervenir con eficacia en el enfrentamiento a las fuerzas regresivas que sueñan con imponer la frivolidad, el mal gusto y la ignorancia.
Cada día debemos empeñarnos más en la defensa de las jerarquías, del patrimonio intangible, de la memoria y la diversidad cultural, del espacio para el arte crítico, de la atención a los jóvenes talentos y enfrentar los intentos del enemigo de dividir a la intelectualidad cubana.
Cada vez se hace más claro cómo se entrecruzan educación y cultura; una es complemento de la otra. Vivir en sociedad conlleva, en primer lugar, asumir normas de convivencia y urbanidad. Debemos aspirar, como recientemente señaló Raúl, a que nuestro pueblo no solo sea instruido, sino culto.
Un deber insoslayable de los escritores y artistas es evitar que la crisis de valores generada por contradicciones circunstanciales pueda desembocar en la filosofía del "vale todo" y de la anarquía. Como expresara Fernando Ortiz, la cultura no es un lujo ni un ornamento, es una energía y una necesidad que cala en la vida, las actitudes, los valores más puros y los ideales del pueblo. Con esos valores estamos profundamente comprometidos todos.
Aspiramos a consolidar en el próximo Congreso la UNEAC que necesitamos. Estamos convencidos de que con el resultado de las discusiones que tendrán lugar en las Comisiones de Trabajo sobre temas vitales de la sociedad actual podamos contribuir al fortalecimiento de nuestras instituciones y a una proyección más realista y acorde con los tiempos que vivimos.
El objetivo principal de la UNEAC es la salvaguarda de nuestra Nación y de nuestro Socialismo.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.