ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

En ocasiones, cuando llegamos a una Notaría para solicitar la tramitación jurídica de diferentes actos -testamento, poder, adjudicación de bienes, permuta, donación, declaración jurada, matrimonio, divorcio por mutuo acuerdo, entre otros-, en el primer momento somos atendidos por un técnico auxiliar: el Cartulario.

¿Quién es? ¿Puede este atender a la población?, preguntamos al Máster en Derecho Lázaro Corzo González, notario público de Ciudad de La Habana.

Se trata -afirma el entrevistado- de una persona profesionalmente capacitada para auxiliar al Notario en el cumplimiento de sus funciones y obligaciones legales. Alguien que ha estado junto a él desde el surgimiento de la actividad notarial y es poseedor de conocimientos jurídicos suficientes para, ante determinadas circunstancias, asesorar correctamente al cliente acerca de los documentos que debe aportar o indicarle los trámites que debe realizar.

El Notario cubano es un profesional del Derecho, facultado por ley para, de forma escrita, dar fe y autenticar actos jurídicos, hechos o circunstancias de la vida con trascendencia legal; pero para ejercer sus funciones necesita del apoyo del Cartulario. Si bien el primero es el autor de cada documento que autoriza y firma, la participación del otro resulta imprescindible, y no debe ser visto como un secretario que transcribe el texto, sino como técnico del Derecho que aporta sus conocimientos.

El Cartulario, subraya Corzo González, es aquel que de forma cuidadosa, con pulcritud, estilo propio, correcta ortografía, uso adecuado del lenguaje jurídico, estética, seriedad y responsabilidad, bajo la orientación del Notario y de acuerdo con lo establecido en la legislación, confecciona el documento público.

Además de las características mencionadas, sus principales dotes deben ser también la dedicación, la ética profesional y el respeto al cumplimiento de la Ley.

La pericia, experiencia e inteligencia del Cartulario permiten detectar cualquier error, imprecisión u omisión en los escritos que le son entregados para la confección de actas, escrituras y otros textos; de esta manera colabora con el trabajo del Notario y evita la circulación en la sociedad de documentos públicos que puedan dar lugar a interpretaciones incorrectas o perjudicar a las personas que los firmaron. De eso se trata, subraya el letrado, de que la redacción y autorización de estos sean ajustadas a la legislación, para que las personas no tengan dificultades al utilizarlos.

Si bien la Ley de las Notarías Estatales define al Notario como funcionario público y enumera sus funciones y obligaciones, lamentablemente -comenta Corzo- no lo hace así con la figura del Cartulario, persona indispensable para la prestación de un servicio público eficiente, basado en el cumplimiento de la legalidad. Pero esta omisión -enfatiza- para nada le resta importancia a la labor que realiza.

En las notarías del país, agrega, trabajan hombres y mujeres que han dedicado años al ejercicio de tan noble profesión -la de Cartulario- que, aunque poco conocida y divulgada, cuenta con el merecido reconocimiento por parte del Notario, los abogados y por las diferentes instituciones jurídicas.

Aun con el empleo de las tecnologías de la información en la mayoría de las unidades notariales del país y de sus innegables ventajas, el papel del Cartulario sigue siendo insustituible para el Notario.

Es por ello que el letrado entrevistado aboga por la aplicación de un programa de superación y capacitación permanente para estos técnicos; no solo para la correcta utilización de las posibilidades que ofrece ahora la Informática, sino también por la necesidad de que tanto ellos como los Notarios se mantengan actualizados en temas jurídicos, y así elevar su cultura general integral.

La profesionalidad en el servicio notarial depende, en buena medida, de la actuación y preparación de los Cartularios, con el propósito de satisfacer los reclamos jurídicos de la población.

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