ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Vilma Espín, eterna presidenta de la FMC y líder en la lucha por los derechos de la mujer en Cuba. Foto: Archivo de Granma

Cuentan que aquel día, cuando Julio Antonio Mella presentó en las aulas de la Universidad Popular a Ofelia Domínguez Navarro –una joven luchadora que se graduó de maestra, pero años más tarde culminó los estudios de Derecho, siendo entonces la primera notaria de Cuba– a quien había invitado a hablarles a los alumnos sobre la situación jurídica de las mujeres en esa época, dijo: «Doy paso a la mujer nueva».
Sus palabras, además de hacernos reflexionar sobre el pensamiento que muchos de estos luchadores tenían sobre las mujeres de la época, nos muestran que eran hombres que tenían conciencia de la importancia de la participación e igualdad de la mujer en la sociedad.
Y más aún, reconocían que muchas de las luchas justas de esa Cuba republicana y neocolonial, estaban lideradas en su mayoría por valiosas mujeres.
Para la jurista Yamila González Ferrer, vicepresidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, es importante remontarnos a los cambios legislativos que tuvieron lugar en las primeras cuatro décadas del siglo xx en nuestro país, porque es también la historia de las sufragistas y feministas, que exigieron varios derechos civiles, y que fueron la base de muchos de los derechos con los que contamos hoy.
La lista de nombres pudiera ser interminable, y saltan a la vista algunos como el de Pilar Morlón de Menéndez, Pilar Jorge Tella, Mariblanca Sabas Alomá… Entre estas y otras cubanas, algunas anónimas, hubo intelectuales, periodistas, tabaqueras y obreras de las más diversas procedencias, quienes el 3 de julio de 1918 crearon el Club Femenino de Cuba, el cual desempeñaría un importante rol en la organización del movimiento feminista en la Isla.
«El “feminismo” ha sido un término muy cuestionado, y se interpreta en muchos casos como un antídoto del machismo, comparación que resulta a todas luces errónea, pues independientemente de cualquier tendencia extremista en otras latitudes, en Cuba el feminismo cumplió un papel revolucionario al permitir la obtención de importantes reivindicaciones en fechas muy tempranas», apunta el libro En busca de un Espacio, Historias de Mujeres en Cuba, del historiador Julio César González Pagés.
De acuerdo con el texto, en los años 1917 y 1918, junto al progresivo crecimiento económico y la modernización acelerada del país, producto, en buena medida, de los precios altos del azúcar, se diversificaron y ampliaron las ideas culturales, políticas y sociales. Este auge favoreció la aprobación de leyes que habían suscitado innumerables polémicas: la Ley de la Patria Potestad (18 de julio de 1917) y la Ley del Divorcio (30 de julio de 1918).
De igual modo, González Ferrer destacó otros hitos como la ley de la nacionalidad de la mujer casada (1929), mediante la cual no perdían su ciudadanía después del matrimonio; y la eliminación del adulterio como delito en 1930; así como la obtención del derecho a votar en 1934, si bien este se hizo efectivo en 1936.
En el propio año 1936, puntualizó la entrevistada, se incorporaron al Código de Defensa Social las tres situaciones en las cuales la práctica del aborto estaba exenta de responsabilidad criminal: el aborto necesario para salvar la vida de la madre o para evitar un grave daño a su salud, el que se provocare o llevare a cabo con su anuencia cuando la gestación hubiera sido ocasionada por haberse cometido sobre la grávida el delito de violación, rapto no seguido de matrimonio, o estupro, y el que se provocare o llevare a cabo, con la anuencia de los padres, cuando el propósito sea evitar la transmisión al feto de una enfermedad hereditaria o contagiosa de carácter grave.
Aún con las limitaciones que pudiese tener esta medida, no tiene antecedentes similares en la región, donde actualmente miles de mujeres están luchando por este derecho, y constituyó de avanzada para su tiempo.
Para el año 1939 se produce el Tercer Congreso Nacional de Mujeres –que tuvo sus antecedentes en los años 1923 y 1925– y en el que por fin logran reunirse todas las organizaciones de mujeres que habían impulsado muchas de estas exigencias, presentando un frente que organizará toda una serie de demandas, y evidenciando que los congresos tendrían un alto impacto en la vida política del país, refirió la entrevistada.
Las mismas estructurarían un programa que encontrará reflejo en la Constitución cubana de 1940, uno de los documentos más progresistas de su carácter en la primera mitad del siglo xx. La misma proclamaba la igualdad de derechos entre los cónyuges en el matrimonio. También reconocía el derecho de la mujer al empleo y a recibir igual salario por igual trabajo, independientemente de quienes lo realizaran.
«Estos y otros muchos postulados más que se proclamaron, si bien representaron un gran avance, no se materializaron e hicieron realidad en la vida cotidiana del pueblo y en especial de la mujer», señaló la especialista.

ELLAS NO ESTABAN SOLAS
«Pero estos logros no se sucedieron solos, por una discusión en una cámara de representantes. Todas estas transformaciones legislativas tienen detrás una historia poco conocida de las luchas de las mujeres por estos derechos. Muchas veces se habla de las leyes y se olvida que hay detrás una lucha de mujeres y de hombres que las apoyaron en esos empeños», destacó Yamila González Ferrer.
El relato de estas mujeres, para la jurista, se teje junto a nombres como el de Enrique José Varona o el de Antonio Guiteras Holmes, cuya visión de izquierda progresista dentro del llamado Gobierno de los Cien Días facilitó el derecho al voto de las mujeres, entre otros cambios en los derechos laborales de las cubanas.
Hay que reconocer –puntualizó González Ferrer– el papel activo que tuvieron dentro de la vida política y social del país, no solo dentro de los derechos propios de las mujeres. Ellas estuvieron involucradas en la lucha contra la tiranía de Gerardo Machado, contra el fascismo y apoyaron por ejemplo la Revolución española.
«Las luchas de las mujeres y el feminismo no se reducen a cuestiones de los derechos civiles, políticos, familiares, laborales, de las mujeres, sino que tienen una incidencia sobre todo lo que ocurre en la sociedad, lo cual significa que tiene relación con la discriminación racial, de clase y ello se pudo apreciar no solo en los congresos que lideraron, sino en sus demandas en sentido general».
Sin embargo, la historia no las ha tenido siempre en cuenta o ubicado en el lugar que tienen como precursoras de nuestras luchas actuales, dijo la entrevistada.
NUEVAS HIJAS, LUCHAS NUEVAS
El 23 de agosto de 1960, cuando se funda la Federación de Mujeres Cubanas (fmc), muchas de estas mujeres insignes estuvieron allí, acompañando y siendo parte de esta nueva etapa. «Nosotras somos herederas de ellas, y de otras que se volcaron a la lucha férrea contra la tiranía», reflexionó Yamila González Ferrer.
De acuerdo con la entrevistada, la fmc surge por voluntad de las propias mujeres. No se proclama como feminista, pero tampoco como que no lo era, aunque su propia esencia da cuenta de que sí.
Su influencia en los cambios legislativos en el país en el periodo revolucionario ha sido fundamental; dígase en el Código de Familia (avanzado para su momento) y que estableció la igualdad real de todos los hijos; el Código Civil, el Código Penal, en el ámbito laboral, la Ley de Maternidad y sus modificaciones, donde desde el Tercer Congreso de la fmc se propuso que los hombres participaran en el cuidado de los hijos, y la organización fue parte del comité redactor de este decreto.
Para la profesora Norma Vasallo, presidenta de la Cátedra de la Mujer, de la Universidad de La Habana, el impulso fundamental estuvo en la salud, la educación y el empleo, ámbitos fundamentales para nosotras. Hoy, por ejemplo, el 61 % de los graduados universitarios después del triunfo de la Revolución son mujeres, ejemplificó la profesora.
Entre los desafíos que hoy avizora la profesora Vasallo, menciona los obstáculos importantes que tiene la mujer para seguir avanzando, como el papel que se le asigna en la realización de las labores domésticas. «Se necesitan políticas relacionadas con el apoyo a los cuidados para que ellas tengan menos cargas y puedan seguir realizándose».
«Hay que garantizar que ellas sigan avanzando en términos de independencia económica. No menos importante es la violencia de género, que no está solo en la familia y también se puede ver en las nuevas formas de empleo y en diferentes ámbitos».
A su vez, González Ferrer significó que en el plano jurídico no solo es importante actualizar nuestras leyes, sino capacitar y sensibilizar en temas de género, de prevención a la violencia, de igualdad y no discriminación, a nuestros profesionales del derecho, pues son ciudadanos y ciudadanas con su ideología, la cual puede estar permeada de estereotipos sexistas, y son los que interpretan la Ley.
Otro de los grandes retos la experta lo coloca en la cultura jurídica. «Somos una población conocedora de los derechos que tenemos, pero a veces cuando estos derechos son vulnerados, no tenemos un conocimiento muy amplio de cómo ejercerlos, ante quién acudir, qué mecanismos podemos utilizar», mencionó.

Del Proyecto de Constitución
ARTÍCULO 45. La mujer y el hombre gozan de iguales derechos y responsabilidades en lo económico, político, cultural, social y familiar. El Estado garantiza que se ofrezcan a ambos las mismas oportunidades y posibilidades. El Estado propicia la plena participación de la mujer en el desarrollo del país y la protege ante cualquier tipo de violencia.

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sorjuana dijo:

1

23 de agosto de 2018

09:46:52


Quiero preguntar al Granma si en la constitucion existe algun articulo que se refiera a la violencia y discriminacion que puede sufrir una subordinada por parte de un jefe y si tenemos en Cuba las mujeres el derecho de reclamar justicia.