ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Hace cerca de un mes una amiga regresó a su apartamento después del trabajo y se encontró la puerta forzada. Sin entrar a la casa -con el fin de preservar el lugar- llamó a la policía. Cuando pudo pasar se percató de que le faltaban el equipo de video, ropas, prendas y dinero.

Desde ese momento no ha tenido un día de tranquilidad. A la alteración psicológica que padece la familia por estos hechos, se unen las visitas al instructor de la PNR, interrogatorios, sospechas sobre algunas personas del vecindario, la compra de otra cerradura y de una reja de hierro para la puerta.

Ella y sus familiares son víctimas. Este concepto alude a toda persona afectada por un acontecimiento traumático, independientemente de su origen: desastres naturales, accidentes o agresiones humanas (físicas, psicológicas o contra el patrimonio).

¿Ampara la ley a las personas en esa situación? ¿De algún modo las compensa por los daños recibidos?

Quienes sufren las consecuencias de violaciones, robos, lesiones, amenazas, abusos lascivos u otros delitos -explica la Máster en Ciencias Jurídicas María Caridad Oña Fabelo, fiscal de la Fiscalía General de la República-, padecen una victimización primaria y en ocasiones pueden ser también objeto de otra secundaria, según los resultados arrojados por la Victimología, es decir, por la ciencia encargada del estudio de todo tipo de casos como estos: individuales o colectivas (de los desastres naturales, terrorismo, bloqueo u otros hechos).

En un delito de violación, por ejemplo, la victimización primaria ocurre cuando la mujer es sometida, por la fuerza o bajo intimidación, a una relación sexual. Si tiene que acudir a una unidad de la Policía, realizar la denuncia, narrar varias veces lo sucedido, luego exponerse a exámenes físicos, etcétera -todo ello necesario para probar la comisión del delito- puede provocar, además, una victimización secundaria. Ocurre también cuando la persona espera respuesta y el proceso penal se dilata.

Hay quienes no se atreven a denunciar, fundamentalmente en los delitos cometidos en el ámbito doméstico (abusos sexuales, abusos lascivos, maltrato, lesiones, coacción), y tampoco lo hacen los vecinos. Esto provoca un desconocimiento de las cifras reales de victimización.

Hay varios tipos de víctima, refiere la también jefa de cátedra del Instituto de Desarrollo e Investigaciones del Derecho. Existe, por ejemplo, aquella que no provocó el hecho; pero ¿siempre estas son totalmente inocentes? Algunas son provocadoras; ofenden o llevan al acusado hasta el extremo de ejecutar un delito.

Es importante, dice la Fiscal, el estudio de uno u otro tipo a fin de que, a la hora de impartir justicia, los jueces o los operadores del sistema judicial tengan a mano los elementos necesarios para determinar la sanción a imponer, y valorar el grado de participación de la víctima.

AMPARO LEGAL

La legislación cubana fue una de las primeras en el mundo en incluir la Caja de Resarcimiento como medio para indemnizar a la víctima del delito. Por ejemplo, si le robaron un televisor tasado en 4 000 pesos, el tribunal mediante sentencia obliga a que se le resarza en esa cuantía. La Caja le paga a la víctima y después le hace los descuentos al acusado; es una manera de protegerla.

Otro caso: Si la persona queda incapacitada como secuela de un delito de lesiones, en la sentencia el órgano jurisdiccional puede disponer que el condenado le abone una pensión.

El Código Penal también ampara a víctimas y testigos. Sanciona por el delito de atentado, con privación de libertad de uno a tres años, a quien ejerza violencia o intimidación contra la persona que, como testigo o de cualquier otra manera, contribuyó a la ejecución o aplicación de las leyes.

Si tales actos se ejercen en venganza o represalia contra los familiares de los sujetos mencionados, el autor puede recibir igual condena.

En el caso de aquellos que sufren los efectos de la violencia familiar (física, psicológica, sexual o económica) pueden, además, acudir a las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia -pertenecientes a la Federación de Mujeres Cubanas-, donde un equipo multidisciplinario formado por médicos, psicólogos, sociólogos, y educadores, entre otros especialistas, valora la situación y ayuda a resolverla.

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