ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
«Alguien me ha llamado el Arquitecto del Sol, yo diría que más bien de la luz», expresa Domingo. Foto: Periódico 26 digital

«Siempre me he interesado por el entorno que me rodea y específicamente por la Física. De hecho, yo quería que esa fuera mi carrera, pero como la vida da tantas vueltas, finalmente me hice arquitecto, y he intentado que la mayoría de mis obras tengan un componente físico importante».

Así comienza su diálogo con Granma el santiaguero devenido Hijo Ilustre de Las Tunas, Domingo Alás Rosell, un hombre cuya obra deja al descubierto al incansable estudioso que lo habita, al enamorado del entorno, de las leyes de la Física,de la luz y del Sol.

«Le pongo mucho rigor y seriedad a lo que hago, porque trabajo para la gente. Yo quiero para los demás lo que quiero para mí, y eso me ha dado muchos resultados. Me gusta escuchar opiniones, sugerencias, valorarlas y asimilarlas. No importa de quién vengan, porque la persona más humilde, más sencilla, te puede dar la más grande de las ideas».

Llegó a Las Tunas el 14 de enero de 1982 y jamás volvió a dejar la provincia. Su incansable espíritu creador le hizo ponerse a disposición del desarrollo social de esta ciudad, donde importantes edificaciones y obras han sido proyectadas por él. También tiene obras en La Habana, Matanzas y en regiones como Granada y Timor Oriental.

UN «DOMINGO» ILUMINADO POR EL SOL

«La pasión por el sol es algo que se fue consolidando con los años de trabajo, porque durante mis años de estudiante aprendí nociones del control solar, pero después me di cuenta de que no era suficiente cuando uno quiere hacer cosas muy específicas vinculadas al astro rey.

«Entonces me propuse estudiar sus movimientos para poder saber con detalle cómo se trasladan las sombras, por dónde entra la luz, por dónde sale, cómo se refleja. Incluso, creé un sombrigrama para Las Tunas, y un modelo matemático para hacer esos cálculos que, con ayuda de Desoft, se convirtió en un sistema computarizado y permite realizar cualquier cálculo solar vinculado a la arquitectura con mucha precisión».

Esta relación tan singular que se manifiesta en su obra le ha merecido el sobrenombre de Arquitecto del Sol, el cual asegura, preferiría sustituir por el de Arquitecto de la luz. Sin embargo, fue uno de sus proyectos emblemáticos el que inició un estudio más serio en este sentido, y de la figura que lo motivó, también.

«En este punto tengo que decirte que Martí ha tenido mucho que ver con ese interés mío por el Sol. Cuando yo comencé a estudiarlo, durante el proceso de
proyección de la Plaza Martiana, comprendí la importancia que él le da en su obra al Sol y a la luz.

«Uno de los valores esenciales del Apóstol es la dignidad, y la raíz “dig”, en el idioma sánscrito, quiere decir luz. Por eso cuando Martí hablaba de morir de cara al sol, se refería a morir de forma digna, no literalmente de frente al Sol.

«Dominar la luz en el interior de los espacios ya es una especialidad, pero llevarla a un lugar exacto, de manera muchas veces milimétrica, con ángulos determinados, eso para mí es una pasión.

«Siempre digo que la arquitectura es una cosa de día y otra de noche, y generalmente lo que hacemos es poner luz, colocar un foco, pero no iluminar. Yo creo que hay magia en iluminar los objetos sin que se vea ni siquiera la fuente luminosa».

PLAZA MARTIANA: DE LA IDEA A LA CONCRECIÓN DEL PROYECTO

No cabe duda de que la plaza dedicada al Apóstol, ubicada en el centro de la ciudad cabecera de Las Tunas, es una joya arquitectónica. Se le conoce por su reloj solar, pero esencialmente porque cada 19 de mayo el Sol ilumina el rostro de Martí, justo a la hora de su muerte. Cuatro años de intenso trabajo y estudio fueron necesarios para concretar la obra, como asegura su creador.

«Esa idea surge a principios de los 90. Por ese entonces estaba trabajando en Moa y se me ocurre hacer una obra dedicada a Martí, donde el Sol fuera protagonista. Cuando ya tuve esa idea más menos concebida, la consulté con Rita Longa y le gustó tanto, que me dijo que ella ponía la escultura, que incluso ya estaba hecha.

«Sin embargo, cuando ella me comenta la ubicación que quería darle, resulta que quedaba completamente de espaldas al sol y yo no quería perder esa oportunidad, porque hacer una obra con una escultura de Rita era un enorme privilegio. Entonces me dije: bueno, la solución es buscar algo que tome la luz y la refleje y pensé en un espejo. Con mis conocimientos yo podía resolver el problema, pero no tenía las coordenadas solares. Ahí comenzó mi profundización del estudio solar para lograr la posición exacta de la escultura, el espejo y el sol.

«A eso se le suma después la idea de un reloj solar, para que la plaza tuviera otro elemento novedoso entre un 19 de mayo y otro. Para definir la posición del gnomon en cada una de las fechas significativas, tuve que realizar disímiles cálculos y creé lo que después denominé la ecuación Martí.

«Finalmente se aprobó el proyecto y se valoró la posibilidad de inaugurarlo en el contexto del centenario de la caída en combate del Apóstol. En ese proceso apareció el apoyo del Comandante Juan Almeida, que estaba al frente de la comisión creada para conmemorar la fecha, y a él también le interesó mucho la idea y personalmente siguió su ejecución. Finalmente, fue inaugurada y superó muchas de las expectativas con que la concebí, aunque no pudo hacerse como yo la soñé en todo su esplendor».

La Plaza no solo trajo a Domingo el reconocimiento por el arduo trabajo desarrollado, también le permitió ampliar sus horizontes, como el monumento Caimito de Hanábana que, según sus propias palabras, es el más completo desde el punto de vista de la utilización del sol. Sin embargo, la plaza también fue pretexto para una corta pero profunda y singular amistad.

«A partir de ese momento empecé a conocer personas que querían ese tipo de proyectos. De ese modo conocí a Guayasamín, el 27 de julio de 1997. Él se interesó por mi trabajo y entablamos una relación de amistad.

«Vino al acto por el 26 de Julio y a mí me pidieron que lo esperara en la Plaza Martiana para que le explicara sus peculiaridades. Fue un encuentro muy hermoso, sobre todo porque él también era un gran amante del Sol y me comentó acerca de un proyecto que quería desarrollar en la Capilla del Hombre.

«Trabajé en un anteproyecto para esa obra, él incluso me regaló uno de sus cuadros, pero nuestra amistad duró muy poco, porque él murió unos dos o tres años después de habernos conocido. Luego de su muerte, mantuve contacto con algunos familiares y pensamos retomar el proyecto, pero lamentablemente no pudimos concretarlo. Tal vez algún día sea posible hacerle realidad ese sueño».

LA INSÓLITA IDEA DE UNA CASA

«Agua que subía en vez de caer, péndulos que oscilaban en sentido contrario, piscina inclinada, todo sonaba muy extraño y por eso demoró un poco más la aprobación de la idea, aunque era contemporánea con la de la Plaza Martiana. Tuve la suerte de visitar algunos lugares similares en otros países y fui enriqueciendo lo que quería hacer en Las Tunas.

«Finalmente, después de experimentos muy serios en mi propio hogar, convencí a las autoridades de la provincia para emprender la Casa Insólita. Realmente hoy es casi tan conocida como la Plaza Martiana. Creo que ha sido un éxito y me siento feliz por eso».

Este hombre de ideas innovadoras, asegura que su jubilación le pasó inadvertida, pues disfruta su trabajo profundamente y sin ejercerlo su vida estaría vacía. Sus años de experiencia, le permiten formar un criterio de la relación que se establece entre las ciudades y la arquitectura.

«Ciudad es arquitectura. Decididamente las ciudades hay que pensarlas, no solo por lo bellas que puedan ser las edificaciones, sino por funcionales. La arquitectura tiene que ser de detalles, tiene que jugar con el urbanismo, con los servicios, con el entorno, con el verde. La ciudad es un sistema y como tal tiene que funcionar. No puede crecer por caprichos, sino por estudios.

«Hay que luchar por proyectos mejor pensados, que verdaderamente enriquezcan la vida de las personas que van a disfrutar de ellos».

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Rita Soler dijo:

1

15 de marzo de 2019

06:12:58


Interesante este artículo sobre la obra de toda su vida de este arquitecto de la luz. Me satisface saber que alguna persona se ha interesado por usar la luz del sol como elemento esencial en su obra. Ya esto alguna vez me había intrigado, por eso me llama la atención. Felicidades Domingo por tan singular trabajo.

Domingo Alás dijo:

2

15 de marzo de 2019

10:01:20


Gracias a Leydis María por haber publicado este artículo que pone de manifiesto las cosas que se pueden hacer con el Sol, con su luz y la Física en general; de más está decir que es para mí un tremendo honor que esto se haya publicado en tan importante medio. A Rita Soler también las gracias ya que se nota que le he llamado la atención estas cosas que hago y su felicitación me reconforta mucho. Gracias al Periódico Granma por darme esta gran oportunidad.

Céspedes dijo:

3

15 de marzo de 2019

10:05:09


Me alegra mucho encontrarme con Domingo en este trabajo sobre su vida y obra. Fui uno de sus profesores pero desde que se fue a Las Tunas no lo he visto aunque he sabido de sus resultados en el trabajo investigativo.

Yolanda Domínguez dijo:

4

15 de marzo de 2019

11:12:13


Merecido homenaje y reconocimiento a un excelente arquitecto que ha consagrado su vida a la profesión y que nos ha dejado obras importantes en Las Tunas, en toda Cuba y otras partes del Mundo. Ejemplo de sencillez, molestia y ética. Un privilegio conocerlo y haber compartido muchos años de mi vida laboral y profesional junto a él. Formador de numerosas generaciones de Arquitecto. Todos en nuestra Empresa CREVER. Empresa de Diseño e Ingeniería de Las Tunas estamos orgullosos de tenerlo entre nosotros. Muchas Felicidades querido amigo Domingo Alás.

Mizael dijo:

5

15 de marzo de 2019

12:28:43


Muy intresante este artículo. Me alegra conocer sobre un arquitecto cubano, que siente pasión por el sol y la lleva a su obra. Comparto ese interés y me gustaría profundizar en este tema. Felicidades a Domingo y a la autora Leidys María Labrador Herrera.