Tengo la suerte, y además el privilegio, de escuchar a Marta Rojas todas las tardes. Muchos la llaman profe, por respeto y reconocimiento a su vasta obra periodística y literaria. Pero yo la veo con su juventud
acumulada, inquieta y siempre retadora. «¿Qué te parece este diciembre y el de 1958?». Minutos después, le respondía escribiendo.
Despedimos el 2018, sí, pero aquel que tenga un átomo de sensibilidad, y a los cubanos esa cualidad nos desborda, jamás le diremos adiós a este diciembre. A él hemos de tenerlo siempre agendado en el corazón de los hombres y mujeres dignos de esta tierra. Nos trajo el mismo torrente de Revolución de hace 60 años, cuando el que fuera el décimo mes del calendario romano, dio paso al enero más luminoso de la historia de la nación.
Hay paralelos indestructibles. En el de hace 60 años, cada triunfo iba poniendo sobre el alma de la Patria la construcción de un futuro delineado en el fragor de los combates de Guisa, Mafo, Yaguajay y Santa Clara. La justicia social se empoderaba en cada victoria.
En el de hoy, las armas han sido la preparación de un pueblo culto e indoblegable a la vez, cuyos saberes se han puesto al servicio de una gran obra humana. En el de hoy se construye, 60 años después, el futuro del socialismo que elegimos como formación económico-social para desarrollarnos, al participar de una punta a otra de la Isla en la construcción de la nueva Constitución de la República. Otra vez, como entonces, el pueblo ha escrito su futuro con su imprescindible e insustituible aporte.
Este diciembre, el día 6, abrió el acceso a internet a través de la red móvil de tercera generación, una nueva posibilidad para los ciudadanos y una clara expresión de la voluntad política del Gobierno de impulsar esa vía de desarrollo, al decir del Presidente cubano Miguel Díaz-Canel, «sin espacio para la injerencia que algunos disfrazan en perversas ofertas y planes colonizadores».
Pero hace 60 años, la internet fue Radio Rebelde, convertida en la red de los cubanos y el primer día de 1959, desde Palma Soriano, saldría al aire la voz de Fidel para que la Revolución triunfante no fuera escamoteada, como pasó con los mambises del siglo XIX. Llamó a sus comandantes a continuar el avance sin aceptar ningún alto al fuego e instó a los trabajadores a la huelga general revolucionaria. El país se paralizó de un extremo a otro por aquel llamado y las estaciones radiales en cadena con Radio Rebelde transmitieron las instrucciones del mando revolucionario. Entonces, como hoy, la tecnología y las herramientas de la comunicación fueron decisivas. Años después el Comandante en Jefe expresaba: «la internet parece inventada para nosotros», sabedor de que ella no era buena ni mala, sino fortaleza de quienes la tienen.
En diciembre de 1958, las luces que ya alumbraban enero llevaban en los pechos henchidos de los barbudos las aspiraciones sembradas en el Programa del Moncada, en el que se lee el anhelo de cada cubano en los seis puntos principales a resolver: «El problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política», decía Fidel en La Historia me absolverá, que recoge el Programa del Moncada. En este de 2018, en la Asamblea del pueblo que es el Parlamento cubano, se presentaba la Política de la vivienda, como un proyecto de solución integral de uno de los asuntos más sensibles para la población. Al comentar esa línea de trabajo, el Presidente cubano invocó a uno de los moncadistas, al General de Ejército Raúl Castro Ruz, con su permanente insistencia de que resulta uno de los principales programas que se debe impulsar por el Gobierno.
Una de aquellas seis tareas a resolver y por las cuales se ofrendaron gloriosas vidas en el lejano diciembre era la de la salud. No hizo más que llegar enero y comenzó la estampida de los médicos y Cuba se quedaba prácticamente sin galenos, la mitad abandonó el país, pero la palabra empeñada se cumpliría. Una verdadera revolución convirtió a esta pequeña Isla en una potencia en la salud pública, con 482 308 trabajadores en ese sector, de ellos 92 084 médicos, quienes también han salvado vidas en más de 65 naciones del mundo. Este diciembre, la vieja política reencarnó en un electo presidente neofascista, quien mediante el soborno quiso arrebatarle los médicos a la ínsula de la dignidad. El brasileño Jair Bolsonaro fue felicitado rápidamente por sus amos imperiales, pero se estrelló contra el altruismo de esos profesionales, que en su propio país llegaron hasta donde nadie había visto a un hombre o mujer con una bata blanca ofreciéndoles calidad de vida, y la Patria los recibió orgullosa tras cumplir su heroica misión en el programa Más Médicos.
Cada 22 de diciembre celebra la Mayor de las Antillas el Día del Educador, porque ese día de 1961 se declaró libre de analfabetismo. El de 2018 no fue diferente y hasta el Banco Mundial afirmaba en un informe sobre la educación en América Latina y el Caribe, que «ningún sistema escolar latinoamericano, con excepción de Cuba tiene parámetros globales», y al reconocer sus avances enfatizaba que cuenta «con un servicio social que sobrepasa el de la mayor parte de las naciones en vías de desarrollo y en ciertos sectores se compara al de los países más desarrollados».
En tiempos de derechización en la misma región, La Habana se convirtió en la capital de la integración al acoger la XVI Cumbre del ALBA-TCP el día 14, coincidiendo con los 14 años de que naciera este espacio de complementariedad y solidaridad, obra de dos grandes hombres, Hugo Chávez y Fidel Castro, continuadores de Simón Bolívar y de José Martí.
Diciembre de hace 60 años, cuando Chávez tenía solo seis, sembraba el embrión de esa comunión. Fidel lo recoge en el libro De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba, La contraofensiva estratégica: «Recuerdo que el 8 de diciembre aterrizó en Cienaguilla, al oeste del firme de la Maestra, un avión procedente de tierra venezolana con un alijo de armas que enviaba a nuestro Ejército Rebelde la Junta Patriótico Militar que había derrocado el 23 de enero de ese año al dictador Marcos Pérez Jiménez en Venezuela».
Wolfang Larrazábal, presidente de aquella Junta, era el responsable del gesto, a quien el Comandante en Jefe respondió en carta fechada en la Sierra Maestra, el día 12:
Admirado amigo:
¿Qué puedo decirle después de su noble y espontáneo gesto?
Hay que llevar dos años luchando contra todos los obstáculos, las armas confiscadas antes de llegar a Cuba, los frutos de los sacrificios económicos de tantos compañeros perdidos la mayor parte por la persecución de los gobiernos, para comprender con cuánta emoción y gratitud recibimos la ayuda que usted nos envía en nombre de Venezuela.
Hemos visto convertido en realidad lo que durante mucho tiempo fue como un sueño. Temo que usted no llegue a imaginarse cuánto se lo agradecemos.
A la satisfacción que ha de producirle el beneficio que de mano suya recibe este pueblo que tanto quiere al suyo y lo admira a usted, puede añadir la seguridad de que muchos cubanos buenos, combatientes de una causa justa, dispuestos a hacer por Venezuela lo que hacen hoy por Cuba, le deberán la vida, porque lo que se recibe en armas se ahorra en sangre, y esto, yo que he visto caer a tantos compañeros entrañables, siempre los mejores, se lo agradeceré eternamente. Desde hoy le digo que cualquiera que sea la posición que usted ocupe en su país, la más alta o la más modesta, para nosotros será siempre el primero de los venezolanos.
Fraternalmente,
Fidel Castro Ruz
Chávez y Fidel no dejaron morir a Bolívar y a Martí, América los necesita, por eso este diciembre el Presidente cubano en su voz los hizo presentes para decirnos que «la Patria Grande nos reclama estar unidos para seguir forjando nuestra segunda y definitiva independencia». Somos Continuidad no es una etiqueta de las redes sociales ni una consigna, es expresión viva de un sentimiento, y este último mes del 2018 recorrió el alma de este pueblo.
















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