ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El maestro Roberto Valera al frente de la OSN. / Foto: Yander Zamora

Quien es, sin lugar a dudas, uno de los más importantes compositores cubanos de la segunda mitad del siglo pasado y de las primeras décadas del presente, convocado por la Comisión José Antonio Aponte de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba para clausurar la Jornada Ma-ceísta 2013, reveló las cumbres que puede alcanzar el sinfonismo cubano al reflejar con el lenguaje más actual, las esencias combativas y jubilosas de nuestra identidad patriótica y cultural.

Estreno absoluto, La conga, escrita por Valera en 2012, es mucho más que una tentación —"todo compositor cubano, creo, ha sido tentado alguna vez por esta danza popular que nos hace avanzar, arrollar, en masa; una vez pensé que los ejércitos cubanos, en vez de avanzar con marchas al estilo teutónico, debían hacerlo al compás de la conga", dijo el autor— o una referencia folclórica. Por su construcción piramidal, su estirpe temática y la exploración tímbrico-rítmica, a La conga, dedicada a la familia Maceo Grajales y de manera muy especial a José, creador en su día de una banda de música en las filas del mambisado, se le puede comparar con obras monumentales de similar naturaleza, como La valse, de Ravel, o La rumba, de Caturla, en el sentido de ser la conga de todas las congas sin parecerse a ninguna.

Aunque estrenada por Valera la primera semana de diciembre en Santiago de Cuba, la audición en La Habana de El General Antonio, para coro y orquesta, tuvo los ingredientes de una rotunda novedad. El autor retomó el texto de una de las grandes odas del poeta manzanillero Manuel Navarro Luna y lo declamó ante el público asistente a la sala Covarrubias, antes de ofrecer su versión sinfónico-vocal. A no pocos nos pareció necesario que ese y otros excelentes poemas épicos de Navarro volvieran a formar parte del ambiente cotidiano de nuestras instituciones culturales, escuelas y barrios. Como también sería necesaria una mayor presencia en todos los ámbitos de otra obra de inspiración patriótica incluida por Valera en el programa, Canto fúnebre a la memoria de Antonio Maceo, del holandés-cubano Hubert de Blanck, partitura rescatada por Jesús Gómez Cairo y María Elena Mendiola de los fondos del Museo Nacional de la Música.

El General Antonio, de Valera, destaca por su tono elegíaco y la organicidad con que se integran, con intensidad pero equilibradamente, las partes vocales e instrumentales, de manera que las ideas del poema de Navarro ocupen un plano protagónico. El Coro Nacional de Cuba, dirigido por la maestra Digna Guerra, cumplió a plenitud su cometido.

La entrega de Valera fue completada con la ejecución de la obertura Coriolano, de Ludwig van Beethoven, página que seduce por su atmósfera sonora dual que contrasta un primer tema temperamental (en Do menor) y otro líricamente sublimado (en Mi bemol Mayor) y la siempre inquietante Sinfonía clásica, de Prokofiev, que a muchos parecerá una vuelta a los modos de Haydn cuando en realidad se trata de un guiño al futuro.

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